ENTREVISTA A JOAN SOLÉS:LAVÍTOLA-MARTINELLI: HISTORIA DE COMPROMETEDORAS COMPLICIDADES

Martinelli debería explicar qué hizo el 16 de junio de 2013

La publicación de las conclusiones de la investigación que lleva a cabo este diario sobre el caso de corrupción internacional, que salpica a Italia y Panamá, ha irritado a más de uno.

La Prensa entrevistó ayer al periodista español Joan Solés, radicado en Roma (Italia), que sigue de cerca para la radio panameña esta investigación judicial en Italia.

La búsqueda por publicar los hechos probados en esta investigación le han valido a Solés amenazas –incluso de muerte– así como un intento de soborno por una cantidad de dinero astronómica, según ha contado en esta entrevista.

De acuerdo con Solés, el periodista nunca debe ser el protagonista de la noticia, pero hoy hace una excepción con La Prensa para aclarar algunos asuntos de esta investigación periodística y revelar otros hechos, hasta ahora inéditos en Italia y Panamá.

La carrera de Solés como periodista es testigo de la libertad de pensamiento. En Bosnia, su carrera lo llevó a cubrir tres años la guerra de los Balcanes. Igualmente, ha sido corresponsal en Centro Europa, Oriente Medio y ahora en Italia, que, –como él mismo la define–, es la mejor corresponsalía del mundo.

Este es un país de gran vitalidad. Para bien; cultura, arte, historia, música, democracia... Y para mal; así de vital es también la corrupción, la mafia y los nuevos gánsteres de cuello blanco. Usted investigó la presunta corrupción internacional y durante 14 meses informó en ´Radio Panamá´.

Fue un encargo de mis directores. Ellos saben que nadie puede comprarme ni tampoco me vendo. No soy italiano ni panameño y ello me permite observar los acontecimientos con cierto desapego.

¿Y a qué conclusión llegó?

Obtuve la confirmación de que, en efecto, hubo corrupción internacional. Periodísticamente, las pruebas son irrefutables. Ahora serán los magistrados italianos quienes determinarán la verdad judicial. Pero, fíjese qué ha pasado en Finmeccanica. La anterior cúpula fue descabezada, conoció los barrotes de prisión y el nuevo Gobierno italiano ha impuesto como presidente al exsubsecretario de Seguridad Pública para que ponga orden en esta empresa semipública. ¡El exjefe superior de la Policía italiana!

¿Ha leído la investigación periodística de La Prensa?

Sí, y sus reacciones, lo que puedo ver por internet en Europa. ¡Me ha producido una profunda impresión! Se ajusta perfectamente a los hechos conocidos en un 98 por ciento. Chapeaux...

¿Y el dos por ciento restante?

En un uno por ciento hay algunos errores menores.

¿Por ejemplo?

No es cierto que Lavítola pagara 35 mil dólares por la cuenta del hotel de [Ricardo] Martinelli en Cerdeña, en agosto de 2011. Según confirmé, pagaron las empresas italianas a las que Panamá adjudicó contratos, salvo 9 mil dólares de extras en dos días, básicamente alcoholes [licores] , que abonó [Adolfo] De Obarrio en tarjeta de crédito.

¿Y el otro uno por ciento?

La investigación de La Prensa es de una exquisita moderación. Seguramente para no echar gasolina al fuego, no lo sé. Los presuntos delitos son mucho más graves de lo que se desprende de su información. Es una maraña muy complicada. Sus protagonistas la han enredado para que nadie pueda tirar del hilo conductor.

Pues el presidente Martinelli lo atribuye a odios, campañas, injurias y mentiras...

Esta reacción es absolutamente desproporcionada. Quizás se justificaría si se hubiera fantaseado con que habría desviado 800 millones de coimas –por decir algo– de las adjudicaciones públicas de los últimos años a cuentas bancarias en paraísos fiscales –por citar algún lugar inaccesible– y que en ello habrían intervenido –por citar a alguien– algunos personajes de dudosa reputación que cobrarían comisiones por ello... Entonces sí que tendría motivos para quejarse ante semejante barbaridad inventada. ¡Eso sí sería una telenovela!

