Fuego de largo aliento

En febrero de 2002, el Cuerpo de Bomberos de Panamá anunció que la institución integraría su información al Nodo de Transparencia de la Defensoría del Pueblo, para “disipar rumores” sobre su gestión. Allí se incluirían planillas, salarios, contratos, compras y otros movimientos administrativos.

Esto parecía ser una reacción a la evaluación del control interno y auditoría financiera intermedia del Cuerpo de Bomberos de Panamá, elaborada en conjunto con la Contraloría General de la República, que revelaba irregularidades.

Las anomalías incluían diferencias entre los saldos de las conciliaciones bancarias y los libros de banco; irregularidades en el manejo de la caja menuda y entrega de cheques en el departamento de contabilidad. Así como cuentas de cobranza dudosas.

El entonces comandante Leopoldo Mojica había dicho que las “fallas” detectadas fueron cometidas en períodos previos a su toma de posesión, y que muchas ya habían sido corregidas.

Pero había tensiones y malestar a lo interno de la institución. Según algunas denuncias, como la efectuada en diciembre de 2003 por el exalcalde de Colón Alcibiades González, “los comandantes se sienten apoyados por una mayoría de oficiales en las respectivas Juntas de Oficiales, cuyas designaciones de a dedo en el caso de los profesionales no guardan relación alguna con el número de integrantes de la institución. Es tal el caso de que hay más oficiales “profesionales” que oficiales de combate de incendio, léase de la Guardia Permanente”.

Tres años más tarde, lo que se sentía en la institución era impotencia. Bomberos de la Zona 1 de Panamá manifestaron públicamente su inconformidad con la falta y precariedad de sus equipos e implementos de trabajo.

Además, pedían que el Ministerio de Gobierno y Justicia discutiera con ellos un pliego de 12 puntos que incluía temas como ajustes salariales pendientes desde 2005, la estructura de la organización, los horarios de trabajo, las jubilaciones y un proyecto de reglamento interno.

En abril de 2007 seguían los reclamos por mayor presupuesto. Ese mes también se ordenó una auditoría a las finanzas del Cuerpo de Bomberos. La medida ordenaba, asimismo, la separación del comandante primer jefe Mario Ramírez. El Consejo de Directores de Zona separó a Ramírez y nombró en su reemplazo a Luis Alberto Rodríguez Alcedo, pero la decisión creó malestar y eventualmente llevó a reversar la medida. Pero luego de hacerse público el resultado de la auditoría, el Consejo separó definitivamente a Ramírez, quien denunció anomalías en la institución y pidió un investigación penal.

En diciembre de ese año el Ministerio de Gobierno y Justicia presentó un borrador de ley orgánica de esa institución, en el que se “descabezaba” las 11 zonas del Cuerpo de Bomberos en Panamá y dejaba la entidad bajo el mando de una sola dirección nacional. Este borrador fue presentado por el nuevo ministro Daniel Delgado Diamante a miembros del Consejo de Directores de Zona.

El 13 octubre de 2009, el Gabinete del nuevo gobierno retomó la iniciativa de reestructurar al Cuerpo de Bomberos y aprobó un anteproyecto de ley que debería presentarse al Legislativo. Ello lo hizo el nuevo ministro de Gobierno y Justicia José Raúl Mulino el día 26 de ese mes.

Un mes más tarde, el Cuerpo de Bomberos nombró al presidente Ricardo Martinelli coronel honorario y comandante en jefe. Ese día el mandatario asignó 19 millones de dólares a esa institución para comprar carros y equipo.

En febrero de 2010 el anteproyecto para reorganizar la institución fue aprobado en primer debate en la Asamblea Nacional. Según este, el Presidente tendría la potestad de nombrar al director del Cuerpo Bomberos de todo el país.

La iniciativa establecía la creación de un patronato de cinco miembros para supervisar al director de los bomberos, integrado por cinco miembros, pero bajo el control del Ejecutivo.

Otro punto importante es que los bomberos devengarían ahora el mismo salario y no uno distinto según provincia. El proyecto, como el anterior, también generó desacuerdos a lo interno de la institución.

Martinelli sancionó el 16 de marzo la Ley 10, que oficialmente creaba el benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá (CBP). Y el 24 de junio de 2010 el Presidente designó a Pablo Tuñón como primer director del CBP.

En marzo de 2011 se informó que el CBP manejaría ese año dos presupuestos: uno de funcionamiento, por 9.3 millones de dólares, y otro de inversión, de 10 millones de dólares. Pero la cantidad no era suficiente para cubrir las necesidades de la institución, según el propio Tuñón, quien dijo que se gestionaría un ajuste con el Ministerio de Economía y Finanzas.

Para mediados de 2012 el presupuesto de esa institución era de 16 millones de dólares, con un aproximado del 90% destinado solamente a planilla. Con mil 200 bomberos permanentes y 4 mil 200 voluntarios, Tuñón sostenía que había déficit de personal para cubrir las 11 zonas del país.

Hacia los primeros días de diciembre el malestar, según los bomberos, por la mala condición de los implementos de trabajo, la destitución de unos 300 colegas entre voluntarios, permanentes y administrativos durante los últimos dos años y el supuesto incumplimiento de la homologación salarial, hizo crisis. El director Tuñón ha alegado la tentativa de creación de un sindicato a lo interno del CBP, versión respaldada por el presidente Martinelli, cosa que ambos han dicho no puede permitirse.

Destituciones, huelgas de hambre y bloqueos han mantenido en vilo a la ciudadanía. También la petición de que Tuñón renuncie y la resistencia de este a tomar tal medida. La mediación de la Iglesia católica parece dar alguna esperanza de solución a las tensiones.

Una historia centenaria

Los bomberos de Panamá son anteriores a la República. Tan temprano como en 1870, se organizó la primera brigada voluntaria de extinción de incendios, en respuesta a los fuegos que solían proliferar por la ciudad con demasiada frecuencia. La Panamá No. 1, compañía de bomberos, adquirió bombas tiradas por caballos que no se adaptaron a las condiciones de la ciudad y se desintegró pronto.

En 1880 la Compañía del Canal Francés tenía bombas movidas por fuerza humana, que podían usarse como equipo de extinción. Sin embargo, no existía un personal calificado que pudiera hacer frente al constante y creciente peligro de las llamas.

El 18 de noviembre de 1887 Ricardo Arango y Rodolfo Halsted gestionaron la organización de un cuerpo de bomberos. Un mes más tarde, este cuerpo empezó oficialmente su andadura.

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