CORRUPCIÓN

Se vende Panamá: Jaime Cheng Peñalba

El Presidente, Ricardo Martinelli, se está tomando muy en serio la consigna de nuestro escudo nacional: Pro-Mundi Beneficio, es decir, para beneficio de todo el mundo, menos para los ciudadanos de a pie que habitan Panamá. No quiero pecar de sacrílego, pero creo que el mensaje que transmite nuestro escudo no nos ha ayudado mucho desde la “creación” de la República. Diversos presidentes desfilaron por el Palacio de las Garzas con una visión nada nacionalista. Su ambición desmedida los llevó a realizar acuerdos comerciales entreguistas y lesivos para nuestra soberanía.

No les importó para nada los intereses del pueblo panameño y mucho menos la justicia social que debiera imperar en un país decente. Sin embargo, con la gestión Martinelli se pretende acabar con todo vestigio del concepto “tierra nacional”. ¿Cómo es posible, que un supuesto empresario italiano se posesione de miles de hectáreas de terreno en una comunidad de Soná y los convierte en su patrimonio personal? Moradores aledaños a las grandes fincas que controla el italiano Pigozzi son testigos mudos de los múltiples vuelos en helicópteros y avionetas que realiza Pigozzi en sus posesiones.

¿Qué hay de tanto valor en estas tierras que amerita un acaparamiento desmedido de este señor y otros extranjeros en la provincia de Veraguas? A todo esto se le añade el perfil de “tuti di capo” del presidente Martinelli, que no tiene el menor desparpajo en amenazar, sobornar y amedrentar a los humildes campesinos del pueblo de Pixbae para quitarles lo poco que les queda. ¿Será de esta manera que se obtuvieron valiosas tierras en Soná de parte del “Clan Martinelli”?

No quiero pecar de xenofóbico, pero me gustaría saber si otros países, incluyendo Estados Unidos, abren sus puertas a la compra desmedida de sus tierras por parte de extranjeros. ¿Podría un empresario panameño comprar una isla en Estados Unidos como el gobierno entreguista de Martinelli lo ofrece? No creo que Martinelli se acuerde de las estrofas de nuestro himno, pero sí el de sus cajas registradoras.

En Panamá, noruegos, italianos, colombianos, norteamericanos, entre otros, son dueños de enormes hectáreas de terreno donde solo les faltaría implantar su bandera para crear su “republiquita”. Los indígenas en nuestro país no pueden luchar por sus comarcas que los vieron nacer, pero Martinelli sale en defensa de las propiedades de un ítalo-francés que habla mal español y dudo que conozca sobre la historia de Panamá. Resulta preocupante que los gremios profesionales y de la sociedad civil no asuman una posición más beligerante ante esta nueva forma de colonialismo, afincada en la globalización y el intercambio desigual.

Ni hablar de la Defensoría del Pueblo, que se ha convertido en un puesto de “lealtad política” de quien los nombró. Están más preocupados en aumentar de presupuesto que en la defensa de los pobres. El movimiento estudiantil parece en estado catatónico. Sus líderes están más interesados en el “chateo” de asuntos banales que en defender nuestra soberanía del apetito voraz de la gestión Martinelli, cuyo presidente solo se escucha a sí mismo. Me parece que los docentes en Panamá debieran tomarse unos minutos y reflexionar con sus alumnos sobre estos problemas que a diario nos afectarán a todos, más temprano que tarde. Después de todo, ¿qué es más importante que la formación de líderes con una verdadera vocación de patria? Me llena de tristeza cada vez que las escuelas en Panamá se esmeran en lucir lo mejor posible en las celebraciones del mes de noviembre, conocido como el Mes de la Patria, pero realmente, ¿qué estamos celebrando?

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