A CONTRAVÍA DE LA HISTORIA

La votación de Panamá en la ONU: Andrés L. Guillén

El reciente voto panameño en las Naciones Unidas, bajo la tutela de Estados Unidos e Israel, en contra de elevar el estatus de la Autoridad Nacional Palestina de “entidad observadora” al de “Estado observador no miembro” (como el Vaticano) se sumó al de las islas Marshall, Micronesia, Nauru y Palau, diminutas islas-naciones dispersas en el Pacífico, votos que no tuvieron mayores consecuencias en el resultado final, al ser la moción palestina aprobada por la mayoría de los demás países miembros.

La Cancillería ha justificado esta acción soberana nuestra utilizando palabras y argumentos similares a los de sus mentores (Estados Unidos e Israel) decisión esta que varios excancilleres panameños han calificado de “grave error” y como vergonzosa, por situarnos entre “países satélites” que delegan en otros sus decisiones.

Todo indica que la presente Administración prefirió en este caso obedecer los dictados de otros y adherirse a este pequeño grupo de micronaciones (cuya población suma menos que la de San Miguelito), antes que tener voz propia, emitir criterios que reafirmen su soberanía y ser coherentes con su política exterior.

Aun siendo amigo de Israel y EU (lo que no equivale a ser enemigo de los palestinos) la partición de los antiguos territorios de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, ha causado desde su concepción, en 1947, cinco guerras y muchos enfrentamientos entre ambas partes, sin solución ni su aplicación hasta ahora, algo que Panamá como una de las naciones que votó a favor de esa Resolución 181, del 29 de noviembre de 1947, debe tomar en cuenta. Estos dos pueblos hermanos, con profundas raíces culturales y lingüísticas semitas, de orígenes bíblicos, tienen una realidad compartida desde el 15 de mayo de 1948, fecha que coincidió no solo con la finalización legal del Mandato Británico de Palestina y la autoproclamación del Estado de Israel, sino con el comienzo del nakba (catástrofe) palestino que le ha causado miles de muertos, inicialmente más de un millón de refugiados, pero ahora muchos más, y la pérdida de gran parte de su territorio.

Pero ese hito marca solo una de las etapas más recientes de una historia en la que, irónicamente por casi los últimos dos mil años, los judíos no fueron los principales protagonistas (de hecho eran una minoría) pues Palestina ha pasado por el dominio romano, bizantino, de los cruzados, árabe (por más de mil años), otomano y británico antes de la actual encrucijada. Un voto que ignora esta historia y que no toma en cuenta los derechos del más afectado no solo es humillante para quien lo emite, sino que representa lo peor de un ser humano.

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