Facebook Live: El impuesto de inmueble y el patrimonio familiar Ver más

Crimen de la dictadura

Justicia y verdad para Gallego

Se cree que unas osamentas no identificadas, encontradas en Tocumen en 1999, son del sacerdote, pero faltan más pruebas de ADN.
Gallego fue visto por última vez el 9 de junio de 1971, en Santa Fe, Veraguas. Su desaparición es uno de los 116 casos de víctimas de la dictadura documentados por la Comisión de la Verdad. LA PRENSA/Archivo. Gallego fue visto por última vez el 9 de junio de 1971, en Santa Fe, Veraguas. Su desaparición es uno de los 116 casos de víctimas de la dictadura documentados por la Comisión de la Verdad. LA PRENSA/Archivo.
Gallego fue visto por última vez el 9 de junio de 1971, en Santa Fe, Veraguas. Su desaparición es uno de los 116 casos de víctimas de la dictadura documentados por la Comisión de la Verdad. LA PRENSA/Archivo.

En junio de 1971 desapareció el sacerdote Héctor Gallego, bajo circunstancias que inmediatamente dieron lugar a la fuerte sospecha de que los dictadores militares lo habían asesinado.

Hoy, 41 años después, la familia Gallego sigue reclamando que se haga una identificación confiable por ADN de los restos que podrían ser los de Héctor, que se aclare de una vez por todas la verdad de los hechos y que se haga justicia certera en el caso.

En declaraciones a este diario, Edilma y Nubia Gallego –hermanas del padre– solicitaron una revisión de todos los restos no identificados que se encontraron a partir de 1999 en el cuartel Los Pumas (también conocido como Motor Pool) en Tocumen.

De los hallazgos, se precisó que unos correspondían a Heliodoro Portugal y Ever Quintanar, pero quedaron sin identificar restos humanos que podrían pertenecer a otras tres o cuatro víctimas. Las Gallego están convencidas de que su hermano es uno de los que fueron enterrados en Tocumen. Para identificarlo a él y a las otras víctimas allí, se requiere que científicos especializados hagan pruebas de ADN dentro de una revisión completa, competente y confiable de los restos.

“Todo eso es doloroso para nosotros, pero no dejo de pedir justicia. La familia tiene derecho a saber la verdad”, dijo Edilma Gallego.

“Llevamos tantos años esperando y no se aclara nada”, agregó Nubia Gallego. “Hay tantas versiones que uno queda con la pregunta, ¿donde está la verdad?”

¿Se condenó a los verdaderos culpables?

Durante la dictadura, circularon un sinfín de especulaciones sobre la desaparición de Gallego. Hubo quien hizo ver que el padre había sido un guerrillero o comunista (como si eso justificara su asesinato), mientras que los militares trataron de inculpar a varios civiles. En la calle, no obstante, la opinión popular daba por hecho que la dictadura lo había matado. Lo que no se sabía –y todavía no se sabe– es cómo, cuándo y dónde murió.

Tras la caída de la dictadura, se abrió una investigación penal y se enjuició a cuatro militares. Óscar Agrazal eligió someterse a juicio en derecho y fue absuelto. Melbourne Walker y Nivaldo Madriñán fueron condenados por un jurado de conciencia a 15 años de prisión (una parte de la condena fue en detención domiciliaria). Eugenio Magallón se fugó, pero fue condenado en ausencia por el jurado. Magallón sigue prófugo hasta el día de hoy, aunque se dice que vive en Panamá y que su paradero no es desconocido.

“Nunca han hecho nada para detenerlo”, afirma Edilma .

En 1999, Edilma visitó a Madriñán y Walker en la prisión El Renacer. De allí, ella salió convencida de que ambos eran inocentes, no solamente por lo que le contaron, sino también porque ella percibió que hubo lagunas e inconsistencias en el expediente. A su criterio, “el juicio que le hicieron a Madriñán y a Walker era para que ya no se investigara más”.

Muchas veces ha pedido que se reabra la investigación y la respuesta siempre ha sido que no se puede, porque ya hubo juicio y condenados. Aunque sea posible, si no probable, que tanto Madriñán como Walker –especialmente este último– tuvieron algún nivel de participación en el delito, es evidente que la investigación dejó muchas preguntas sin respuestas y dejó insatisfecha a la familia Gallego.

Por su parte, Madriñán y Walker encararon su juicio y condena sin admitir culpabilidad o revelar lo que conocían del caso. Privadamente, sin embargo, Madriñán dijo –estando ya en prisión, en 1991– que la compañía militar Machos de Monte secuestró y trasladó al sacerdote a Tocumen. Poco después, en 1992, Walker le escribió una carta al padre Fernando Guardia Jaén en la que él defendió su inocencia y relató lo siguiente:

“Yo le pregunté al coronel Noriega qué era lo que había pasado... Me contestó que el Estado Mayor había decidido capturar y deportar a Gallego por ser comunista y por haberse metido con la familia del general Torrijos. Las investigaciones que yo realicé me revelaron que el sacerdote fue transportado vivo por sus captores a una casa ubicada en Bella Vista a un costado del colegio María Inmaculada y dejado bajo custodia de miembros del G-2”.

