funeral de estado

Exhuman restos de Arias M.

El mandatario, Ricardo Martinelli; el vicepresidente, Juan Carlos Varela, ministros de Estado y los expresidentes Francisco Flores, de El Salvador; Ricardo Calderón Fournier, de Costa Rica; Fernando de La Rúa, de Argentina, y Álvaro Uribe, de Colombia, entre otras personalidades asistieron a los actos de ayer.

 

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Los restos del tres veces presidente de la República, Arnulfo Arias Madrid, fueron exhumados ayer en un acto realizado en el cementerio Jardín de Paz, en donde permanecían desde hace 23 años cuando fue sepultado el 15 de agosto de 1988. Arias Madrid falleció en Miami, Estados Unidos, el 10 de agosto de ese año. Tenía 87 años.

Aproximadamente a las 7:15 a.m., Mireya Moscoso, exmandataria y viuda de Arias Madrid (vestida con un traje negro y con una rosa roja en las manos) bajó de un automóvil y se dirigió a la fosa donde fueron exhumados los restos del expresidente.

Moscoso oró a solas dentro de la carpa que se instaló para exhumar los restos del también fundador del Partido Arnulfista. Luego salió visiblemente afectada con lágrimas en el rostro.

Miembros de la guardia de honor presidencial, que le colocaron al féretro la bandera panameña e hicieron una calle de honor, transportaron el atáud hasta la capilla del Jardín de Paz.

La bandera nacional ondeó a media asta por ser día de reflexión nacional, por los actos en honor al exmandatario que gobernó en 1940, 1949 y 1968, pero no pudo culminar ninguno de sus mandatos, porque en las tres ocasiones fue derrocado.

Al cementerio acomparon a Moscoso familiares, allegados y exfuncionarios de su gobierno.

Posteriormente en esa capilla se realizó un velatorio de los restos, desde las 8:00 a.m. hasta las 3:30 p.m., cuando el carro bomba No. 155 del Cuerpo de Bomberos de Panamá trasladó el sarcófago hasta la Catedral Metropolitana, en San Felipe. El recorrido tomó cerca de dos horas.

Antes de llegar a la Catedral, el carro bomba y la caravana que lo acompañaba hizo tres altos: en la iglesia del Carmen; en la basílica de Don Bosco y en el parque de Santa Ana.

varela se une

En la basílica de Don Bosco, en Calidonia, miembros del Partido Panameñista, encabezados por el presidente del colectivo y vicepresidente del país, Juan Carlos Varela, se unieron al cortejo y lo acompañaron a pie hasta la Catedral Metropolitana.

“Él es un gran ejemplo para las futuras generaciones, y para los actuales dirigentes del partido de que la transparencia en el manejo de los fondos públicos debe darse con austeridad”, dijo Varela.

Al continuar el recorrido, las personas que se agolpaban a los costados de la avenida Central gritaban ¡que viva el doctor Arnulfo Arias!, ¡Presente, presente, Arnulfo está presente!

En el parque de Santa Ana, donde el desaparecido líder panameñista pronunció varios de sus discursos, policías municipales le hicieron una calle de honor.

En Catedral

Al llegar el féretro a la Catedral Metropolitana, Moscoso era esperada en las afueras por los invitados especiales: los expresidentes Francisco Flores, de El Salvador; Ricardo Calderón Fournier, de Costa Rica, y Fernando de La Rúa, de Argentina. Posteriormente llegó el exmandatario de Colombia Álvaro Uribe.

Dentro de la iglesia estaba el presidente, Ricardo Martinelli, con varios de sus ministros.

Durante la homilía, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, quien presidió la misa, recordó la figura de Arnulfo Arias Madrid y dijo que “no basta rezar por los muertos, siempre hay algo que aprender de ellos. La muerte del doctor Arnulfo Arias Madrid, tres veces presidente de la República, nos recuerda que la obligación de trabajar y sacrificarse por la patria no es solo función de los que gobiernan, sino de todos”.

martinelli declinó

Mientras que el canciller Roberto Henríquez, quien fue designado por Martinelli para dar el discurso en nombre del Ejecutivo, indicó que el Gobierno panameño quiere dejar testimonio de que comparte el respeto por este gran líder, junto con los que vivieron su trayectoria y los que lo trataron en la intimidad de la amistad.

