Ciudades para vivir

“No puedes construir una ciudad en la que el rey sea el carro. Sería necesario, imprescindible, que esa ciudad fuera para vivir, no simplemente para usarla como vía de paso. Debe ser una ciudad que tenga más espacio público, más espacios de relación”.

Esto es lo que afirma Félix Manito (Barcelona), experto en gestión cultural y urbana, director de la Fundación Kreanta y uno de los principales impulsores del concepto de Ciudades Creativas.

Manito ha tenido una visión fugaz de la ciudad de Panamá, a la que por primera vez vino hace dos semanas para participar en el taller “Ciudades creativas: creando cultura, ciudad y emprendimiento”, del programa Investigación y Desarrollo en Cultura de la Universidad Tecnológica de Panamá. Y se ha dado cuenta, al segundo, de que la fachada de rascacielos y obras de infraestructura en construcción –sin duda necesarias– ocultan (o revelan) otra realidad: una ciudad que no es para la gente.

Pero su consejo no solo es aplicable a la ciudad de Panamá, sino a cualquier urbe en donde no se piense primero en quienes la habitan.

“Lo que está comprobándose cada vez más es que la ciudad sí necesita infraestructuras que favorezcan la movilidad y los servicios básicos, nadie lo niega, pero estas deben estar al servicio de las personas”, expresó.

“Creo que las ciudades latinoamericanas deberían promover más el uso de la bicicleta. Hay ciudades como Copenhague (Dinamarca), donde más del 40% de la movilidad de la ciudad se hace en bicicleta”, destacó.

Esas son apuestas clave, dice, para producir una ciudad diferente, “para generar maneras diferentes de relacionarse, de comunicarse, de crear comunidad, se debe evitar que en la ciudad se viva simplemente en espacios cerrados. Me voy del espacio cerrado de la casa, a espacio cerrado del carro, al espacio cerrado del mall. Es una experiencia vital muy limitada”.

´Urbanismo social´

Un término muy común dentro del concepto de ciudades creativas es el de “urbanismo social”.

“Significa que los procesos de transformación urbana de las ciudades (generalmente originados desde la propia comunidad) sean participativos con los ciudadanos, estén orientados a buscar respuestas de creación de espacio público para el desarrollo humano”, dijo.

Este concepto va más allá de la simple dependencia de las decisiones de las autoridades locales o de los políticos. Busca justamente que la comunidad se involucre en la toma de decisiones de los asuntos que le atañen y le preocupan, que se apropie de su espacio vital y de lo que quiere que suceda con él.

“Los ciudadanos tienen que ser más proactivos, no tienen que esperar que les lleven las soluciones. Tienen que crear cooperación, sumar voluntades. Conseguir que ese proyecto se lo apropien más ciudadanos y más instituciones”, manifestó Manito.

CULTURA Y CAMBIO

Un elemento clave para cambiar el significado de ciudad y ciudadanía, es la cultura. Apostar por ella es fundamental en el concepto de las ciudades creativas.

“No es entender la cultura como un lujo, sino como un bien de primera necesidad; esas inversiones ayudan a construir comunidad, identidad, fusión social, ayudan a reforzar las vinculaciones con el sector educativo, es una inversión más rentable que en seguridad”.

Manito considera que la inversión pública en este tipo proyectos y de formación tiene una excelente relación costo-beneficio.

“Un tema clave para construir una ciudad creativa es la inversión en la formación artística; hay que poner acento en la creación de talento. Hay mucho talento en América Latina, mucha capacidad creativa. Las políticas públicas deben ayudar a esto. Estas políticas tienen unos costes muy limitados, pueden ser menores que el asfaltado de algunas calles”.

CIUDADES MÁS HUMANAS

“Ciudades creativas”, explica Manito, es un término aplicado a ciudades “en las que se apuesta por hacer de la cultura un eje central del desarrollo, así como la creatividad y la innovación. Y el protagonismo está en las personas”.

Manito contrapone este concepto a otro, muy en boga también: el de las “ciudades inteligentes” (smart cities), centradas en la aplicación de tecnologías de la información para hacer más eficiente la gestión de la ciudad. “Es una visión muy restrictiva en el proceso de ciudad”, puntualiza.

Medellín: ¿un milagro replicable?

En menos de una década, una de las ciudades más violentas del mundo se convirtió en un laboratorio social de paz, convivencia e innovación cultural y urbana. El fenómeno de Medellín, Colombia, atrae por igual a urbanistas, sociólogos y gestores culturales que buscan aprender de este milagro. Para Félix Manito, Medellín es una muestra de lo que se puede lograr cuando las voluntades de los ciudadanos se unen en un esfuerzo común. “La principal característica de Medellín es que hubo unos gobernantes que hicieron una apuesta por la transformación de la ciudad, se podía hacer frente a esa situación de violencia a través de un esfuerzo compartido de todas las instituciones”. En este sentido, considera que el proyecto con mayor impacto social fue la creación de los parques biblioteca, grandes centros culturales con la mejor infraestructura, en los barrios más marginados y violentos. La vida de la gente allí cambió.

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