ENTREVISTA CON SALAHEDDINE MEZOUAR

Marruecos y su intento de calar en América

El ministro de Asuntos Exteriores marroquí visitó el país la semana pasada para reafirmar los vínculos comerciales entre ambas naciones.

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Salaheddine Mezouar, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, estuvo en Panamá recientemente. CORTESÍA Salaheddine Mezouar, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, estuvo en Panamá recientemente. CORTESÍA
Salaheddine Mezouar, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, estuvo en Panamá recientemente. CORTESÍA Hicham El Moussaoui

La relación oficial entre Panamá y Marruecos apenas comienza. No fue sino hasta abril de 2014 que la Cancillería panameña inauguró su embajada en el país africano. Sin embargo, más allá de los vínculos políticos que puedan surgir, los vínculos más fuertes se afianzan en términos comerciales, producto de la posición geográfica de ambos. Uno es la ruta más ventajosa a través de dos océanos, mientras el otro está a las puertas de la ruta marítima que une tres continentes.

Así lo dio a entender Salaheddine Mezouar, el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, quien la semana pasado visitó Panamá para inaugurar su embajada en el istmo. Mezouar, quien ocupa el cargo desde 2010, fue enfático en lo que ambos países pueden obtener a nivel económico tras el acuerdo que firmó entre la Zona Libre de Colón y el Tanger Med Zone con su homóloga panameña, Isabel de Saint Malo de Alvarado. Firmaron también un acuerdo de asuntos culturales y académicos.

En entrevista con La Prensa, Mezouar, quien fuese capitán de la selección nacional de baloncesto de su país, cuestionó el valor del reconocimiento de Panamá a la República Árabe Saharaui Democrática, se mostró optimista por el futuro de Latinoamérica y sus posibles sinergias con el Reino de Marruecos, criticó el manejo de la migración musulmana hacia Europa y valoró los esfuerzos de su país por evitar el extremismo.

¿Cuáles son las expectativas que tiene Marruecos con Panamá?

Ambos somos dos países suficientemente maduros como para construir una relación de solidaridad. Marruecos y Panamá tienen dos posiciones geoestratégicas importantes. Somos dos países con economías dinámicas, que pueden desarrollar sinergias, que tienen capacidad de ser un puente uno para el otro para nuestro espacio y nuestro mundo.

Entramos en un momento en el que hay gran voluntad de ambos países para que nuestros vínculos funcionen mejor, que los dos países y los dos pueblos nos conozcamos más.

Consideramos a Panamá como un país amigo, como socio serio y confiable, con visión y voluntad compartida. Vamos a iniciar un proceso de nuestra historia que será positivo.

¿Existe un proyecto concreto a mediano o a largo plazo entre ambos países?

El primero son las sinergias entre el Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón y la zona especial de Tanger Med. Somos dos posiciones marítimas que juegan un papel importante en el comercio mundial. La logística provocará valor añadido para ambos, y por eso decidimos empezar con esto. Es relevante para los dos.

Considerando, precisamente, la posición estratégica del Canal en la región, ¿qué tipo de plataforma sería Panamá para Marruecos hacia el resto del área?

Panamá es un país, que aparte de su posición geográfica, es abierto, capaz de desarrollar relaciones y flujos con varios países de América Latina, que tiene la ambición de ser un actor regional, y esto es tener visión. Partiendo de esto, podremos utilizar las redes de Panamá, su experiencia, su conocimiento, los grupos que tiran de la economía. Además, Marruecos ya tiene un abanico de relaciones en el área.

Durante la inauguración de la embajada, usted mencionó que América Latina es el pueblo del futuro. ¿Qué papel desea tener Marruecos en esta construcción?

Marruecos jugará un papel a través de sus socios árabes y africanos. Tenemos la visión de que a través de los foros entre los dos continentes, exista la oportunidad de acercar a los países y sectores productivos de África, de América Latina del mundo árabe; que haya un flujo de interés más fuerte entre ambas regiones. Marruecos tiene relaciones estratégicas con los países del golfo, con países de África, y con otras zonas del mundo, por lo que Marruecos puede convertirse en un factor de dinamización entre ambas partes.

A comienzos de este año, Panamá reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática. ¿Cómo valora esta acción?

No quiero comentar, ya que es propio de la soberanía panameña. Confiamos en que Panamá tendrá una posición para facilitar el proceso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en busca de una solución política. No queremos convertir a Panamá en una arena de gladiadores. Mi presencia aquí no es para esto, sino un mensaje para el pueblo y el Gobierno de Panamá, que lo consideramos como amigos, como socios serios y confiables.

