RESACA DE LA CORRUPCIÓN

Los zapatos de Varela: Gilda de la Guardia de Ferrer

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Los zapatos de Varela: Gilda de la Guardia de Ferrer

Qué engaño nos llevamos todos con los zapatos del pueblo. Caímos redondo con aquel cuento chino y, llenos de esperanza, votamos masivamente por el empresario de mucho dinero, que no tenía por qué robar. Al nuevo gobierno –y a todo el pueblo panameño– le toca ahora pagar los platos rotos, económica, social y moralmente. Estar ahora en los zapatos de Varela no es algo que envidiar. De seguro aprietan y sacan llagas. Los del pueblo también.

Si bien hay quejas de la administración actual, no se nos puede olvidar ni por un minuto de dónde venimos. Venimos de un saqueo sistemático de las arcas del Estado, ya bastante –sino completamente- vacías. No hay plata y hay que acordarse siempre por qué (Sr. presidente: ¡Dígalo!). Armemos un plan de uso de bienes cautelados. La meta debe ser rescatar lo que es nuestro: mansiones, hidroeléctricas, supermercados. No podemos seguir en la misma timidez. Es hora de flexionar el músculo, que mucho nos ha faltado como sociedad civil.

Tenemos el arrastre de una Corte Suprema de Justicia escogida y completamente comprometida con Martinelli, además de la amenaza de los millones que seguro ha puesto a circular para desestabilizar al país, empezando por el ejército de abogados que solo entienden de subterfugios legales y de billete. Si usaba los fondos de Cobranzas del Istmo, S.A. para financiar sus hidroeléctricas, de seguro usa los fondos con los que lucró para comprar las frágiles conciencias de nuestro empobrecido sistema judicial. Ojo con los nuevos nombramientos: que no se nos escape la liebre otra vez.

Desarmar la maraña de corrupción que se tejió en la administración pasada no es tarea fácil. Es como combatir la polilla. Crees que la has exterminado, cuando te sale por otro lado. Tardará un tiempo eliminarla por completo; mientras tanto, dejará de circular todo ese dinero fácil que corría a chorros por las calles y que se interpretaba como la gran bonanza del quinquenio pasado. Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta. Ahora vivimos la resaca. Aprovechemos para jurar nunca más.

Moralmente también. Son muchos los que entraron ricos y salieron millonarios, y muchos más los que fueron salpicados. La impunidad sigue siendo una asignatura pendiente. Cuando empecemos a ver gente presa, empezará el proceso de reversión. Si la enfermedad empieza por la cabeza, pidamos entonces la cabeza para que pueda sanar el cuerpo. En eso también debemos mantener la presión. No podemos tranzar por una justicia a medias. Es la última oportunidad que tenemos como país de combatir la corrupción.

Como en la fábula de la tortuga y la liebre, los zapatos de Varela caminan a paso lento. ¿Acaso se puede andar de prisa en un campo minado? Mientras se respeten las reglas del juego, lo de tortugón no es necesariamente malo. Igual que en la fábula, nos corresponde alentarlo para que llegue al final de la carrera con el mismo compromiso de honestidad, democracia y justicia con el que empezó. El camino es duro. Ayudémoslo para que no pierda de vista la meta. De lo contrario, habremos perdido todos la carrera.

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