CONTRASTE

Las vetustas instalaciones del Meduca: Paulino Romero C.

Recuerdo que hace aproximadamente una década escuché quejarse a través de la radio a una educadora, con mucha pena, por el pésimo estado físico del viejo edificio en el que funcionan las oficinas centrales del Ministerio de Educación (Meduca).

Decía la denunciante que ese viejo edificio sirvió como hospital psiquiátrico destinado para las fuerzas armadas estadounidenses acantonadas en la antigua Zona del Canal durante el siglo pasado.

El local no reunía las condiciones higiénicas mínimas, y menos decorosas, para instalar diferentes tipos de oficinas. Estaba infestado con bacterias que ponían en riesgo la salud del personal que laboraba en sus diferentes departamentos. Presentaba un aspecto infrahumano, semejante a una de las “vetustas casonas” condenadas (maquilladas con una mano de pintura) situadas en los barrios bajos de nuestra capital. Actualmente, aunque se adelantan ampliaciones, reparaciones y anexos, la situación no ha mejorado mucho.

¿Acaso tiene sentido hablar de “reforma o modernización de la educación” cuando el Meduca carece de un hogar propio, decente y decoroso? ¿Se justifica este inexplicable contraste en un país que aspira a ser del primer mundo, en cuya ciudad capital se construyen hoteles y “rascacielos”, probablemente los más altos y modernos de la región latinoamericana? Además, somos el primer país centroamericano en contar con los servicios de transporte de un Metro urbano.

Sabemos que la decisión de esta medida no fue tomada por el actual gobierno, no obstante, sí le asiste la responsabilidad, como un compromiso ineludible con la educación popular, de adelantar los planes a desarrollar que le permitan al próximo gobierno resolver, de una vez por todas, esta mora del Estado, motivada por una prolongada negligencia oficial que ha durado más de un siglo.

En efecto, el Meduca en el decurso de 110 años de nuestra era Republicana jamás ha contado con edificio propio. Se ha mudado, cual inquilino pobre de barrio bajo, de cuartucho en cuartucho de alquiler, a diferentes zonas residenciales de la ciudad.

Funcionó por muchos años compartiendo el espacio con la Dirección General de Correos y Telégrafos en un antiguo edificio situado frente a la Plaza Catedral (modernamente remodelado para convertirlo en lo que es hoy el Museo del Canal).

De allí pasó, en 1961, durante el gobierno del presidente Roberto F. Chiari, siendo ministro de Educación el Licdo. Alfredo Ramírez, a ocupar los pisos altos del edificio principal de la Caja de Ahorros ubicado en la avenida Central. Años después, en 1971, fue trasladado al edificio Poli en la avenida Justo Arosemena, diagonal a la Escuela República de Venezuela, ¡pero siempre con carácter de inquilino!

En 1997, durante la administración del presidente Ernesto Pérez Balladares, fungiendo de ministro de Educación Pablo Antonio Talassinos, mudó sus oficinas a una propiedad de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) ubicada en Los Ríos, de las áreas revertidas. Y, finalmente, durante el gobierno de Mireya Moscoso fue cuando se tomó la decisión de trasladar el Ministerio de Educación a las instalaciones del antiguo “hospital psiquiátrico”, a todas luces inadecuadas, pero que, lamentablemente, todavía ocupa.

El Meduca, pues, sigue siendo huérfano de un hogar permanente digno y decente, debidamente equipado, para un mejor desempeño de sus esenciales y complejas funciones administrativas, técnicas y docentes, tal como le corresponde por ser la institución rectora de la educación nacional, es decir, la responsable de la planificación y ejecución de la política educativa del Estado panameño.

Al calor de la campaña política con vista a las elecciones nacionales que han de verificarse el domingo 4 de mayo de 2014, todos los candidatos a la Presidencia de la República reconocen la necesidad e importancia de un buen servicio de educación y así lo destacan en sus propuestas y planes de gobierno.

La Ciudad del Saber, por ejemplo, podría ser el sitio ideal para realizar ese noble y patriótico propósito. Ubicado allí, el Ministerio de Educación bien podría erigirse en “símbolo” de ese centro de cultura de proyección internacional. De realizarse esta iniciativa, prioritaria, sin duda, con diligencia y determinación, sería una de las obras culturales más grandiosas del próximo gobierno (2014-2019) y quedaría inscrita en la historia para la posteridad.

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