Marruecos está tranquilo, porque estamos en nuestro territorio. Hemos invertido mucho en el desarrollo del Sahara. El Frente Polisario no está en el Sahara, sino en Argelia. Ellos no representan a la población saharaui. El 90% de los dirigentes del Frente Polisario han vuelto a Marruecos. Se trata de un movimiento ficticio.

Respetamos la posición soberana de cada país. Hoy en día, los países tienen que elegir con quién quieren construir su futuro, aunque el futuro no se construye con movimientos aislados, sino con Estados estables y con argumentos, y con valor añadido. No sé qué es lo que aporta el Polisario a Panamá, le aporta más problemas que soluciones. Entonces, qué futuro Panamá quiere construir con el Polisario, un movimiento sin Estado, sin población, sin territorio.

¿Este reconocimiento afecta o podría afectar la relación entre Panamá y Marruecos?

No afecta porque no es un elemento central en nuestra relación. El reconocimiento de Panamá a la República Árabe Saharaui Democrática nos han sorprendido. Por razones históricas no lo entendemos, pero respetamos, y confiamos en el futuro. Nuestro papel es que el pueblo panameño conozca la realidad, para que no sigan con la ilusión de que algo existe. Este es un juego regional entre dos países vecinos. Argelia tiene problemas, y desde hace muchos años son ellos lo que han financiado este movimiento, por razones estratégicas, junto con Muamar el Gadafi en Libia. En cambio, Marruecos ha elegido ser un país abierto al mundo, sin dictaduras.

Esperamos que Panamá empuje hacia lo que hay que hacer, que es que haya una solución política apoyando la autonomía. Seguimos con la historia de crear zonas ficticias para dividir a los países. Hay que mirar lo que sucede en el Medio Oriente. Tenemos que proteger nuestros países y nuestra realidad.

Precisamente, la división en el Medio Oriente ha sido una de las consecuencias del extremismo, que ya tiene un nicho en países cercanos a Marruecos, como Argelia y Túnez. ¿Qué esfuerzos hace Marruecos para evitar esta radicalización?

Marruecos es un Estado milenario, con historia, que tiene sus elementos de equilibrio y convivencias en su área, con una monarquía que crea una unidad en el país. Esta monarquía tiene un papel religioso para todas las creencias. Todos estos elementos, más el hecho de que Marruecos es un país abierto, con diálogo, de construcción democrática, ha convertido a Marruecos en un país estable y fuerte. Somos como una isla con respecto a lo que pasa en la zona.

Naturalmente, no hay ningún país en el mundo que estos temas no preocupen. El extremismo y la violencia es una realidad del mundo actual. Ningún país puede decir que está protegido de estos riesgos. Jugar con los temas religiosos es peligroso, porque a su nombre se provoca mucha violencia. Marruecos se protege de esto a través de su doctrina de islam moderado y abierto, sin chovinismo. La educación está adaptada a esto, y rechaza la violencia.

Ese extremismo ha provocado la migración –forzosa– de millones de personas a Europa, lo que ha provocado una crisis internacional, con tintes de xenofobia y nacionalismo. Históricamente, Marruecos ha sido uno de los países musulmanes cuya población más ha migrado hacia Europa. ¿Cómo considera que se ha manejado esta éxodo?

Es un tema serio y que se tiene que gestionar de forma ordenada. Europa va a necesitar, considerando su demografía, como 30 millones de personas que vengan a apoyar el proceso de estos países. Hay dos formas de gestionarlo: ordenada, con la posibilidad de que lleguen migrantes con acompañantes y formación; o quedas expuesto a una presión de afuera con su violencia, sus riesgos y su drama humano, que igual hay que gestionar.

Alemania anticipó el movimiento y tratan de integrar a una parte de esta migración. Otros no lo quieren aceptar por sus motivos culturales, históricos y sociales, pero Europa seguirá enfrentando una presión fuerte hasta que se solucione el problema en el Medio Oriente. No es un fenómeno que va parar, sino que se va a ampliar.

PERFIL

SALAHEDDINE MEZOUAR

Nació en 1953, en Mequínez. Fue ministro de Comercio e Industrias entre 2004 y 2007; ministro de Finanzas entre 2007 y 2011; líder de la oposición entre 2001 y 2013. En su vida privada se ha dedicado al negocio de los textiles. Partido: Rally Nacional de Independientes.

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