ANÁLISIS

ISIS, una anomalía histórica

Temas:

Militantes del Estado Islámico que se atribuyeron los ataques de París del 13 de noviembre. Militantes del Estado Islámico que se atribuyeron los ataques de París del 13 de noviembre.
Militantes del Estado Islámico que se atribuyeron los ataques de París del 13 de noviembre. Social Media Website

OPINIÓN

ISIS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) encarna la versión extrema de una anomalía cultural, moral y filosófica que de manera natural caracteriza una fase defensiva y autovictimizante del desarrollo universal del pensamiento religioso. Su condición de ente portador celoso y radical de un reclamo fundamentalista frente al mundo moderno dominado por la condición humana y su racionalidad, tiene su base y razón de ser en esta anomalía.

Esta anomalía se deriva de una discapacidad accidental –y por lo tanto temporal- del pensamiento religioso en general de reconocer y aceptar su condición profundamente humana.

Esta dimensión humana del pensamiento religioso demanda –de manera trabajosa, penosa y siempre trágica- del reconocimiento e inserción a la cosmogonía religiosa de todas las virtudes y debilidades de la persona, así como de su innegable condición de animal racional empoderado, por la propia divinidad, del derecho natural a la libertad y al libre albedrío, a escoger entre lo bueno y lo malo, a decidir entre lo correcto y lo incorrecto, a cometer pecado contra la ley de Dios y a redimirse mediante el perdón y la caridad.

A lo largo de esta anomalía, las religiones -como verdades reveladas- se niegan a reconocer al ser humano como portador de derechos autónomos y por lo tanto configuran un universo donde la persona es solamente objeto, incapaz de labrar su propio destino. De todos esos objetos, de los que se puede abusar y poseer a voluntad de los intérpretes de la divinidad, la mujer es la que sintetiza la mayor degradación de esta anomalía.

En esta etapa, las religiones no admiten –y por lo tanto no reconocen- la otredad, la diferencia y mucho menos la separación de lo divino y lo humano, no separan al Estado y al derecho (construcciones racionales de la civitas humana y por lo tanto fuentes de pecado y perdición) de la Iglesia y de los textos sagrados (La ciudad de Dios, verdad revelada).

La violencia y el extremismo que se encarna en ISIS -así como sus “paradójicas” derivaciones en las latitudes geográficas más distantes y en las más dispares condiciones sociales y culturales- derivan su energía destructora y tóxica de esta anomalía. Si no hay bala que mate una idea, mucho menos podrá haber una que aniquile una convicción religiosa, de suyo más subjetiva y espiritual.

Esta anomalía tiende a dominar de manera hegemónica -aunque menos virulenta- otras versiones del mismo pensamiento religioso que coexisten y conviven con su portador más extremo. Las sectas y herejías pueblan y acompañan esta anomalía, así como la violencia y el sufrimiento que despliegan a su paso son parte de su evolución.

El cristianismo atravesó y superó esta anomalía a lo largo de un prolongado proceso histórico. A su ventaja tiene que la divinidad difusa del judaísmo se encarnó en un hombre, humilde, servidor del prójimo sin condición alguna, portador de todas las fortalezas y debilidades del ser humano, incluyendo el sufrimiento y la muerte. San Agustín y Santo Tomás de Aquino sembraron la semilla que floreció en El Renacimiento y que permitió el salto a la civilización que hoy caracteriza a esta parte del mundo que se reconoce en el cristianismo.

Ese salto no ha ocurrido en el mundo islámico. Aunque en grados distintos, hay extensas áreas grises en donde es difícil dirimir la separación de lo religioso de lo político, la Iglesia del Estado, el derecho de los textos sagrados, la autoridad laica surgida del mandato democrático de la que se deriva la investidura de origen divino. Hay estados y gobiernos en el mundo árabe y africano islámico cuyos mandatos democráticos son importantes pero insuficientes para asegurar su viabilidad, permeados como están del contencioso que caracteriza la existencia hegemónica de esta anomalía. Hay otros, los más poderosos, que son teocráticos.

Si no se comprende la naturaleza religiosa de este desafío, no se podrá comprender por qué ISIS reclama la constitución de un califato, máxima expresión de la subordinación del mundo humano al mundo religioso, ni por qué su poder contaminante alcanza indetectado a personas distantes geográfica, política, social y culturalmente.

