ARTE. EL MAESTRO DEL ORNAMENTO.

Klimt en la modernidad

Mañana se cumple el 150 aniversario del nacimiento del pintor vienés Gustav Klimt, un hito en la evolución de la pintura a la modernidad.

Dos figuras en una posición imposible y escorzada se apoyan al borde del abismo: la mujer, con sus rojos cabellos rizados y mejillas sonrosadas, se rinde al abrazo de su amante, que tiernamente la besa. Rodeados del fulgor del dorado bizantino, la composición encierra un complejo entramado de simbologías ocultas. De los modelos, se dice que se trata de un autorretrato del pintor y su musa.

El beso, de Gustav Klimt, presentado por primera vez en 1908, se ha convertido desde entonces en una de las obras más icónicas del pintor vienés, que mañana conmemora su 150 año de nacimiento. Hoy, a un lado de la valoración de sus obras, se le considera uno de los artistas precursores del arte moderno.

FIN DE SIGLO

La época en que desarrolló su trayectoria vital Gustav Klimt (1862-1918) fue sin duda decisiva en su producción creativa. La Viena del fin de siècle era por entonces una de las capitales de la cultura europea, llena de las ideas recién propuestas de Sigmund Freud y el talento de Otto Wagner, Gustav Mahler y Arnold Schönberg.

A la capital del imperio austrohúngaro habían llegado las influencias del movimiento simbolista y decadentista francés, que proponía la entronización al arte de los aspectos más oscuros de la condición humana: la belleza impúdica, el sexo, y la muerte, de tal modo que los artistas encontraron un paralelismo entre la época que vivían y la decadencia de las grandes civilizaciones antiguas, especialmente la agonía del imperio romano y de Bizancio.

Las grandes ideas, mitos y alegorías se convierten en la principal fuente de inspiración para los creadores.

De acuerdo con el crítico de arte y escritor francés Guilles Néret, estudioso de la obra de Klimt, “Viena era ´el laboratorio del apocalipsis´, un florecimiento tardío, el último tumulto creativo antes de su decadencia final. Fue de este laboratorio, que el arte de Klimt emergió y logró unir lo tradicional y lo moderno, el mundo que terminaba con el que iba a surgir”.

Estilo y secesión

El arte de Klimt, quien comenzó su carrera trabajando en artes decorativas, está caracterizado por composiciones de acentuado linealismo y de un cromatismo excepcional en el que predomina el dorado, que surge por la admiración que tenía el pintor por los mosaicos bizantinos, que lo fascinaron en su viaje a Italia. En cuanto al dibujo, el artista se muestra siempre preciosista y cercano a lo académico.

Sin embargo, en 1867 Klimt lideró la formación del grupo denominado la Secesión de Viena, que buscó romper con las academias oficiales y propugnar por un nuevo arte desvinculado de las viejas teorías, creando la corriente del “modernismo vienés”.

Jose Saborit Vigue, catedrático de historia del arte de la Universidad Politécnica de Valencia, en su ensayo Romanticismo, realismo y modernismo explica que “en su etapa de madurez artística, Klimt logró una síntesis perfecta entre modernismo y simbolismo, configurando plenamente su estilo”.

Inclusive, por su apertura a todas las artes, sobre todo en aspectos formales y técnicos de sus obras, estudiosos como Saborit han visto en su pintura “un crescendo ornamental geometriozante que lo aproxima a la abstracción”.

Lo cierto es que el artista no fue solo renovador de formas, sino que también creó controversias en cuanto a sus temas. Mucho antes de que el surrealismo y el expresionismo incluyeran abiertamente el componente sexual y erótico en su arte, ya Klimt lo había tomado como el leitmotive de su obra, específicamente centrado en la belleza femenina.

Klimt, deseoso de explorar la sensibilidad moderna y eliminar los viejos tabúes, contribuyó a formar el arquetipo de la femme fatal, en una franca contraposición a los esquemas femeninos victorianos y en torno a ella desarrolló sus obras, reseña Néret en su libro Klimt.

Pinturas como Judith con cabeza de Holofernes (1901), Las edades de la mujer (1905), Dánae (1907), Salome (1909), Las amigas (1916) y el par de retratos de la aristócrata Adele Bloch-Bauer, entre muchos otros, dan muestras de estos temas, si bien no tocados por primera vez en la historia del arte, sí de una forma francamente sensual a partir de su pincel, razón por la que muchas de sus pinturas fueran objeto de censura. Es famosa la anécdota del escándalo que provocaron los frescos que le fueron comisionados al pintor para la Universidad de Viena, por considerarlos pornográficos.

En la actualidad, su obra completa es testimonio de una época de efervescencia intelectual y cambio en el pensamiento de Occidente.

Un año de celebración

Austria declaró 2012 como el “año Klimt”, que empezó desde octubre de 2011 con una serie de actividades académicas y artísticas para revalorar la obra de este genial artista. Una de las más llamativas será la puesta en escena de la vida del pintor en el musical Gustav Klimt Das Musical, que se presentará en la Casa de Artes Künstlerhaus, desde el 2 de septiembre. Asimismo, “Klimt. La colección del Museo de Viena” será la mayor y más completa exposición monográfica que el museo vienés dedica al creador.

En estas fechas tampoco se ha dejado de lado la contribución de la musa y compañera de Klimt, la diseñadora Emilie Flöge, y el Museo Austriaco del Folclore presenta la muestra “Colección de diseños textiles Emilie Flöge”, dado que los modelos que creó Flöge inspiraron muchos de los atavíos de las mujeres de sus cuadros.

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