‘CARTAS A JULIO VIERNES’

Guía poética para saber reír y enamorar

Desde que era un niño, César Young Núñez se divertía con esos universos que se abrían ante sus ojos cuando descubría un libro.

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Este poeta, ensayista y cronista murió ayer, en horas de la mañana, a los 83 años. Este poeta, ensayista y cronista murió ayer, en horas de la mañana, a los 83 años.

Este poeta, ensayista y cronista murió ayer, en horas de la mañana, a los 83 años. Foto por: Archivo

Don César era un especialista sobre artes plásticas, literatura, cine y el sentido del humor. Cortesía\ Daniel Mordzinski Don César era un especialista sobre artes plásticas, literatura, cine y el sentido del humor. Cortesía\ Daniel Mordzinski

Don César era un especialista sobre artes plásticas, literatura, cine y el sentido del humor. Cortesía\ Daniel Mordzinski

Un día de septiembre de 2014 me llamó a la redacción de La Prensa el poeta César Young Núñez. La comunicación tenía como objetivo compartirme que tuvo el agrado de enviarme por correo electrónico su columna más reciente de Cartas a Julio Viernes, la que salió primero en la revista Ellas y después en el suplemento Mosaico.

Luego comentó que si todo estaba en orden que le confirmara el día de su publicación, pues para sus entonces 80 años tenía una admiradora de 23 años que esperaba con ansias la fecha de salida del artículo.

Cuando le dije el día preciso se despidió con una voz alegre y cómplice, más o menos, con estas palabras: “Si no sale me puedo buscar un domingo siete, mi queridísimo e inmenso Danny. Muchos saludos y yo acá brindaré con una copa de vino para que todo salga bien”.

Así era don César, quien murió ayer en la ciudad capital, a los 83 años, en la residencia donde tan cariñosamente fue cuidado por su hermana Noris y su cuñado Yayo. Sus honras fúnebres serán este lunes 5 de junio, a las 2:00 p.m., en la iglesia de Guadalupe.

Si a alguien la vida amó fue a este hombre, a quien dotó de un corazón tan enorme, que le permitió que dentro suyo habitaran todos sus versos, sus lecturas, sus amigos, sus ocurrencias, sus chistes y sus admiradoras.

Era el mejor compañero que podías tener para irte de fiestas, para hablar sobre películas, pinturas y libros, para conocer el arte de conquistar a las damas y para hacer reír a cualquiera.

Como Jorge Luis Borges, amaba con locura los libros y como su colega argentino era un lector consumado. Por eso, desde los 10 años, comenzó a tener una admirable biblioteca que siempre puso a disposición de quien se lo pedía.

Mientras otros solo se la pasaban atrapando pajaritos preñados, don César jugaba como nadie a la queda y al trompo, pero también sacaba tiempo para ir, todos los días, a la Biblioteca Nacional. En aquel paraíso leyó a Mark Twain, a William Faulkner... Y en una de esas visitas, el futuro licenciado en filosofía y letras con especialización en español encontró su destino, cuando tuvo en sus manos Plenilunio, de su maestro y amigo Rogelio Sinán, y allí supo que lo suyo, para siempre, sería escribir.

“Eso de leer me agarró por la cabeza y no me soltó. Tenía una sed por leer que no ha parado”, me confesó hace unos años mientras lo llevaba de Pueblo Nuevo a San Felipe, donde sería capturado por el lente de Daniel Mordzinski (una de esas imágenes ilustra esta nota).

LABOR

Quien abrió sus ojos en el Hospital Santo Tomás, el 24 de abril de 1934, hizo del sentido del humor, la erudición, lo cotidiano y la filosofía los instrumentos poéticos más eficaces.

Como prueba basta leer, al azar, cualquier página de sus obras Del otro lado del viento (1962, Mención de Honor en el premio Ricardo Miró), Poemas de rutina (1967, Mención de Honor en el Ricardo Miró), Instrucciones para ángeles (1972, Premio Universidad), Carta a Blancanieves (1976), Poesía mía que estás en el cielo (1991 y 1996)...

En prosa también demostró destreza con títulos como Siete (ensayos y poesías), y Lectura para lectores y Crónicas de rutina (ambos artículos periodísticos).

En 2004, fue el turno de La musa inoportuna - Obras incompletas. Y su último libro fue Ricardo Bermúdez, el poeta de la guitarra azul, editado por Luis Eduardo Henao y que salió en agosto de 2014 cuando la Feria Internacional del Libro de Panamá le rindió homenaje a don César.

Su labor poética fue más de una vez reconocida. En 2002 se le concede el Premio Nacional de Poesía Ricardo J. Bermúdez y en 2014, el Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá le hizo entrega de la Condecoración Rogelio Sinán.

Su nombre está presente en más de una docena de diccionarios y antologías poéticas de Iberoamérica y fue miembro del Pen Club (capítulo de Panamá).

Ahora, allá en el cielo, debe haber un rumbón interminable orquestado por don César, quien entre baile y baile, debe estar contando las bromas más geniales que los ángeles hayan escuchado.

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