DICTAMEN CONSTITUCIONAL

El vicepresidente y su encrucijada: Eduardo Rubén Ulloa Miranda

El vicepresidente de la República, Juan Carlos Varela, señaló recientemente que no asumiría la Presidencia de la República por unos días aunque el presidente, Ricardo Martinelli, se ausentara, porque él tenía un proyecto político con miras a las elecciones de 2014, y eso lo inhabilitaría para correr por la Presidencia.

Dos cosas nos preocupan de este tipo de afirmaciones: En primer lugar, reflejan que nuestros gobernantes están más preocupados en este momento por las próximas elecciones que por cumplir con las obligaciones del cargo para el que fueron elegidos y, en segundo lugar, que alguien no ha asesorado debidamente al vicepresidente sobre lo que establece nuestra Constitución en ese sentido.

A este respecto debemos precisar que el artículo 192 de la Constitución Política de la República de Panamá establece que no podrán ser elegidos Presidente de la República “El ciudadano que llamado a ejercer la Presidencia, por falta absoluta del titular, la hubiere ejercido en cualquier tiempo durante los tres años inmediatamente anteriores al período para el cual se hace la elección”.

El contenido de la norma constitucional es claro, la inhabilitación se produce cuando se asume el cargo por una falta “absoluta” del Presidente de la República. Debe precisarse que cuando se habla de falta absoluta, se hace referencia a una separación definitiva del cargo de Presidente, ya sea por voluntad propia o por otros motivos relacionados con la persona que fue elegida para dicho cargo. Ejemplo de dichas faltas definitivas serían las que se producen por renuncia, muerte o destitución. En estos casos la vacante que se produce es definitiva, al dejar el cargo de manera absoluta la persona que lo ostenta.

Cualquier duda que pudiese tenerse en cuanto al alcance del término “falta absoluta” utilizado por el artículo 192 de la Constitución Política, la despeja el artículo 189 de dicho texto constitucional al señalar que: “Por falta absoluta del Presidente de la República, el vicepresidente asumirá el cargo por el resto del período”. Esta precisión que hace la norma constitucional en cuanto a que ante las faltas absolutas, el vicepresidente ejercerá el cargo “por el resto del período” deja claro que las faltas absolutas, a las que se alude en el artículo 192 se refieren a las ausencias definitivas de quien ejerce el cargo de Presidente de la República.

Este tipo de faltas absolutas debe diferenciarse de las temporales del Presidente, que son aquellas que tienen como característica un término determinado o determinable dentro del que el Presidente de la República reasumirá sus funciones. En estas últimas el Presidente no abandona el cargo de manera definitiva, sino que se ausenta de sus funciones por razones específicas y por un tiempo previamente establecido.

En este sentido vemos que el artículo 188 de la Constitución Política de la República de Panamá es el que regula las ausencias temporales del Presidente y establece que él puede ausentarse por un período máximo de 10 días, sin autorización alguna, y que cuando el período de ausencia exceda los 10 días, entonces se requiere de autorización del Consejo de Gabinete, y si es mayor de 30 días, se necesita de la autorización de la Asamblea Nacional.

La misma norma señala que cuando la ausencia sea de más de 10 días deberá encargarse de la Presidencia de la República, el vicepresidente o, en su defecto, un ministro de Estado, y quien así ejerza el cargo tendrá el título de “encargado de la Presidencia de la República”.

Obsérvese que la diferencia es clara, cuando se trata de faltas absolutas se habla de que el vicepresidente asumirá el cargo por “el resto del período”, mientras que cuando la ausencia es temporal el vicepresidente no asume el cargo de Presidente por el resto del período, sino que “se encarga de la Presidencia de la República por un período previamente determinado”.

De acuerdo, entonces, a los preceptos constitucionales arriba expuestos, el hecho de que el vicepresidente de la República se encargue de la Presidencia por una ausencia temporal del mandatario en nada lo inhabilita para correr como candidato a las elecciones en el año 2014, por lo cual no hay razón para declinar o rehusar una obligación que la Constitución le impone a su cargo.

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