“Arnulfo Arias fue un constructor de partidos, un conductor de su pueblo y un creador de instituciones que aún perduran; rindámosle honores a uno de los panameños de la historia política y social del país”, dijo.

A su salida de la iglesia, el presidente, Ricardo Martinelli, indicó que como mandatario era un deber que tenía, así como lo tienen todos los panameños, de honrar a una persona que tanto hizo por Panamá. “Ya estamos dándole cristiana sepultura y llevándolo al lugar donde él y su esposa siempre quisieron que estuviera”.

Martinelli fue evasivo con la prensa y no explicó por qué declinó dar el discurso en el funeral de Estado.

En tanto, el expresidente de Colombia Álvaro Uribe indicó que su presencia en este acto tenía como finalidad rendirle un homenaje a un gran demócrata, no solamente de Panamá, sino de todo el continente.

En capilla ardiente

Los restos de Arias Madrid se mantendrán en capilla ardiente en la Catedral Metropolitana hasta las 7:00 a.m. de hoy, cuando se realizará una bendición religiosa.

Luego partirán hacia el monumento en su honor ubicado en Balboa, corregimiento de Ancón. Posteriormente a las 8:30 a.m. está programada la partida de la caravana hacia Penonomé, Coclé, donde seguirán los actos del funeral de Estado.

Mandatarios en gris y negro

Suena exagerado, pero es casi verdad: en este aún rudimentario ejercicio de la política local, algunos personajes han logrado escalar hasta el Olimpo, aunque en sus vidas haya razones para visitar el inframundo.

Para empezar, habría que recordar que Panamá comenzó a ser República apenas en 1903. Antes apéndice de Colombia y, durante siglos, territorio conquistado por los españoles, a partir de 1903 y hasta 1999 el país se convirtió en “anfitrión” del enclave estadounidense de la Zona del Canal.

Es en medio de este escenario geopolítico que nacieron y crecieron algunos de “nuestros caudillos”.

El primero en ganarse el preciado adjetivo fue Belisario Porras, quien gobernó el país tres veces.

Recordado como un hombre reformista y modernizador, construyó caminos, puentes, hospitales y escuelas. Es uno de los pocos que logró completar dos períodos presidenciales, más un tercero de 110 días.

Pero Porras fue también cuestionado por su actuación en la guerra de Coto, y se dice que era egocéntrico e irascible.

El segundo en lograr la categoría de caudillo fue Arnulfo Arias. Así lo recordó un panameñista hace unos días –“Arnulfo Arias fue un líder, un caudillo”–, a propósito del funeral de Estado que más de 20 años después de su muerte se le hizo al expresidente.

Mandatario varias veces, Arias tiene, por supuesto, razones para tener su puesto en el mundo de los dioses de los presidentes panameños: era carismático, movía masas, se enfrentó a la dictadura, creó la Caja de Seguro Social y las vacaciones pagadas cada 11 meses, por ejemplo.

Pero también persiguió a los marxistas, mostró simpatía por la Alemania nazi y aprobó una Constitución, la de 1941, que en su artículo 23 decía: “El Estado velará porque inmigren elementos sanos, trabajadores, adaptables a las condiciones de vida nacional, y capaces de contribuir al mejoramiento étnico, económico y demográfico del país. Son de inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma original no sea el castellano, la raza amarilla, y las razas originarias de la India, el Asia menor y norte de África”.

Dicho corto, Arias era xenófobo, aunque quienes lo ensalzan le llamen nacionalista.

El tercer caudillo es Omar Torrijos. “Cariñoso” con el pueblo, este militar promovió la alfabetización masiva e hizo alcanzable la educación superior para los más pobres. Durante su mandato se logró la firma de los tratados Torrijos-Carter, lo que hizo posible la reversión de las tierras canaleras y de la administración del Canal.

Pero no hay que olvidar que Torrijos llegó al poder con un golpe de Estado, que persiguió a sus opositores y que durante esos primeros años de gobierno de facto hubo muertos y desaparecidos.

Con tanto gris y negro, ¿por qué las lágrimas? ¿Por qué los funerales multitudinarios? ¿Por qué la costumbre de recordar solo lo bueno?

Como dijeron algunos docentes en una entrevista anterior, tal vez es hora de contar la historia con sus causas, sus procesos y consecuencias, en vez de limitarse a una única y beatífica versión.

ANA TERESA BENJAMÍN

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