ENTREVISTA CON EL EMBAJADOR DE FRANCIA EN PANAMÁ

´Au beau fixe´

El representante diplomático Hugues Goisbault resume en esas tres palabras la relación entre ambas naciones hoy: no podrían estar mejor.
LA PRENSA/Eric Batista. LA PRENSA/Eric Batista.
LA PRENSA/Eric Batista.

Hugues Goisbault culminó oficialmente su trabajo como embajador extraordinario y plenipotenciario de Francia en Panamá el viernes 24 de enero. Fueron prácticamente cuatro años de servicio en el país, y unos muy importantes. Panamá salió de la lista de paraísos fiscales, se negoció la extradición del exdictador Manuel Antonio Noriega, grandes empresas francesas se hicieron de licitaciones públicas o realizaron fuertes inversiones de capital privado, y se tejieron iniciativas y proyectos culturales, algunos de los cuales trascenderán la gestión de Goisbault.

“Hice mi trabajo”, dice con satisfacción y una gran sonrisa este hombre de 65 años, licenciado en derecho y diplomado en política, carrera, esta última, en la que se comenzó a desempeñar en 1974, en Abiyán, Costa de Marfil, cuando tenía 23 años, una época de mucha convulsión en la región.

La despedida no es solo de Panamá. Después de 39 años de servicio, en diversos cargos, de un lado a otro del mundo, culmina su carrera oficial aquí, en un lugar al que le une una historia común –Bunau Varilla y el canal francés– que le hace sentirse un cuñado, alguien de la familia, y del que se lleva como aprendizaje el optimismo y la energía de la gente para salir adelante, a pesar de los problemas. Algo que ha palpado con las obras sociales de la embajada en la escuela República de Francia, en San Miguelito.

A 48 horas de su salida del país, en un despacho cobijado por un sitio lleno de historia –la plaza de Francia, un homenaje a esa nación y al fallido canal francés–, el embajador redactaba su informe final. “Me voy, seguro, con un poco de nostalgia”, señala, seguro también, de que regresará. “Ahora tengo el vuelo de Air France –inaugurado en noviembre de 2013– y tengo amigos”, agrega, y proyectos en ejecución, de los cuales no se desligará, uno de ellos por el centenario del Canal.

LA AGENDA BILATERAL

Si hay algo que en el terreno de su trabajo le gustó mucho de Panamá a Goisbault, fue que los contactos fueron directos, sin perder tiempo, sin que mediaran muchas notas. “Yo para escribir tenía el WhatsApp del Presidente o del ministro, podía inmediatamente escribir y recibir respuesta”, relata. Todo depende, aclara, de cómo funciona cada país y para entenderlo se requiere hacer un poco de antropología y sociología política.

¿Cómo deja la relación de Panamá y Francia?

Los primeros pasos, y todo depende de eso, fueron con el tema de la transparencia fiscal. Panamá estuvo en la lista de la OCDE, de los países no cooperadores, en la lista gris. Las negociaciones habían empezado en enero de 2010, y se produjo la ratificación del acuerdo. Fue importante, porque es gracias a Francia que Panamá firma el acuerdo y eso cambia completamente las relaciones. El presidente, Ricardo Martinelli, fue dos veces a Francia, en visita oficial [la primera con Nicolas Sarkozy y la más reciente, en mayo de 2013, con François Hollande], que es un símbolo. También vino por primera vez desde 1977 el canciller francés. Y ahora las relaciones no pueden estar mejor. Pero todo viene de esta relación de confianza que hemos tenido sobre este tema que cambia también mucho la imagen de Panamá en el mundo.

Al nivel político, Panamá no es solo importante para Francia por un tema geopolítico. Según Goisbault, también lo es porque tiene una política externa abierta a todos, de mediación en todos los temas, y pone como ejemplo que la administración hablaba igual con el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez, que con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, siendo ambos de líneas políticas equidistantes. Además, le interesa la libre circulación por el Canal y la seguridad por el tráfico de drogas, que tiene consecuencias en Europa.

En la esfera económica, el diplomático reconoce que el éxito económico atrajo a las empresas francesas. Y su llegada fue a lo grande, en proyectos emblemáticos, como el del saneamiento de la bahía y la ciudad de Panamá [estación de tratamiento], la construcción del Metro [vagones, equipos electromecánicos e ingeniería] y del tercer puente sobre el Canal de Panamá, en el Atlántico [doble, atirantado, totalmente de concreto armado], y de proyectos hidroeléctricos.

“Al final las inversiones francesas en Panamá, incluyendo los contratos, son de un billón de dólares”, precisó. Y apuntó: tenemos este vuelo directo de Air France [tres veces en la semana], tan exitoso, que la compañía está considerando poner cinco vuelos pronto. “Es una señal fuerte porque la situación de las compañías aéreas no es buena en el mundo. Abrir una línea significa la confianza en la economía del país”, aseguró.

Y vislumbra que también impactará en la apertura de sedes de más compañías francesas en el país.

Uno de los aspectos que más aprecia el embajador de su trabajo en el cinturón de América es la cooperación en educación y el intercambio cultural. Dentro de todo lo realizado, destaca un proyecto con el Ministerio de Educación: la puesta en marcha del Instituto de Tecnología Superior. De hecho son dos, el de Colón, que se centrará en obras públicas, por la construcción del tercer puente sobre el Canal, y el de El Chorrillo, que se enfocará en labores ligadas a la electricidad, especialmente para el mantenimiento de todo el sistema eléctrico del Metro. Francia aportará los expertos que acompañarán la transferencia de conocimientos y experiencias.