Se sabe que los militares se referían a esa casa como “la charquita”. Parece que era un lugar donde escondían –y quizá torturaban– a prisioneros. Lo que no se sabe con certeza es si Gallego realmente fue llevado allí, cuál era su condición física a esas alturas y qué ocurrió después.

Identificar los restos

Lo que la familia Gallego sí siente es que los restos de su hermano fueron encontrados en el cuartel Los Pumas de Tocumen, en las excavaciones hechas a partir de 1999.

Allí se halló un pantalón. Una señora, que lavaba la ropa al sacerdote, dijo que pertenecía a Gallego, especialmente porque la basta estaba enrollada de la misma manera que él hacía para que no se le enlodara. En el bolsillo de ese pantalón encontraron un centavo conmemorativo del cincuentenario de la república de Panamá. Diego De Obaldía le había regalado un centavo así al padre el día antes de su desaparición; sería mucha coincidencia que otra víctima llevara también una moneda tan especial en el bolsillo.

Adicional, cuando se hallaron los restos, el cráneo que le mostraron a Nubia Gallego tenía un hundido en el mismo lugar en el que su hermano siempre había tenido uno. Pero el cráneo no fue sometido a pruebas confiables de ADN y las hermanas Gallego ven razones para temer que hubo confusión y contaminación entre los huesos que fueron sometidos a prueba ADN por la Procuradoría General de la Nación y el Laboratorio Fairfax.

Expertos en Estados Unidos critican que esas pruebas fueron incompetentes y estuvieron contaminadas; además, los que monitorearon las excavaciones en Tocumen critican que hubo un manejo muy poco profesional de los restos.

Por ello, la familia sigue pidiendo que se haga una revisión completa y profesional de todos los restos no identificados en Los Pumas. (Hay la esperanza de que esto ocurra, porque recientemente se le tomó una muestra nueva de ADN a Edilma).

Las osamentas permiten suponer que se trata de tres o cuatro víctimas y que una de ellas es el padre Gallego, cuya familia tiene 41 años de estar buscándolo y cargando con el dolor de no saber qué le pasó.

“No se puede hacer justicia si no se sabe la verdad. No se puede cerrar un duelo si no se sabe la verdad –expuso Edilma–. “La familia tiene derecho a la verdad”, añadió.

A la CIDH

Gilma Camargo, abogada que representa a algunas familias de víctimas de la dictadura, anunció que pedirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se condene individualmente al Estado panameño por las desapariciones de Gallego, Cecilio Serracín y de Manuel Alexis Guerra Morales.

En 2003, la Comisión de la Verdad presentó una demanda colectiva.

Camargo señaló que también presentará una demanda contra Estados Unidos, por su supuesta vinculación con el asesinato de Guerra.

Guerra era guardaespaldas de Guillermo Ford, cuando fue abatido, el 10 de mayo de 1989, en el parque de Santa Ana, durante un ataque a dirigentes de la ADO-Civilista.

Por su parte, Serracín –que militaba en el Panameñista– fue detenido el 31 de julio de 1969 y llevado al cuartel de David.

Hasta la fecha, sigue desaparecido.

Un día para Héctor y los desaparecidos

El 30 de agosto fue declarado Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas por la Asamblea General de Naciones Unidas. Se conmemora desde el año 2011. En la resolución que proclama la efeméride, el organismo destacó “el aumento de las desapariciones forzadas o involuntarias en diversas regiones del mundo”. También mencionó el hostigamiento, maltrato e intimidaciones padecidas por los testigos de desapariciones o familiares de las víctimas.

Jesús Héctor Gallego Herrera es uno de los 116 casos de víctimas de la dictadura militar (1968-1989) documentados por la Comisión de la Verdad. Gallego tenía 33 años de edad cuando desapareció, el 9 de junio de 1971, en Santa Fe, provincia de Veraguas. Según el informe de la Comisión de la Verdad, el sacerdote de nacionalidad colombiana se encontraba en casa de Jacinto Peña y su esposa Clotilde, cuando llegaron dos sujetos que lo obligaron a abordar un jeep. Los Peña no supieron más de él. Nadie lo volvió a ver vivo. Los vecinos del área contaron que Melbourne Walker, Eugenio Magallón y Óscar Agrazal estuvieron visitando Santa Fe y preguntando por el sacerdote, en los días previos a su desaparición.

Más noticias de Panorama

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

INTERNET Y EL SER HUMANO El olvido y la memoria, frente a frente

Michel Gondry, el genial director de cine francés, expone en su película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) la posibilidad de usar la ciencia para borrar la memoria. Para olvidar. ...

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código