Átomos en tránsito

El 23 de octubre de 1984, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Fernando Cardoze Fábrega, le envió al embajador de Estados Unidos en Panamá una carta en la que le expresaba una gran inquietud.

Reseñaba la misiva que el 21 de octubre de ese año había transitado por el Canal de Panamá la nave de bandera japonesa Sheitsin Maru, procedente de Francia y con destino a Japón, con un cargamento de plutonio a bordo.

Cardoze le expresaba al embajador la preocupación de Panamá por el tránsito de un cargamento radiactivo de tal peligrosidad sin que existiesen garantías de protección para el país.

Estados Unidos aún controlaba la operación del Canal de Panamá.

Tan solo unos meses atrás, el 26 de agosto de ese mismo año, la nave Mount Louis, de bandera francesa, había colisionado con el ferry Olau Britannia en el Canal de la Mancha, frente a Ostende, Bélgica, liberando un cargamento de hexafloruro de uranio, destinado a la Unión Soviética.

Cardoze le advertía al embajador estadounidense acerca de lo grave de este precedente, en caso de ocurrir algo similar en el Canal de Panamá.

Japón compraba a Francia el material radiactivo, del que carecía, para alimentar sus reactores destinados a la generación de electricidad. El transporte era la parte más compleja, delicada y controvertida del negocio.

FANTASMA JAPONÉS

En noviembre de 1992, otra nave de bandera japonesa con una carga radiactiva “amenazó” con pasar por el Canal de Panamá.

Se trataba del Akatsuki Maru, que había partido del puerto de Cherburgo en Francia, con un cargamento de 1.5 tonelada de plutonio, tal vez el mayor cargamento de ese material radiactivo de la historia, hasta ese momento.

La sombra del accidente nuclear de Chernobyl en Ucrania, en 1986, aún estaba muy viva, por lo cual el viaje del Akatsuki Maru (que finalmente desistió de la ruta de Panamá) fue acompañado de una ruidosa protesta mundial.

En diciembre de ese año, el canciller panameño Julio Linares le dirigió una carta al embajador de Estados Unidos, Deane Hinton, en la que le expresaba la preocupación de Panamá por el paso de carga nuclear por el Canal.

En tanto, informes de prensa señalaban la vigencia de un contrato por 4 mil millones de dólares para convertir en Francia 3 mil toneladas de desechos radiactivos japoneses en 20 toneladas de plutonio y combustible nuclear mixto (mox) que serían llevadas de vuelta poco a poco a Japón hasta el año 2002.

Para entonces, la ruta de Panamá ya era la usual. Un promedio anual de 8 a 12 tránsitos de este tipo tenían lugar a través de la vía interoceánica. El transporte estaba a cargo de la empresa británica Pacific Nuclear Transport Limited (PNTL).

Por razones de seguridad, los días y horas de los tránsitos se manejaban con confidencialidad, lo que no impidió que se realizaran protestas cada año.

La entonces Comisión del Canal insistía en que los tránsitos cumplían todas sus normas de seguridad.

Pero el 6 de febrero de 1998, el buque Pacific Swan, de PNLT, fue abordado por tres activistas de Greenpeace para evidenciar la vulnerabilidad de las medidas de seguridad del Canal.

En 1999, la vía acuática pasó a la administración panameña. Algunos activistas ambientales esperaban que el país restringiese los tránsitos nucleares. Pero estos continuaron.

El 27 de junio de 2000 se reunieron en Panamá representantes de las empresas nucleares, de Greenpeace y de otras organizaciones opuestas al tránsito radiactivo. El encuentro fue agrio, duro, con mutuas acusaciones de irresponsabilidad.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el tema del peligro nuclear, en manos de potenciales terroristas, adquirió una nueva dimensión. Ese mismo año los ambientalistas pidieron una “moratoria” al paso de desechos radiactivos por el Canal.

En 2002 se impulsó una iniciativa legislativa que buscaba prohibir el tránsito de materiales altamente radiactivos y radiotóxicos.

Los envíos de Francia se completaron en 2007.

El 11 de marzo de 2011, el norte de Japón fue sacudido por un sismo de magnitud 9 en la escala Richter y golpeado por un tsunami. Al día siguiente colapsaron las instalaciones de la central nuclear de Fukushima. El hecho ha sido considerado el peor incidente nuclear después de Chernobyl.

Seis meses después, el 16 de septiembre, en medio de protestas, llegó al puerto de Rokkasho, Japón, un barco con carga radiactiva procedente de Gran Bretaña. Había partido el 3 de agosto y llegó a través de la ruta del Canal de Panamá.

Según la agencia noticiosa japonesa Kyodo, este fue el segundo envío de un contrato vigente por los próximos 10 años.

Un asunto de seguridad

También insisten en que las naves que llevan este tipo de carga cumplen y exceden los requisitos de seguridad que exige el Canal, hasta ahora con un récord intachable.

Algunos ambientalistas afirman que la ruta de Panamá es preferida por las empresas nucleares porque no pueden usar el Canal de Suez, y por el Cabo de Hornos, Argentina y Chile han prohibido este tipo de tránsito.

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