Destacó, además, los intercambios culturales de estudiantes y una Alianza Francesa muy activa –con actualmente poco más de mil estudiantes–, que realiza actividades para promover la cultura de ambos países. “Es interesante ver a un público panameño diferente, más joven, más diverso, porque hay gente en Panamá que le gusta la cultura, hay todo un grupo de jóvenes que quizás [muchos] no conocen, pero lo hay. Funciona muy bien, tiene éxito económico”, destacó. La embajada abrió, además, un liceo, 60% francés y 40% panameño, que tiene actualmente 330 estudiantes.

“Para nosotros los franceses, cultura es política, no es solamente un negocio, esas son las raíces de la gente”, remarca y pone como ejemplo la fuerte tarea que se impusieron para traer al país la exposición “Paul Gauguin, el sueño de Panamá”. 15 cuadros originales que venían de los museos de Francia, Nueva York, Manchester, México, Argentina. Una exhibición preparada para Panamá, que solo en seguros costó $400 mil y que puso al Museo del Canal Interoceánico en el mapa del mundo.

La extradición de Manuel Antonio Noriega

Fue un tema que funcionó bien en transparencia con las autoridades de Panamá. Se fue a Francia y todo eso, usted conoce a los abogados, a la familia, conoce bien a las hijas, ha tomado [Noriega] los buenos abogados de París, que son muy caros... entonces empecé a decir [sobre la prisión de La Santé]: ¡Oh! Es muy bueno, porque es en el centro de París, puede ir en el Metro a la cárcel, y dije, tenemos un piso especial, su vecino es Carlos El Chacal, entonces, es muy práctico que al momento del almuerzo pueden hablar juntos en español y pueden compartir experiencias. Ironía. Y después, como estaba el caso penal aquí, había discusiones sobre la transferencia desde Francia. Y yo decía que hay reglas y que él debía cumplir su pena en Francia y que si él venía aquí y en 15 días se le ponía en libertad en una casa en Cerro Azul, no es la regla. Entonces, había un compromiso del Gobierno de Panamá de que él debía cumplir su pena. Fue una discusión interesante con la Cancillería, con el que es ahora presidente de la Corte Suprema [José Ayú Prado]. Yo vi también gente de la Cruzada Civilista de ese tiempo, que es importante. Recuerdo la llegada [de Noriega], a la ministra Roxana Méndez...

La indemnización a Panamá está pendiente

Hay una discusión. Hay reglas, por la expropiación de los tres edificios que él tenía en el país. Por supuesto este dinero debe venir al Estado panameño. Esto está en discusión pendiente.

LA PLAZA DE FRANCIA

Para Goisbault el recuerdo del Casco Antiguo será “muy fuerte”, con la plaza, y el obelisco con el gallo, símbolo de su pueblo, en lo alto.

Desde su despacho lo tiene todo controlado, como él mismo dice. Y es que desde su ventana pudo apreciar cómo avanzaba la construcción del Biomuseo, la cinta costera 3 y los rellenos cerca de El Chorrillo. También apreció el caos de la renovación de las calles del Casco, y las muchas historias que le dejaron algunos de sus vecinos más distinguidos. Le quedó pendiente, dice, ver la renovación del Instituto Nacional de Cultura.

Una carrera diplomática es un poco como un libro, con distintos capítulos, reflexiona Goisbault, quien en uno de ellos fungió como jefe de protocolo. En esa época se aseguró de que en momentos de crisis, el ministro hablara bien y de inmediato, porque reconoce que no hay espacio para errores.

¿Cómo es eso de ser diplomático?

Es el tema de vida pública vida privada. Tenemos un puesto de representación, hay mucho deber, se necesita mucha disciplina. Es como en política. Tenemos pocos amigos de verdad, somos cariñosos con todos, pero sabemos la realidad.

El hoy exembajador tomó a finales de enero el vuelo de Air France con su madre –que vino para su despedida–, la misma que le dio su primera noción de Panamá, ya que entre abril y mayo de 1964 [tres meses después del 9 de enero] vino en un buque de la marina francesa que iba rumbo a la Polinesia. “Me decía, un poco raro allá, había militares americanos en cada esquina de las calles”.

En 2004, como inspector general adjunto del ministerio, tuvo su segundo contacto con Panamá. Vino a inspeccionar las cuentas y por qué tener una embajada. Eso, dice, le ayudó mucho, porque conoció hasta lo que estaba detrás de los armarios.

De Reagan a Mandela;una larga carrera diplomática

Hugues Goisbault fue a Nueva York en la década de 1980 durante el gobierno de François Mitterrand, en la era del comunismo. “Como portavoz adjunto (en Estados Unidos gobernaba Ronald Reagan) debía explicar a mis contactos en Wall Street que la nacio-nalización de la economía es mejor para el crecimiento económico. Fue interesante”, expresó.

Luego, fue cónsul general en Sevilla (década de 1990), cubriendo el sur de España, Andalucía, Extremadura y las ciudades españolas en Marruecos. “Había la mayor cantidad de detenidos franceses en las cárceles españolas (250), muchos jóvenes con marihuana. Cada semana fui a visitar a los detenidos, y fue una experiencia de cómo el servicio público puede ayudar”.

En estos años, tras salir de prisión, Nelson Mandela va a Francia. “Lo fui a recoger al aeropuerto. Estamos con la caravana, ingresando al área del castillo La Celle-Saint Cloud, y él dice: ´quiero preguntar una cosa. ¿Podemos parar el carro?´. Y luego, viendo el bosque, expresa: ´Es la primera vez que veo de nuevo árboles”.

En Río de Janeiro, en la década de 2000, ocurrió la tragedia del vuelo Air France (350 muertos). Ese fue un aprendizaje “sobre cómo manejar las informaciones para proteger a las familias”, manifestó.

CECILIA FONSECA

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