SOCIEDAD. GOBIERNO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Guerras de titanes

Los gobiernos de Venezuela y Argentina parecen haber encontrado otro camino para callar las voces opositoras: comprar medios o espacios.

Jorge Lanata ha de estar contento esta semana.

El domingo 26 de mayo emitió como de costumbre su programa Periodismo para todos en el canal El Trece del argentino Grupo Clarín, pero esta vez tuvo una competencia inusual: un partido de fútbol emitido por el Canal 7, la televisión pública.

Lanata, con muchos seguidores pero también tantísimos detractores, se ha dedicado en los últimos meses a denunciar las corruptelas y tejemanejes de la “década Kirchner” a través de su espacio televisivo.

Paralelamente, el Grupo Clarín mantiene una guerra abierta con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por una serie de decisiones políticas que el emporio de medios de comunicación califica de arbitrarias, ilegales o en contra de la libertad de expresión.

Hacía varias semanas que la Asociación de Fútbol de Argentina estudiaba la posibilidad de retrasar una hora el último partido del domingo, y Lanata denunció que el Gobierno estaba “detrás de esa maniobra” con el único interés de restarle audiencia.

Tan equivocado no estaba, porque el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires dijo –según la agencia AP– que en todas partes del mundo “la televisión pone el horario de los partidos de fútbol” y que, indudablemente “es una pelea táctica de rating”.

Como reporta el diario El País de España, “el pulso entre el periodista más popular y el deporte rey de Argentina se celebró por fin este domingo” y Lanata ganó marcando un rating de 24.7 puntos, frente a los 16 del partido entre el Boca Juniors y el Newell´s.

La idea, aseguran quienes lo defienden, es ir callando al periodista, y ahora está por verse si Lanata logra vencer las presiones del Gobierno más allá del primer round.

El caso ´Globovisión´

En Venezuela, donde también la guerra medios/Gobierno es intensa y sostenida, el caso de Globovisión resulta llamativo.

El fundador de la televisora, Guillermo Zuloaga, vendió hace poco el canal bajo el argumento –según cable de EFE– de que “se había vuelto ´inviable´ política y económicamente en la Venezuela socialista”.

La estación venía de una larga campaña de denuncias contra el gobierno de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, hasta que un grupo de empresarios la adquirió y decidió cambiar su línea editorial.

“Los medios de comunicación no son partidos políticos... Son cronistas de la sociedad y se deben a todas las voces de la misma”, dijo el canal a través de un comunicado, a propósito de la última renuncia producida tras el cambio de dueños: la del presentador Kico Bautista que, tras reunirse “ni cinco minutos” con la nueva junta directiva, presentó su dimisión y denunció la “censura” que se está imponiendo (supuestamente los dueños nuevos son solo la pantalla de los verdaderos, afiliados al Gobierno).

La renuncia de Bautista ocurrió luego de que, según declaró en una rueda de prensa, los dueños se molestaran por la transmisión que hizo de un discurso del opositor Henrique Capriles, algo que ocurría con frecuencia bajo Zuloaga pero que ahora, según la televisora, no debe ocurrir porque quieren ser más plurales.

“La cobertura de un determinado dirigente o partido político no puede estar determinada por lo que decida un grupo privado de interés. Ningún medio de comunicación social está obligado a transmitir en directo”, se defendió la televisora en el comunicado.

Periodismo, medios y política

Javier Darío Restrepo (periodista colombiano, responsable del Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo para un Periodismo Iberoamericano, FNPI) es muy claro: el ideal ético de la profesión periodística es que la información que se genere sea “independiente, apegada a la verdad y al servicio de toda la sociedad”.

No es este, dice, el objetivo de la prensa oficial ni de la “gran prensa comercial”, que convierten la información en mercancía.

¿La alternativa? Una prensa independiente en la que el negocio esté subordinado a la información.

Para Restrepo, lo más cercano a esto es el periodismo comunitario, libre y organizado.

“Dadas las condiciones y limitaciones de los grandes medios, el periodista que trabaja en ellos bajo la inspiración del ideal ético deberá actuar como si fuera un infiltrado”, señala.

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