DEBER CIUDADANO

Ya votamos, ¿ahora qué?: Corina Elsa Rueda Borrero

La mayoría de los panameños piensa que hacer patria es participar en los comicios electorales cada cinco años, y que solo en ese momento la democracia existe. El resto del tiempo se comportan como simples espectadores de lo que ocurre a diario en el país, se quejan de los políticos por los que votaron, pero no buscan involucrarse más allá cuando ven algo infame porque lo consideran una “pérdida de tiempo”.

La realidad es que nos hemos acostumbrado a dejar todo en manos de un grupo de personas. Pensamos que el deber ciudadano se limita a ir a votar, pero nos hemos olvidado de la fuerza que tiene la voluntad del pueblo que elige a sus representantes.

Hacer valer el voto no es solo ir a las urnas de forma consciente, también es cuidarlo a lo largo de los cinco años en que le damos trabajo a todos los funcionarios que salen electos a través del sufragio. Es nuestro deber exigirles que cumplan con la Constitución, interponer denuncias ante los malos manejos de los recursos del Estado, hacer peticiones, e incluso motivar leyes a través de la olvidada oficina de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional.

Concuerdo con el hecho de que es imposible lograr varias de las cosas mencionadas cuando se tiene una débil institucionalidad y cuando los fiscales, jueces y otros funcionarios se dejan corromper, sin embargo, no interponer la queja también nos vuelve corruptos y parte de ese ciclo vicioso que le impide al país llegar a ser de ese primer mundo, que tanto anhelamos.

Por esto, panameños, nuestro deber ciudadano va más allá del 4 de mayo. Si yo voté por un candidato equis, más que nadie tengo el derecho de exigirle que cumpla con sus funciones y honre la investidura de su cargo. Tal como dijo el presidente electo, Juan Carlos Varela, nosotros los ciudadanos fuimos quienes lo contratamos a él, por lo tanto, somos sus jefes. Esta frase no solo se limita a Varela, como futuro jefe de Estado y de Gobierno de la República de Panamá, incluye también a los alcaldes, diputados, representantes de corregimiento, concejales y a cualquier otro funcionario o institución que maneje fondos del Estado.

Si juntos decidimos quiénes nos gobiernan, también debemos seguir decidiendo por nuestro país, día tras día, fiscalizando la labor de los funcionarios.

Botar tu voto sería quedarte callado cuando el funcionario electo o quien fue asignado para un cargo público no te representa adecuadamente o incumple su labor.

Botar tu voto también es decir “no me importa” durante cinco años. Botar tu voto de cualquiera de estas formas es vivir en una democracia ficticia, y yo prefiero vivir en democracia real todos los días.

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