CRIMEN ORGANIZADO Burla MEDIDAS DE SEGURIDAD

Barrios exclusivos, en la mira

La Policía Nacional identificó al menos a cinco grupos criminales que operan en varias de las más exclusivas barriadas de la capital.
OBJETIVO. Costa del Este figura entre las zonas azotadas actualmente por el hampa. LA PRENSA/Archivo OBJETIVO. Costa del Este figura entre las zonas azotadas actualmente por el hampa. LA PRENSA/Archivo
OBJETIVO. Costa del Este figura entre las zonas azotadas actualmente por el hampa. LA PRENSA/Archivo

Los asaltos en barrios exclusivos de la capital dejaron de ser un asunto de ladrones solitarios o de improvisadas bandas criminales y se convirtieron en una prioridad para el crimen organizado, según reconocieron las autoridades.

Costa del Este, Paitilla, Punta Pacífica, San Francisco, Betania y otros barrios cuyos residentes tienen alto poder adquisitivo están entre los principales “objetivos” de las redes delictivas organizadas, que en los últimos años han aprendido a burlar las medidas de seguridad adoptadas por los dueños de casas y apartamentos, inapropiadas e insuficientes en la mayoría de los casos.

Rafael Álvarez, jefe de la Policía Nacional en San Francisco, confirmó que las mencionadas zonas residenciales son especialmente sensibles, ya que están expuestas al constante movimiento de personal de seguridad, conserjes y empleados domésticos, identificados por los delincuentes como un punto vulnerable a través del cual se pueden “colar” en los inmuebles y perpetrar los atracos.

De acuerdo con Álvarez, los conserjes y vigilantes privados “son los dos primeros objetivos de la delincuencia organizada”, por lo que, a su juicio, deben recibir constante capacitación y entrenamiento, para evitar convertirse en víctimas de posibles ataques.

Modus operandi

Informó que hasta el pasado mes de junio habían sido identificados cinco grupos delictivos que operaban en barriadas exclusivas, especialmente en San Francisco, Paitilla, Costa del Este y Punta Pacífica, la mayoría de cuyos integrantes, sin embargo, fue apresada con apoyo de la comunidad.

Entre las bandas figura una conformada por ladrones de nacionalidad venezolana, dedicados al robo en apartamentos.

Se hacían pasar como contratistas para el arreglo de acondicionadores de aire, trabajos de refrigeración y reparaciones en general, e incluso vestían con uniformes de empresas del ramo, aunque inexistentes.

Una vez llegaban a los edificios, los miembros del grupo entablaban conversaciones con los encargados de seguridad y obtenían información de los conserjes, a través de los que ingresaban. Luego, en los apartamentos, convencían a las domésticas para que les permitieran entrar y allí las sometían con armas de fuego.

La Policía calcula que esta banda robó unos 150 mil dólares en dinero y joyas.

Otro de los grupos desmantelados estaba integrado por 10 ciudadanos colombianos, entre ellos una mujer, encargada de recoger la información de los conserjes y vigilantes; luego irrumpían los hombres.

A esta red se le atribuyen al menos cinco atracos, uno de ellos en un apartamento de un edificio en Coco del Mar, de donde sustrajeron 50 mil dólares en joyas y dinero efectivo.

En abril pasado, las autoridades comenzaron a investigar otra banda integrada por panameños y extranjeros, que utilizaban carros de lujo para ingresar en los edificios con la excusa de visitar a un familiar y una vez adentro sometían a los agentes de seguridad para que les abrieran las puertas de los inmuebles.

Una cuarta organización criminal se dedicaba a robar las planillas de empresas que construyen edificios en las citadas urbanizaciones, y a una quinta se le vincula con el secuestro de un niño, al que se llevaron de su escuela con el pretexto de que su padre había sido plagiado.

Mientras mantenían engañado al menor en un centro comercial, los delincuentes llamaron a su padre y le pidieron 30 mil dólares por su rescate. Cuando el padre comprobó que su hijo no estaba en la escuela, pagó.

De acuerdo con César Pitty, adscrito a la División contra Robos de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), algunos de estos delincuentes eran más violentos que otros y en algunos casos atacaron físicamente a sus víctimas.

Sin embargo, en líneas generales, como sucede con la mayoría de los criminales dedicados al robo y hurto de bienes, huían sin causar daño a las víctimas apenas obtenían el botín que buscaban.

Lo que sí pareció ser un común denominador en estos grupos es que repartían diferentes tareas entre sus integrantes; es decir, unos se dedicaban a la observación de los blancos, otros a contactar a los conserjes y vigilantes privados, y otros al asalto como tal.

En números

Cifras del Sistema Nacional Integrado de Estadísticas Criminales (Siec) dan cuenta de que durante el año 2012 fueron reportados 622 robos y hurtos en el corregimiento de San Francisco, que incluye a la barriada homónima, Costa del Este, Paitilla y Punta Pacífica; mientras que en Betania, la otra zona identificada por las autoridades como “objetivo” de la delincuencia organizada, se cometieron 191 delitos contra la propiedad.

En tanto, solo en el primer trimestre de este año el Siec reportó 136 robos y hurtos en San Francisco y otros 36 en Betania.

Medidas escasas y no apropiadas

Expertos de la Policía Nacional y de empresas de seguridad privadas coinciden en que la mayoría de los edificios de las referidas zonas de la capital son más vulnerables ante los delincuentes porque carecen de buenos sistemas de vigilancia, no le dan el adecuado mantenimiento a los que tienen y tampoco capacitan al personal relacionado con este delicado tema.

Ricardo Núñez, administrador de una empresa de seguridad que brinda servicios a varios edificios de la zona –y que pidió la reserva del nombre de la compañía y de sus clientes-, explicó que los equipos de video vigilancia en los edificios no son de buena calidad y tampoco se le da mantenimiento a las alarmas que usan sensores de movimiento para detectar la presencia de personas extrañas en horas de la noche.

Resaltó, al igual que el subcomisionado Rafael Álvarez, jefe de la Policía Nacional en San Francisco, que los vigilantes privados no están capacitados adecuadamente y en la mayoría de los casos obvian pedir datos clave a los supuestos empleados de empresas de servicios que acuden a los edificios, pero que, como se dijo, son delincuentes al acecho.

Entre esos datos figura la verificación de la supuesta compañía de servicios; la constatación si los dueños de los apartamentos han solicitado algún trabajo; el chequeo de las herramientas que llevan los supuestos trabajadores; el número de matrícula del vehículo en el que se desplazan y de sus números de cédula. Por lo general, la solicitud de estos datos ahuyenta a los atracadores.

Para evitar que las personas se conviertan en víctimas de los ladrones, Álvarez afirmó que su despacho realiza reuniones periódicas con los Vecinos Vigilantes, en las que les aportan datos sobre las últimas modalidades de los criminales e incluso les muestran videos de hechos reales.

Juan Manuel Díaz C.

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