Gozo, disgusto y expectativa en Jumbo Rumba

El primer día de celebración del Carnaval de la City provocó diferentes sentimientos entre los participantes. Hubo quejas, pero también diversión.

Fiesta. En el Carnaval de la cinta costera laboran mil 100 agentes de la policía en turnos rotativos. LA PRENSA/Joniel Omaña Fiesta. En el Carnaval de la cinta costera laboran mil 100 agentes de la policía en turnos rotativos. LA PRENSA/Joniel Omaña
Fiesta. En el Carnaval de la cinta costera laboran mil 100 agentes de la policía en turnos rotativos. LA PRENSA/Joniel Omaña

El primer día de celebración del Carnaval de la City, la Jumbo Rumba, había personas contentas, disgustadas y hasta desorientadas.

Quienes participaban de los culecos estaban contentos por la cantidad de agua que los organizadores dispusieron para “gozar” la fiesta.

Cuando el reloj marcaba las 11:00 a.m., la música y la animación de los disc jockey se apoderaban del ambiente, y personas de todas las edades se remojaban al compás del regué de moda.

“Esto está de loco”, gritó al aire una mujer mayor, vestida con un pantalón lycra de color naranja y un suéter de los que regalan las compañías cerveceras para estas fechas, que iba rumbo a los culecos. Estaba sola, pero no parecía estar preocupada por eso. Expresó la frase, apuró el paso y desapareció entre los que disfrutaban del agua.

Otros quienes estaban divertidos, aunque no participaban de los culecos eran los esposos Pablo y Diana Davis, residentes en Inglaterra, quienes están de paseo en Panamá.

Ellos, sentados sobre el césped de la cinta costera, se distraían viendo a las personas pasar rumbo a los culecos.

También había quienes la celebración, al estilo panameño, los confundía. Este es el caso de una familia de turistas de Bermudas –archipiélago de América del Norte–, dos hombres y dos mujeres, quienes estaban en búsqueda de áreas para bailar y ver los desfiles, pero apenas era mediodía.

Descontento

Sin embargo, la fiesta no tenía a todos contentos. Los vendedores de comida y bebidas se mostraban preocupados, ya que el pasado viernes, día de la coronación de la reina, no lograron vender “ni una lata de soda”, por falta de energía eléctrica.

El panorama ayer al mediodía no había cambiado, ya que aún no contaban con el servicio.

“ Pagué $250 por el puesto y $115 adicional por el servicio de luz eléctrica, y no la instalaron a tiempo”, se quejó Coritza Linares,

Esta mujer comenzó su faena el pasado viernes a las 8:30 a.m. en vano, porque no había vendido nada.

Linares también se quejó de que por falta de acceso al agua potable tienen que comprarla a un particular a 50 centésimos el tanque.

No obstante, no es la única, porque Judith Bru, quien pagó $250 por un puesto de bebida y comida, y $85 por la energía eléctrica, dijo que “no hay agua, no hay luz, no hay nada”.

La ausencia de energía eléctrica provocó hasta acciones peligrosas, como fue la que realizó Yazmina Melo, quien para lograr que les conectaran el servicio se interpuso por delante de uno de los vehículos dedicados a esta actividad.

Hubo alegría y descontento, pero también mucha seguridad, por parte de agentes de la Policía Nacional (PN).

Bartolomé Agüero, director de Operaciones de la PN, dijo que mil 100 agentes laboran en tres turnos en la cinta costera.

Se llamó el varias ocasiones a Salomón Shamah, ministro de Turismo y organizador del Carnaval capitalino, para consultarlo sobre las quejas de los vendedores, pero no respondió.

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