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reapertura de embajadas entre washington y la habana

Expectativa por la nueva era EU-Cuba

Después de 54 años, 6 meses y 17 días, Estados Unidos y Cuba dan un paso clave en la normalización de sus relaciones diplomáticas. En las calles de La Habana la esperanza de esta generación es que la calidad de vida de los 11.2 millones de cubanos mejore.

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Las banderas de los dos países, en un vehículo en La Habana, dejan claro el momento histórico que se vive entre dos naciones por mucho tiempo enemistadas. Las banderas de los dos países, en un vehículo en La Habana, dejan claro el momento histórico que se vive entre dos naciones por mucho tiempo enemistadas.

Las banderas de los dos países, en un vehículo en La Habana, dejan claro el momento histórico que se vive entre dos naciones por mucho tiempo enemistadas.

Dos turistas esperaban montar un bicitaxi este domingo, frente al edificio de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba. Dos turistas esperaban montar un bicitaxi este domingo, frente al edificio de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba.

Dos turistas esperaban montar un bicitaxi este domingo, frente al edificio de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba.

En este edificio funcionará a partir de hoy la Embajada de Estados Unidos en Cuba. En este edificio funcionará a partir de hoy la Embajada de Estados Unidos en Cuba.

En este edificio funcionará a partir de hoy la Embajada de Estados Unidos en Cuba.

Sección de Intereses de Cuba, previo a su apertura como Embajada de Cuba en Washington D.C. Xinhua Sección de Intereses de Cuba, previo a su apertura como Embajada de Cuba en Washington D.C. Xinhua

Sección de Intereses de Cuba, previo a su apertura como Embajada de Cuba en Washington D.C. Xinhua

Desde un Pontiac de 1950 que utiliza como taxi en La Habana, Federico analiza el momento histórico que se vive entre Estados Unidos (EU) y Cuba: “Cambios, cambios, realmente no se han visto (...) aunque ahora hay más turistas”.

Sus palabras, que refuerza con el dicho popular “la esperanza es lo último que se pierde”, reflejan la expectativa de los cubanos frente a la reapertura, hoy, 20 de julio, de las embajadas de EU y Cuba después de medio siglo de enemistad.

Esa relación se rompió el 3 de enero de 1961, cuando en EU gobernaba Dwight Eisenhower y en Cuba Fidel Castro.

Si bien en La Habana hay expectativa, los actos principales tienen lugar en Washington, siete meses después de que los presidentes estadounidense, Barack Obama, y cubano, Raúl Castro, sorprendieran con el anuncio de un acercamiento bilateral.

El canciller cubano Bruno Rodríguez encabezará la delegación de 30 personas que asiste a la reapertura de la embajada, hasta ayer un edificio que acoge la Sección de Intereses cubanos en Washington.

Según La Habana, es la primera visita con carácter oficial que hace a Washington un ministro de Exteriores de Cuba desde 1959, cuando triunfó la revolución liderada por los hermanos Fidel y Raúl Castro.

Es el segundo encuentro más importante entre las autoridades de las dos naciones, luego de la histórica reunión en Panamá entre Castro y Obama, en la última Cumbre de las Américas.

Cuba, ‘queremos el futuro’

En una valla gigante desgastada por la lluvia y el sol del Caribe, se lee en letras blancas: “preferimos aferrarnos a la esperanza”.

El letrero, ubicado en Boyeros, una de las principales vías de La Habana quizá recoge el sentimiento que embarga por estos días a miles de cubanos: esperanza, expectativa, inquietud, ilusión. Algo está por pasar, y en la calle, el cubano lo siente, lo anhela, lo espera.

Héctor Suárez espera por el futuro. De camisa blanca impecable, jeans, y zapatos meticulosamente lustrados, el habanero de 31 años, lo resume en tres palabras: “queremos el futuro”. “Queremos wifi, la tecnología… eso nosotros no lo conocemos”. “Necesitamos trabajo, un futuro. Estamos apostando a que vengan turistas “americanos”, agrega.

¿Y qué significa para ustedes lo que va a pasar el lunes (hoy)?, le pregunto. “Eso para nosotros es muy ‘impoltante’... Cuba iza la bandera en Estados Unidos (EU) y ellos la izan aquí en La Habana después de 54 años”, contesta.

Continúa: “Esta es otra generación, no somos nuestros padres, pensamos distinto, queremos otras cosas”.

Marta Camargo, morena, de risa fácil y voz vibrante, tiene una mirada más aguda. Si bien dice que se han dado grandes pasos en el restablecimiento de las relaciones de su país y Estados Unidos, es consciente de que aún falta “mucha tela por cortar”.

“Paso a paso, eso va a demorar, los cambios no se van a ver enseguida, primero tienen que quitar el bloqueo y devolvernos Guantánamo, estamos contentos… pero esto no es tan fácil”. Cuenta esto mientras echa un vistazo a la televisión que a esa hora transmitía un episodio clave de los juegos Panamericanos en Toronto, Canadá. Cuba y EU libran otro duelo, pero esta vez en el deporte.

“Se dejó ganar, se dejó ganar, los americanos se montaron”, grita frustrada justo cuando Estados Unidos logra una carrera que aleja a Cuba de alcanzar “la victoria”, esta vez, en un partido de béisbol. Al final, el mano a mano concluyó así: Cuba: 5- EU: 6.

