BÉISBOL. LAS ESTADÍSTICAS NO SON SUFICIENTES.

Dopaje opaca los récords

Hay opiniones encontradas sobre la inclusión en el Salón de la Fama de figuras que brillaron en la era del dopaje.

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(De izq. a der.) Barry Bonds, Roger Clemens y Sammy Sosa volvieron a ser víctimas del fantasma de los esteroides y no recibieron el número suficiente de votos para entrar al Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas. AP/Archivo. (De izq. a der.) Barry Bonds, Roger Clemens y Sammy Sosa volvieron a ser víctimas del fantasma de los esteroides y no recibieron el número suficiente de votos para entrar al Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas. AP/Archivo.
(De izq. a der.) Barry Bonds, Roger Clemens y Sammy Sosa volvieron a ser víctimas del fantasma de los esteroides y no recibieron el número suficiente de votos para entrar al Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas. AP/Archivo.

La era de los esteroides, que comenzó a finales de la década de 1980 con las declaraciones del cubano José Canseco, transformó el béisbol profesional en todos los sentidos.

La inclusión de los peloteros al Salón de la Fama de Cooperstown enfrenta desde entonces aspectos grises, casi de novela.

Canseco, recordado por su vida loca fuera del diamante y su poder a la hora del bateo con los Atléticos de Oakland, abrió una de las páginas más amargas del béisbol estadounidense.

Al admitir que utilizó esteroides para aumentar su rendimiento, muchas estrellas de la gran carpa siguieron un camino que los llevó al abismo del descrédito que manchó su carrera.

Figuras como Roger Clemens, Barry Bonds, Sammy Sosa, Mark McGwire, Jason Giambi, Rafael Palmeiro, Andy Petitte, Miguel Tejada y otros más han tenido que dar la cara por sus conductas, al ser señalados por la opinión pública.

Incluso, McGwire, recordado por su duelo de cuadrangulares con el dominicano Sosa, ha sido rechazado en ocho ocasiones para entrar al Salón de la Fama y, como pintan las cosas, ello se ve muy difícil por el momento.

Como él, decenas de jugadores han visto con pesar y lágrimas la oportunidad perdida de entrar al recinto de los inmortales. Barry Bonds, Roger Clemens y Sammy Sosa son los más recientes y connotados astros que han afrontado esa decepción.

Los números de Bonds son realmente impresionantes. Mayor cantidad de jonrones de por vida: 762.

En la temporada de 2001, disparó 73 cuadrangulares, la mayor marca impuesta en la pelota estadounidense.

Sin embargo, ni su récord de cuadrangulares en las Grandes Ligas, ni los títulos ganados en series mundiales le fueron suficientes para convencer a los que firman el paso a Cooperstown.

Para los electores, la mancha del dopaje pesa más que los números.

En esta última elección, Bonds, Clemens y Sosa observaron cómo fueron exaltados al Olimpo del deporte los lanzadores Tom Glavine, Greg Maddux y el bateador Frank Thomas.

EL INICIO

La bomba del dopaje y el uso de sustancias prohibidas en el béisbol organizado explotó en 2005 cuando varios jugadores tuvieron que rendir cuentas al Congreso de Estados Unidos por sus actuaciones.

La pregunta que se hacen los expertos en béisbol es si debe incluirse a las estrellas de la era de los esteroides en el Salón de la Fama.

Según lo visto durante los últimos años en las votaciones, la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA, por sus siglas en inglés) no tiene eso en mente por ahora.

USA Today resalta una nota de la agencia DPA en la que defiende a los peloteros del ciclo del dopaje.

El Salón de la Fama honra a los grandes jugadores, no a las personas sanas. Barry Bonds pudo haber sido un imbécil y estaba dispuesto a romper las normas para ser mejor, pero también sabía cómo golpear la pelota, destaca la nota publicada por el diario especializado.

Rod Carew, figura del béisbol

El panameño Rod Carew no necesitó ningún tipo de sustancia que elevara su rendimiento para triunfar.

Carew, quien jugó con los Minnesota Twins y California Angels en los años 1970 y 1980, es miembro del Salón de la Fama de Cooperstown gracias a sus impecables números.

Desde su llegada a las Grandes Ligas su poder en el bate se hizo sentir de inmediato y fue pieza clave en la ofensiva de sus respectivos equipos.

Conquistó, según las estadísticas, siete títulos de bateo y su promedio de .388, en 1977, fue el más alto en la pelota estadounidense desde los .406 de Ted Williams en 1941.

Entró al Salón de la Fama en 1991, luego de una carrera que empezó en 1967 y terminó en 1985.

Su estilo de bateo fue agresivo y su recorrido de bases recordado por los fanáticos que tuvieron el honor de observar su carrera.

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