Fidel Castro

...Y La Habana le dijo adiós

Decenas de miles de cubanos se congregaron para dar el último adiós al militar antes de que emprenda su viaje a Santiago.

‘Vendrá otro tiempo de resistencia’, Mujica

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Cubanos de toda la isla acudieron a rendir el último tributo a quien consideraban líder histórico de la revolución. La Plaza de la Revolución se vio desbordada. Cubanos de toda la isla acudieron a rendir el último tributo a quien consideraban líder histórico de la revolución. La Plaza de la Revolución se vio desbordada.

Cubanos de toda la isla acudieron a rendir el último tributo a quien consideraban líder histórico de la revolución. La Plaza de la Revolución se vio desbordada. Foto por: Carlos Barría

Un hombre alza un retrato de Fidel Castro; atrás, la silueta del Che Guevara, otro símbolo. Un hombre alza un retrato de Fidel Castro; atrás, la silueta del Che Guevara, otro símbolo.

Un hombre alza un retrato de Fidel Castro; atrás, la silueta del Che Guevara, otro símbolo. Foto por: Ronaldo Schemidt

Uniformados marchan con retratos de Fidel Castro a manera de homenaje. Uniformados marchan con retratos de Fidel Castro a manera de homenaje.

Uniformados marchan con retratos de Fidel Castro a manera de homenaje. Foto por: Carlos García Rawlins

...Y La Habana le dijo adiós ...Y La Habana le dijo adiós

...Y La Habana le dijo adiós

En La Habana nadie lloró. La Plaza de la Revolución albergó risas, aplausos, consignas. Pero no lágrimas. Despidieron a Fidel Castro, amado por unos, odiado por otros, y quien dirigió Cuba a su voluntad desde 1959 hasta 2006, cuando entregó el mando a su hermano Raúl.

Jefes de Estado, representantes diplomáticos, niños, viejos, hombres y mujeres se tomaron la Plaza de la Revolución, símbolo del sistema que implantó Castro después de derrocar a Fulgencio Batista con una guerrilla desde la sierra cubana al dar allí su primer discurso como nuevo líder de la isla.

Por la mañana hubo un homenaje en el memorial José Martí, una estatua gigante en esta plaza. Consistió en un libro abierto en el que quien quisiera firmaba y se comprometía a seguir los lineamientos socialistas de Castro.

En la tarde comenzó la movilización masiva. Caminantes por doquier. A eso de las 2:00 p.m. ya había gente en la plaza. Sentados y entre murmullos. No había música. Solo gente. Conversaban sobre Castro y esperaban que comenzara el acto principal.

El pueblo aplaude y grita ‘Fidel’. Habla Rafael Correa, el presidente de Ecuador.

Olía a naranja, a café, a jazmín. Olía a pan recién horneado, a tabaco, a brisa de noviembre. Olía a lluvia estancada. Olía a gente, a humanidad. Eran miles. Decenas de miles. Rostros desparramados en todas partes. Las calles y avenidas rumbo a la Plaza de la Revolución se atestaron de almas. Caminaron desde la mañana para despedir a Fidel, héroe y tirano de esta isla.

Estaba el anciano canoso y de lentes que lee el Granma, el adolescente de pantalón raído que se toma un selfie frente a la imagen del Che Guevara, la madre joven que empuja el coche de su hijo pequeño.

Las estudiantes de falda corta y medias largas que entran en fila, los universitarios de batas blancas. Todos las caras, todas las pieles. Los murmullos se convirtieron en algarabía.

Esta noche, Cuba en masa, despidió al hombre que rigió sus destinos durante casi 50 años. Fidel Castro, el líder, el dictador, el vendedor de sueños, el político audaz, el ajedrecista, el gigante, el temido, el déspota. El rebelde. Allí estaban.

“Fidel es Fidel. Ese sí es de nosotros. Esto debió durar como 15 días para que todos le trajeran flores”, le decía una mujer a sus cinco amigas en una esquina de la Plaza de la Revolución, a 90 millas de Miami, donde hubo caravanas de celebración por la muerte de quien consideraban un enemigo, un violador de los derechos humanos y un asesino.

RECUERDAN A FIDEL

Muere la tarde habanera y suena una canción que habla de heridas que sanan. A las 7 de la noche se oyó el himno cubano. Los que estaban sentados se pararon, los que estaban de pie se acomodaron. Nadie se movió mientras sonó la grabación. Alguien lee la Marcha Triunfal del Ejército Rebelde.

“Vienen con el alma del pueblo encendido. Vienen con el aire y el amanecer, y sencillamente, como el que ha cumplido un simple deber. No importan los días de guerra y desvelo, no importa la cama de piedra o de grama, sin otra techumbre que ramas y cielo…”.

El pueblo aplaude y grita ‘Fidel’. Habla Rafael Correa, el presidente de Ecuador. Dice que Fidel Castro “trascenderá el tiempo y vivirá en todo el continente americano”. Desestimó a los que han evaluado el éxito y el fracaso del modelo económico cubano.

“El ejemplo de Fidel hará que Cuba nunca vuelva a ser la colonia de un imperio”. Terminó su discurso de, al menos, 10 minutos reivindicando “al hombre nuevo latinoamericano”. Y así, uno a uno, los presidentes, y representantes de gobierno que anoche asistieron al acto multitudinario en La Habana, recordaron a Fidel.

