Unidad de quemados

Bombita: la historia se repite

La sala de quemados del Hospital del Niño tiene capacidad para 13 camas; sin embargo, la demanda se duplica en noviembre y diciembre.

Jorge y Ricardo se han vuelto grandes amigos. El primero es oriundo de Colón y el segundo de La Chorrera, pero antes que comenzara diciembre, ninguno sabía que el otro existía.

Ambos son pacientes de la Unidad de Quemados del Hospital del Niño (HN) y están allí por una sola razón: sufrieron quemaduras al manipular juegos pirotécnicos. Sus vidas se han cruzado por más de 10 días, y prometen no volver a jugar con las peligrosas bombitas.

Sus historias son muy parecidas a las de otros pequeños que ingresan al nosocomio por jugar con esos artilugios para estas fechas. En el caso de Jorge, hacía travesuras con uno de sus amigos, mientras sus padres se dedicaban a los oficios domésticos.

“Estaba con mi amigo y partimos la bombita. Sacamos la pólvora y cuando la encendimos me quemé. Mi vecino obtuvo la bombita de la escuela”, narra el pequeño de nueve años, que dice estar arrepentido ahora porque le duele cada vez que le lavan la herida. A Jorge le sacaron piel de la pierna para colocársela en las manos.

La situación de Ricardo no es mejor. Él participaba de una fiesta en la que encendieron bombitas y aprovechó el descuido de su familia para hacer lo mismo. Minutos después, todos corrieron a auxiliarlo porque el ardor en su mano era insoportable.

“Me llevaron al médico y colocaron mis manos en agua fría. Todavía me duele”, dice el niño de cinco años.

Tanto Jorge como Ricardo son atendidos por la jefa de la Unidad de Quemados, Marvis Corro. Esa sala tiene capacidad para 13 camas; sin embargo, la demanda se ha duplicado.

Corro señala que en noviembre y diciembre hay una mayor demanda. “Antes de noviembre hay entre 15 o 20 pacientes por mes, pero ahora la cifra es de entre 35 y 45 por mes”.

La especialista dice que a veces incluso hay más niños quemados fuera de la Unidad que dentro, por lo que deben habilitar otras salas, como la de Pediatría, para albergar a estos pacientes.

Hasta la fecha hay tres pacientes quemados por juegos pirotécnicos. El resto sufre heridas porque les han caído líquidos calientes, como agua o aceite.

“Todas son causas prevenibles que los padres pueden evitar”, acotó la jefa de la Unidad de Quemados.

Datos del HN dan cuenta de que en 2010 hubo 14 afectados por juegos pirotécnicos; en 2011 fueron 26, y en lo que va de 2012 se han registrado 3.

Trasciende que cuando un niño llega a ese nosocomio quemado por bombitas, los médicos levantan un “informe de investigación por sospecha de violencia o negligencia” que es enviado a un juzgado. Es decir, los padres podrían perder la tutoría de sus hijos en caso de que el juez determine que hubo negligencia.

Por su parte, Juan De Arco, jefe de Investigación de Incendios del Cuerpo de Bomberos, pide más responsabilidad a los padres de familia, ya que la mayoría de esos casos suceden por descuido. “Hay que estar pendientes con qué juegan nuestros hijos”, agregó el agente.

Sostuvo que si se desea usar juegos pirotécnicos, estos deben ser manejados únicamente por adultos.

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