CORDURA

Una voz de advertencia: Robin Rovira Cedeño

Recuerdo que un comentarista en la televisión decía, refiriéndose a las protestas de los trabajadores de las bananeras en Chiriquí, que no le hicieran caso a los sindicalistas, de lo contrario perderían hasta lo poco que tenían. Sin embargo, los trabajadores desoyeron tal advertencia y ahora sufren las consecuencias.

Algo similar sucede con la situación política que vivimos hoy en nuestro país. Debemos tener extremo cuidado con la forma cómo dirimimos nuestras diferencias o la forma cómo externamos nuestro disentir con nuestro gobierno; algunas de estas formas en que manifestamos nuestro descontento parecen más arengas a la desobediencia civil que un simple disentir ciudadano. Ello podría traer funestas consecuencias para nuestro país.

Hace poco leí en los diarios que apedrearon 20 vehículos del Metrobús. Señala la noticia que rompieron varias ventanas y hubo operadores heridos. Para mí esto no es una casualidad, es un preámbulo de algo que pudiera ser mucho peor. Decía Pablo Coelho en su obra El Alquimista, que “el berrido de un camello en tiempos de paz es solamente un berrido; pero en tiempos de guerra es una señal de peligro”. Lo acontecido con los vehículos del Metrobús si hubiera ocurrido en otra época o circunstancias podría haber sido solo un caso aislado de violencia, pero bajo las circunstancias políticas que vivimos puede ser una señal o preámbulo de cosas peores por venir.

Espero, no se me tache de alarmista o exagerado, pero uno de los comentarios en la web sobre esta noticia del periódico decía: “La gente está k... va a comenzar la desobediencia social que el mismo Presidente ha provocado”.

Repito, espero, no se me tache de alarmista o exagerado, pero aquí no se trata de cómo derrocar a un Presidente. Aquí se trata de qué es lo que sucederá después. Podemos perder hasta lo poco que hemos logrado como país. Como decía un gran pensador: “No permitamos que nuestras pasiones destruyan nuestros sueños”. En el caso que vivimos sería: “No permitamos que nuestras pasiones políticas destruyan nuestros sueños como Nación”.

La semana pasada viajé en un bus “diablo rojo” y los pasajeros veíamos a través de la ventana, del otro lado de la calle, una enorme fila de Metrobuses esperando llegar a la parada para que los pasajeros bajaran. Escuché, entonces, a alguien decir: “Eso no pasaría en un ´diablo rojo´. ¿Tú crees que si yo viajara en un Metrobús voy a esperar a que llegue a la parada para, entonces, bajarme? No sé que vaya a hacer el conductor del Metrobús, pero tiene que dejarme bajar donde sea”. Ya sea como gobernados o como gobernantes tenemos que cambiar algunas costumbres que nos hacen daño y que, por ende, seguirán haciendo mucho daño a nuestras futuras generaciones, sino aprendemos a corregirlas acertadamente.

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