Hablaron en español, en inglés, en ruso, en árabe, en chino. No importó la lengua, todos recibieron aplausos y vítores. ‘Yo soy Fidel’, era el principal. Se escuchaba como una avalancha que sepultaba no solo la Plaza de la Revolución, sino también gran parte de la avenida Paseo.

Fue casi la última despedida de La Habana a su héroe y villano. En la mañana de hoy, miércoles, sale la caravana con las cenizas de Castro hacia Santiago, y que incluirá paradas en varios pueblos de la isla.

Justamente el recorrido inverso que tuvo el militar desde 1956 hasta el 1 de enero de 1959, cuando cambió la historia de un continente.

‘Vendrá otro tiempo de resistencia’, Mujica

José Mujica. Expandir Imagen
José Mujica. AFP/Archivo

José Mujica fue uno de los últimos en entrar al avión rumbo a La Habana. Su vuelo desde Montevideo llegó apenas unos minutos antes y tuvo que apurar el paso para despedir a Fidel Castro.

El expresidente uruguayo se abrió paso hasta su asiento 18C, que coincidía con una de las puertas de emergencia de la clase económica. Su escolta le dijo algo en su oído y se fue a sentar en su puesto unas cinco filas más adelante.

Todavía faltaban algunos minutos para el despegue, así que los pasajeros y la tripulación aprovecharon para sacarse fotos con Mujica. Él reía, estrechaba manos y rebotaba su mirada hacia todos lados.

Por fin el avión alzó vuelo y el uruguayo tuvo algo de paz. Al menos, la suficiente para atender a dos periodistas.

Cuba atraviesa por momentos de cambios: el proceso diplomático con Estados Unidos, la elección de Donald Trump, y ahora la muerte de Fidel Castro. ¿Cómo ve el futuro de la isla?

-Hay factores que no podemos medir porque no los sabemos. Desconfiamos de lo que hará Trump, y es probable que haya un estremecimiento de la relación que había empezado a mejorar. Vendrá otro tiempo de resistencia.

¿Qué representó Castro para la región?

-Simboliza el cierre de una época y suscribe una eterna actitud humana que simboliza la capacidad de resistir. David contra Goliat, el Quijote. En un mundo donde todo tiene precio, donde todo se compra y se vende, Fidel hizo una demostración cabal de lucha por la dignidad y eso no es poca cosa.

¿Cuándo lo vio por última vez?

-Hace menos de un año. Hablamos de todo. Estaba en plena experimentación de una leguminosa. Lo vi física y mentalmente bien. Me recibió en su casa, en una especie de chacrita, en las afueras de La Habana.

¿De qué hablaban?

-Sabía que había sido ministro de Agricultura, y ahí nos enfrascamos en una discusión sobre leguminosas. Cada vez que me veía hablábamos de forrajes, de problemas de las vacas, de rendimiento de la leche, de pastoreo.

Una vez que lo vi me trajo unas semillas de leguminosas de varios lugares porque estaba muy preocupado por eso, porque tiene que ver con la comida de la gente. No nos damos cuenta, pero son parte de la lucha por los derechos humanos. Pensar en la nutrición vegetal de los animales que acompañan la vida del hombre es una manera de luchar por la comida de la gente.

Una vez me encargó hablar con [Barack] Obama por la salud de alguien que estaba detenido, un puertorriqueño preso por más de 30 años. Se olvidaron de él y no hay un hecho de sangre ni nada. Obama no dijo nada. No me gustan los presos políticos en ningún lado, porque yo estuve muchos años así.

¿Cómo ve el lugar que ocupa Panamá en la región?

-Panamá tiene los mismos deberes que tenemos en América Latina, pero acentuados: la lucha por ser más equitativo, por repartir mejor. Hay demasiada concentración de la riqueza en América Latina. Hay 32 señores que tienen lo mismo que 300 millones de latinoamericanos, pero lo grave es que el patrimonio de ellos crece al 21% anual, mientras que la economía global de la región crece un 2% cada año. La desigualdad se acentúa y tanta desigualdad es un veneno. Una concentración tan grande de dinero termina secuestrando a la democracia. El problema no es solo la acumulación de dinero, sino que influye en el poder político y se toman decisiones favorables a la acumulación de riquezas. Panamá tiene ese problema, como todos, pero en Panamá se nota.

Mujica dice que ha sido invitado por la vicepresidenta y canciller panameña, Isabel de Saint Malo de Alvarado, para asistir a un evento. No sabe si irá. Está cansado de viajar, advierte. Prefiere seguir en su chacra en las afueras de Montevideo trabajando la tierra.

El avión aterrizó a tiempo en La Habana, a las 9:50 a.m. Mujica detuvo a su escolta y él mismo bajó su maleta de mano. Sonrió mientras más pasajeros le tomaban fotos y salió al encuentro de la delegación oficial cubana que lo esperaba. A todos los abrazó. Lucía feliz. Como agradecido por poder despedir a un amigo.

ELIANA MORALES
LUIS BURÓN-BARAHONA

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