“Socialismo o muerte”, dice en un mural. No sé si Héctor Suárez esté de acuerdo con ese pregón. “Somos otros, pensamos muy distinto a nuestros padres, queremos que vengan las oportunidades”, lo dice otra vez.

Pero a muchos kilómetros de allí, en un recinto cerrado sí se vivía la revolución. Se inauguraba el X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Allí estaba Raúl Castro, el mandatario de la isla. O el general del Ejército, Raúl Castro Ruz, primer secretario del comité central del partido Comunista, como le dicen sus seguidores, siguiendo las normas del protocolo de la revolución. O simplemente Raúl, como le dice el cubano de a pie.

Los jóvenes socialistas se congregaron para hablar de cómo hacerle frente a las nuevas realidades tecnológicas, del empleo y para reflexionar sobre la ubicación laboral y la implementación de la política económica del partido y de la revolución.

De paso, homenajearon a los cinco hombres que fueron liberados por EU en diciembre pasado, como parte de los acuerdos para activar sus relaciones. “Los cinco héroes” como les llaman en casa. Uno de ellos, Gerardo Hernández, eufórico, se refirió al tema del momento. “Vamos a tener relaciones diplomáticas con Estados Unidos sin haber cedido ni ápice de nuestros principios. La historia demuestra que manteniéndose fiel a nuestros valores la victoria llega”.

Coincidencialmente usó una metáfora ligada al béisbol para opinar sobre los tiempos que se le avecinan a la isla: “Ahora estamos inmersos en un proceso que debió incurrir hace mucho tiempo y no faltarán quienes intenten destruirnos por medio de otras vías, van a querer poncharnos de todos modos, pero tenemos que tener el bate preparado”.

En los barrios de La Habana, el mítico Radio Reloj avisa la hora cada minuto y las voces graves de un hombre y una mujer empiezan a emitir noticias. Un minuto, una noticia. “Cuba izará su bandera en la embajada cubana en Washington..”, Radio Reloj. “[Rafael] Correa insta a no participar en el paro anunciado…”. Radio Reloj. La Habana calurosa y coqueta acoge a sus hijos y huéspedes.

Federico, en su Pontiac de 1950, acomoda a varios “pasajes”, clientes, usuarios. “¿Que qué opino de la apertura de las embajadas?”, se pregunta el conductor cuando le consulto sobre el tema.

“Bueno, esperamos que todo sea para bien”, dice. “Cambios, cambios, realmente no se han visto… aunque sí, ahora hay más turistas”, añade. Y remata diciendo: “Lo último que se pierde es la esperanza”.

Néstor se monta en el Pontiac. Como buen cubano, alegre, conversador, jovial, se une a la conversación. “Esto no es solo por el turismo. El turismo es uno de los beneficios. Se trata de la reconstrucción de la relación entre dos países después de 54 años. Esto es muy grande”, explica.

Es que si algo tiene el cubano, y aunque suene contradictorio por la situación particular de la isla, es que está bien informado. Conoce su historia. La recita, la respeta. “Primero tiene que venir el fin del bloqueo que es lo que nos ha estado asfixiando”, dice. Entonces le consulto: ¿Y Guantánamo? “Mire, eso pa el cubano de la calle es irrelevante, eso es un pedacito ahí que no nos sirve pa na”, concluye.

La hasta ayer oficina de intereses comerciales de Estados Unidos en Cuba, y desde hoy embajada, está ubicada en un lugar estratégico del malecón habanero. Se trata de un edificio que se distingue de las demás construcciones del área, porque tiene la mezcla de vidrio y cemento que nunca faltan en las construcciones de la diplomacia estadounidense. Al frente, una bandera de Cuba se mece con el vaivén de la brisa veraniega que se instala por estos días en esta parte del Caribe.

Cuenta un lugareño que la bandera llegó allí para ocultar las noticias que emitía un aparato digital que la oficina estadounidense puso en su área. “La pusieron [la bandera] para que los cubanos no viéramos las noticias”. ¿Y qué tipo de noticias eran?, consulto. “Si había pasado un terremoto en algún país, de economía, de cultura, de todo”.

No se sabe si a partir de hoy, lunes, la bandera cubana seguirá allí, pero lo que sí es un hecho es que de este 20 de julio, la bandera estadounidense se izará en suelo cubano.

No habrá un acto de gran perfil como el que se dará en EU. Será algo discreto, sin ruido. El gran evento se desarrollará cuando el secretario de Estado de EU, John Kerry, venga a la isla. No hay una fecha definida.

Sin embargo, Kerry recibirá hoy a Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.

Es el segundo encuentro más importante entre autoridades de ambas naciones, luego del histórico encuentro en Panamá entre Castro y Barack Obama, presidente de EU. “La cita de Rodríguez y Kerry será mucho más que un apretón de manos y una foto”, dijo recientemente el portavoz estadounidense John Kirby.

Es lo mismo que piden los cubanos, que la tan publicitada nueva relación entre ambos países no se quede en saludos y fotos. Quieren ver acciones concretas. De esto depende su futuro. Por ahora.

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