MENÚ ELECTORAL

Para vencer tentaciones: Berna Calvit

Hace 14 años escribí el artículo Tentaciones vencidas que se publicó acompañado de una magnífica caricatura de E. Jaén, quien me dibujó en la silla presidencial con cara de ¿qué hago yo aquí?, y a mi lado un murciélago, un círculo dentro de un cuadrado y una hoja con signos y letras. Un lector agradecido por lo mucho que disfrutó el humorístico escrito me lo envió enmarcado como regalo. Decía aquel escrito que “Personas bien intencionadas me pidieron que aceptara la presidencia de la Sociedad Defensora de los Murciélagos; con buenos argumentos rechacé tan alto honor a pesar de que me aseguraron que sería poco lo que tendría que hacer, leer alguna locución en el Día del Murciélago, firmar algún convenio internacional sobre protección del murciélago, etc.”; les informé que lo único que sabía sobre los poco atractivos voladores es que son mamíferos y excelentes para películas de terror. En otra ocasión me ofrecieron presidir la Asociación de Taquígrafas Zurdas de Panamá; la idea de ser llamada presidenta no carecía de atractivos, pero el sentido común me ayudó a zafar el bulto; además de no ser zurda, ni siquiera podía descifrar mis propios ganchos taquigráficos. Las presidencias parecían perseguirme porque también recibí oferta presidencial del grupo La Cuadratura del Círculo, que también rechacé. Y dije que por fortuna a nadie se le ocurrió, en un arranque de delirio tropical, ofrecerme la Presidencia de la República ni ministerio alguno que, por sentido común hubiera rechazado; era mi deber proteger a mis conciudadanos de mi ignorancia en aspectos indispensables para ejercer los cargos dignamente. Lo único que presidí, en mis años de estudiante fue el Club de Español del Instituto Justo Arosemena, cuya responsabilidad compartí con seriedad académica con Natasha Sucre y Ana Raquel Chanis, como consta en foto oficial “de las de antes”, sin photo shop. Dije que estaba capacitada para presidir la Asociación de Abuelitas Cuenta-Cuentos, la Asociación de Sufrientes del Síndrome del Túnel Carpiano, o la Sociedad de Ciudadanos con Disfunción Espacial (con problemas para calcular espacios en maletas, gavetas, cajas, estacionamientos, etc.). Nada más.

La intención del artículo era resaltar la osadía de los que, sin tener la preparación ni los más rudimentarios conocimientos requeridos para los cargos se postulan y peor, apadrinados por los partidos. Eso vi hace 14 años y lo que veo hoy es aún más desalentador; mucho de lo que hay en el menú electoral es como para salir huyendo. Se ha postulado a candidatos que con solo oírlos muestran la mediocridad que llevan a cuestas; a reconocidos tránsfugas, parásitos insaciables de saco y corbata que se anuncian con fotos “requete” retocadas y eslóganes manidos.

Por otra parte, el penoso incidente de una trifulca entre prominentes miembros de nuestra sociedad, un acto de inexcusable descortesía hacia los anfitriones y los invitados, es muestra irrefutable del deterioro del discurso político y de la nociva atmósfera en que se está desarrollando la campaña electoral; este no fue un hecho trivial ni aislado, ni el resultado de unos copetines de más, que yo sepa. Esta campaña está llevando a confrontaciones cargadas de violencia verbal; y no es la primera vez que ha habido agresión física entre adversarios, incluso del mismo partido. La grave tirantez entre los señores Martinelli y Alemán ¿tiene que ver con candidaturas, con negocios, o con ambas cosas? ¿Pueden probar las graves acusaciones que se endilgaron mutuamente en público y no precisamente con un vocabulario publicable? ¡Como de “patio limoso”! Y pensar que los contrincantes tuvieron en algún momento relaciones tan cordiales y de confianza como para que el presidente nombrara en el delicado cargo de embajador en Washington, D.C. al señor que no supo contenerse y le soltó un “tatequieto” al presidente. Difiero con una persona de todo mi aprecio, que considera que a este incidente –por el nivel social, político y económico de los protagonistas y, principalmente por ser uno de ellos el presidente de Panamá–, no se le debe dar relevancia por el desdoro que ocasiona al país cuando por razón de la crisis en el proyecto de ampliación del Canal los ojos del mundo nos tienen en agenda diaria. La globalización y la instantaneidad de la tecnología de las telecomunicaciones no se detienen en consideraciones de esa índole (era un “notición”); por designios de la naturaleza somos la estrecha cintura que separa dos mares, punto de interés mundial. Son precisamente esas las razones por las que debemos exigir de los gobernantes y candidatos conductas decorosas; a los políticos no se les debe consentir un doble rasero moral. Los asuntos privados de los gobernantes (todos) deben respetarse; pero dejan de ser privados cuando menoscaban, como en este caso, la dignidad del cargo.

Aquel día el tuiteo rompió récord y hasta las negociaciones con el GUPC quedaron en segundo plano. El asunto no ha parado; siguen saliendo detalles de esto y aquello. ¡Qué vergüenza! El día de Día de San Valentín, anterior a “la fiesta inolvidable”, el presidente envió este mensaje: “Juntos sin peleas todo se puede lograr”. Quién hubiera pensado que al día siguiente un tuit anunciaba: “Mongo en las alturas, RM vs JA”. De Thomas Jefferson, “Cuando alguien asume un cargo público, debe considerarse a sí mismo como propiedad pública”.

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