ESTADOS UNIDOS

Donald Trump rechaza pedido de recuento de votos

El presidente electo afirma que el resultado es definitivo. El equipo de Clinton afirma que estará representada legalmente en estas acciones.

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El resultado de las últimas elecciones presidenciales estuvo muy cuestionado debido a algunos estados que votaban con máquinas electrónicas. El resultado de las últimas elecciones presidenciales estuvo muy cuestionado debido a algunos estados que votaban con máquinas electrónicas.
El resultado de las últimas elecciones presidenciales estuvo muy cuestionado debido a algunos estados que votaban con máquinas electrónicas.

El presidente electo Donald Trump condenó ayer la campaña para recontar votos en tres estados que fueron cruciales para su victoria en las elecciones del pasado 8 de noviembre, la primera vez que enfrenta al Partido Verde mientras realiza gestiones para formar su gabinete.

El magnate neoyorquino, quien durante la campaña aseveró a diario que la elección estaba “amañada”, expresó en un comunicado difundido por su equipo de transición que el plan para el recuento es “un timo del Partido Verde para una elección que ya ha sido reconocida”.

Trump había hecho poco caso a la lucha de la candidata presidencial de los verdes Jill Stein para revisar los totales de votación en Wisconsin, Michigan y Pennsylvania.

Las autoridades de Wisconsin anunciaron el pasado viernes que realizarían el primer recuento de elección presidencial en la historia del estado.

“El pueblo ha hablado y la elección terminó”, declaró Trump ayer. “Debemos aceptar este resultado y mirar hacia el futuro”, zanjó.

Al mismo tiempo, Trump se apresura a cubrir puestos en su gabinete, pues apenas ha arañado la superficie de la tarea de crear el enorme equipo necesario para operar su gobierno antes de la investidura del 20 de enero.

Los expertos dicen que las transiciones presidenciales son de gran vulnerabilidad para la nación, y entre las vacantes están los titulares de los departamentos de Defensa, Estado y Seguridad Nacional.

Por su parte, la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton se unió formalmente al esfuerzo para el recuento de votos.

Stein, quien recibió el 1% de los sufragios a nivel nacional, ha recaudado millones de dólares para cubrir el costo del recuento.

“Debido a que no habíamos descubierto ninguna evidencia justificable de hackeo o de intentos externos de alterar la tecnología de votación, no habíamos planeado ejercer esta opción por nuestra cuenta”, escribió el sábado en un blog el abogado de la campaña de Clinton, Marc Elias.

“Pero ahora que comenzó un recuento en Wisconsin, tenemos la intención de participar con el fin de asegurarnos de que el proceso se realice de una manera justa para todas las partes”.

Elias dijo que Clinton tomaría el mismo curso de acción en Pennsylvania y Michigan si Stein hace solicitudes de recuento en esos estados, aun cuando resulta poco probable que ello cambie el resultado de las elecciones.

“Sin importar el potencial para cambiar el resultado en alguno de los estados, creemos que es importante, en principio, asegurarnos de que nuestra campaña esté representada legalmente en cualquier proceso judicial y representada en el lugar de los hechos para vigilar el proceso de recuento”, escribió Elias.

Clinton obtuvo cerca de 2 millones de votos más que Trump, pero el magnate ganó 290 votos electorales por 232 de Clinton. Se requieren 270 votos electorales para ganar la Presidencia.

“Los resultados de esta elección deben ser respetados, no impugnados ni maltratados, que es exactamente lo que está haciendo Jill Stein”, apuntó Trump en el comunicado, que no hace referencia a la participación de Clinton.

SUPREMACISMO

Mientras, uno de los argumentos de los que se oponen a que Trump tome posesión de su cargo el 20 de enero porque está incluyendo en su gabinete a personas que se identifican con los sectores más reaccionarios de la derecha estadounidense, sigue tomando fuerza, a pesar de que Trump puso distancia esta semana del apoyo de los supremacistas blancos que han celebrado su elección.

La población teme el impacto del movimiento en su gobierno o si habrá más reacciones de odio en su nombre.

Miembros de la autodenominada alt-right (derecha alternativa) han exultado los resultados de las elecciones del 8 de noviembre con expresiones en público como “¡Hail Trump!”, mientras alzan el brazo haciendo el saludo nazi.

El Ku Klux Klan planea festejar la victoria del republicano con un desfile el mes entrante en North Carolina.

Defensores de los derechos civiles han retrocedido citando un aumento en el acoso e incidentes contra personas de raza negra, judíos, latinos, musulmanes, gais, lesbianas y otros grupos minoritarios desde que se efectuaron las elecciones.

El presidente electo ha atraído numerosas críticas por su lentitud para condenar a los supremacistas blancos. Su denuncia más fuerte al movimiento no fue voluntaria, sino que llegó cuando se le preguntó.

Aún más, Trump ha nombrado a Stephen Bannon –un conservador y provocador de los medios de comunicación que dio forma a los últimos meses de campaña de Trump– como el principal estratega de la Casa Blanca que trabajará a unos pasos de la Oficina Oval. El nombramiento de Bannon se ha vuelto un punto de referencia para ambas partes.

Los detractores del presidente electo y la llamada derecha alternativa que lo apoya están ampliamente de acuerdo en una cosa: no importa siquiera lo que piense el mismo Trump o cómo defina su propia ideología, ya que la retórica de su campaña ha envalentonado la identidad política de blancos que ayudará a definir su gobierno.

“Esos grupos claramente ven algo y escuchan algo que les hace creer que él es quien simpatiza con su voz y su punto de vista... Donald Trump ha asumido la responsabilidad de eso”, dijo el legislador Elijah Cummings, de Maryland, un demócrata negro. Él fue uno de los 169 miembros del Congreso que firmaron una carta oponiéndose al nombramiento de Bannon a la Casa Blanca.

El líder supremacista Richard Spencer opina que Trump y la derecha alternativa “van en la misma línea”. Según él, ni Trump ni Bannon son un movimiento “identitario”, el término preferido de Spencer al hablar de su política definida de forma racial.

Sin embargo, Spencer asegura que la elección de Trump valida la opinión del líder supremacista de que Estados Unidos debe rechazar el multiculturalismo y la “corrección política” y decantarse por su herencia blanca cristiana europea.

El grupo de Spencer, el Instituto de Política Nacional, fue noticia hace poco por una reunión que tuvieron donde algunos asistentes hicieron el saludo nazi mientras celebraban a Trump. Spencer indicó que los saludos fueron una “exuberancia irónica” que “los principales medios de comunicación no entienden”.

Pero en la Liga Antidifamación (ADL), que registra incidentes de antisemitismo, Oren Segal dijo que esto es parte de una preocupante atmósfera postelectoral vinculada a los 17 meses de campaña de Trump.

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