No se podrá comprender cómo las monarquías absolutas de origen dinástico ancladas en lazos familiares con el profeta, contribuyen y alimentan -unas veces tras bambalinas y otras más abiertamente—el caldo de cultivo que potencia el enfrentamiento entre sectas religiosas y genera tanto sufrimiento. De este caldo de cultivo ha emergido ominoso Al Qaida, los talibanes, Osama Bin Laden, Boko Haram y ahora Dáesh.

Ergo:

Es absurdo pretender erradicar por medios militares, económicos y/o financieros un fenómeno cuya esencia es inalcanzable desde una dimensión exclusivamente material.

Se pueden contener y hasta confinar sus destacamentos militarizados que operan en un espacio geográfico determinado pero será una guerra prolongada y cruel cuyo resultado monstruoso solo genera beneficios para quien hace del exterminio del otro y de sus culturas su razón de ser.

No es correcto reducir ISIS a una banda terrorista, que lo es, pero que en esa condición no se agota ni mucho menos su violencia y extremismo. El terror es el síntoma, es la expresión perversa de esa anomalía. Es la fiebre, por muy alta que sea y por mucho daño que nos produzca.

No es posible implantar una solución democrática en un mundo que no logra reconocer la autonomía política y racional de los otros, ni reconocer la diferencia y la libertad religiosa fundada en la igualdad del ser humano, hombre o mujer.

Propuesta:

Hay que dar un giro a la hoja de ruta de la Coalición Global dominada por la lógica de combate militar al terrorismo. Esa lógica es claramente insuficiente y a largo plazo ineficaz. La escala del sufrimiento y de los desarreglos que ya produce ISIS de manera deliberada y la consiguiente estampida humana hacia la seguridad, el refugio y la protección no es más que la advertencia de lo que se nos viene encima si seguimos actuando bajo la lógica que ellos han impuesto: ISIS ha impuesto la lógica militar y ha escogido el campo de batalla adonde nos ha arrastrado. ISIS está poniendo a prueba todo el arreglo civilizado de occidente invadido por todas sus esquinas por miles y miles de migrantes que huyen de ese horror. Si Occidente sucumbe al miedo, al odio, al racismo y a la xenofobia, ISIS habrá ganado.

Sería insensato plantear que se abandone el combate como lo sería agotar todos los recursos y toda esperanza en la guerra.

La solución nunca podrá venir de afuera. Puede ser acompañada, con gran humildad, pero solo acompañada. Hay que despertar las enormes fuerzas espirituales que caracterizan al islamismo, tan pleno de misericordia, bondad y solidaridad como todo pensamiento religioso, incluyendo sobre todo el nuestro como cristianos.

Hay que diseñar una hoja de ruta en la que el ecumenismo de la solución termine imponiéndose a las armas. Y en el caso de Siria, ello implica identificar el mal mayor y hacer viable el bien menor. El mal mayor es ISIS; el bien menor es un acuerdo de todos los demás, incluyendo al dictador Bashar-El-Assad. Una dictadura, aun cruel como esa, es más fácil de resolver que la anomalía religiosa que representa ISIS.

Al tiempo que se presiona en el punto más álgido -que es el militar- y se actúa en el espacio geográfico entre Siria e Irak, hay que presionar desde la periferia del mundo islámico para que los gobiernos teocráticos, los de jeques y califas cabezas de sectas e iglesias (wabanitas, suníes, chiitas, etc.), cierren las válvulas para que el fundamentalismo pierda fuerza y compresión.

La declaración debe llamar la atención sobre la necesidad de mirar a este drama desde una perspectiva integral que comprometa a los estados y gobiernos del mundo islámico a iniciar el trabajoso y penoso proceso de separar religión de la política, el Estado de la Iglesia, el derecho de los textos religiosos. A abrir el espacio democrático para el disenso y el consenso, el espacio hacia la racionalidad y la tolerancia, la defensa del credo religioso como un acto personal de autonomía y libre albedrío.

Varias experiencias son aleccionadoras en este camino: Argelia, Túnez, Jordania, Turquía y Egipto, este último, aun con todas las debilidades que caracterizan esta etapa de su devenir. Y cuidar a Turquía para que su presidente no ceda a la lógica del califato ni del sultanato otomano de otros tiempos. Una Turquía democrática y laica es esperanza.

A capítulo deben ser llamados los Emiratos, Catar, Marruecos y Arabia Saudita.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

INTERNET Y EL SER HUMANO El olvido y la memoria, frente a frente

Michel Gondry, el genial director de cine francés, expone en su película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) la posibilidad de usar la ciencia para borrar la memoria. Para olvidar. ...

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código