ECONOMÍA

Las idas y venidas del TPC: Adán Castillo Galástica

Cuando la FAO conmemoraba el Día Mundial de la Alimentación, la erradicación de la pobreza, la mujer rural; en Panamá el acontecimiento era el Mundial de béisbol y el triunfo de Pelenchín. En medio, el TPC llegó inadvertido, un tanto desinflado ante la realidad de sus intenciones. El resto del mundo con los indignados. Veamos.

Luego de la Just Cause y en plena globalización, tras la bulla del Muro de Berlín, las promesas de un mundo nuevo y la satanización y condena del Estado, la elite del poder anunció la santificación del mercado en el que una competitividad en cadena mercantil “cartelizada” obligaría a la reducción de precios de la canasta básica, al menos. Se armó una estrategia con recetario y factura del FMI/BM. De nada sirvieron las advertencias sobre las perversidades de las cartas de intención y planes de ajuste. Los de Clayton se atribuyeron la paternidad del engendro, pero una voz atronadora se impuso: “Yo soy el padre de esa criatura”. El Plan Ford fue puesto en marcha. Pero como todos los empresarios, no son “casi empresarios”, la Apede calificó el desatino como “incoherente”, nada menos (Victoria Figgi 2/4/1993). Como es natural, las cosas “de que van, van” y el Plan de Modernización de la Economía siguieron reduciendo al “país portátil”. Los que siguieron no lo hicieron distinto: Se bajaron aranceles agropecuarios, subsidios a través de planes de reconversión, el esfuerzo productivo del agro fue burlado con los desvíos del Feci, aquella absurda consigna: “Las carreteras no se comen”. Hoy, apantallados por otra lujuria, rendimos pleitesía al concreto, a la especulación de las malas raíces y el asesinato del árbol. Parte de la industria está en manos extranjeras a cambio de la burbuja financiera. La otra cara de la murga nos dice alzas imparables en el precio de la comida. Esto se refleja en el consumo popular y su mala calidad: Uno de cada tres panameños vive en pobreza. El agro no parece interesar a los actores de poder ni a los políticos. Por lo tanto, los grandes productores abandonan la actividad y los de subsistencia, emigran. El MEF dice que implementara políticas públicas para combatir la informalidad (41.1% de la población).

El cientista Rodrigo Noriega señala: “Después de 17 años de TLC, México no puede exportar ni pollos ni jugos de naranja (...) sin embargo siete millones de empleos directos e indirectos desaparecieron de México por el NAFTA. Algunos de los empleos perdidos cruzan a nado el río Grande y ahí son los indeseables inmigrantes que el Parido del Té quiere expulsar de EU. Otros miles aprendieron a generar nuevos ingresos en la pujante agroindustria del narcotráfico para lo cual parece que el TLC ha funcionado muy bien”. ¿De cuál seguridad alimentaria nos hablan?

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