También ha afirmado que lo publicado se debe “por cobrarles impuestos para hacer obras”.

¿Son los presidentes o los Estados los que cobran los impuestos? ¿Se refiere a [Roberto] Eisenmann, no?

Sí, ¿Lo conoce usted?

No, pero sí su biografía. Si el Estado tiene derecho a reclamar aquello que es justo, sus ciudadanos tienen su derecho a defenderse si consideran que es injusto. Y punto. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Nadie puede ser al mismo tiempo Dios y César, juez y parte. Berlusconi hacía lo mismo siendo primer ministro. Acusaba reiteradamente a los periodistas de injuriarle y hacer daño al país. La prensa, que escribe sobre los hechos observados o que conoce, solo cumple su deber. Atribuirle que publica [noticias] para evadir impuestos es sencillamente inaceptable y una desviación de la rectitud de todo mandatario. En Panamá o en la Conchinchina.

¿Hay un síndrome Lavítola?

Peor. Se genera confusión para convencer que hay “lavítolas” por todos lados. Y en el estadio agudo del síndrome, se atribuye a La Prensa males propios de Lavítola, que para hacer política, se compró un periódico para atacar a sus enemigos, estafó al Estado, falseó la contabilidad y evadió impuestos. Por ello fue condenado a tres años y ocho meses de prisión, además de ser expulsado del Colegio italiano de Periodistas. Por lo que he podido leer, ese síndrome se extiende como mancha de aceite.

¿Hay tratamiento para eso?

Ya lo creo: más información, mayor pluralismo y mejor democracia.

¿En cuatro años Martinelli ha hecho más que en los últimos 40?

Sí, eso también lo decía Berlusconi, que él había hecho más que todos los primeros ministros de Italia desde la II Guerra Mundial. Martinelli en Panamá o Berlusconi en Italia o cualquier presidente, está obligado a hacer todo lo bueno que ha hecho. Los panameños le eligieron, le concedieron todos los privilegios del Estado y le pagan un buen sueldo cada mes para que lo haga... vamos, se lo exigen.

¿Conoce personalmente a Lavítola?

Sí. Pero eso es materia reservada de la que no puedo hablar, como lo son los numerosos contactos periodísticos que tuve en su momento con implicados, personas necesariamente informadas, abogados, magistrados, periodistas, testigos, políticos...

¿Qué clase de persona es Lavítola?

El Presidente dijo que era un encantador de serpientes. A mí no me encanta este tipo de personajes, será que tengo poco de reptil. Él es como Sexto en La Clemencia de Tito, de Mozart. Está dispuesto a responsabilizarse de todo el pastel, culpas y delitos... financiación ilegal, fraude fiscal, compra de parlamentarios, intrigas políticas, corrupción internacional... y sacrificar su vida con tal de salvar las posaderas de los poderosos, que actúan como aquel gobernador castellano que pensaba “ahí me las den todas”.

¿Conoce a su familia?

No. por favor, dejemos al margen a su esposa e hijos. Hay que respetarlos. Ya sufren bastante.

¿No será suyo un berlina oscuro de cristales tintados?

No [sonríe]. Me desplazo por Roma con total transparencia en mi viejo Smart biplaza.

Hay informaciones que señalan una berlina oscura de cristales tintados los mismos días de junio en los que el Presidente retiró un premio en la FAO en Roma.

Sí, conozco algunos detalles, aunque ese domingo yo estaba en el sur de Italia. Pero hay dos testigos creíbles. Uno vio al Presidente tomando unas copas en Piazza Navona, con el vehículo oficial negro aparcado al lado del Café Bernini, a primera hora de la tarde. El otro afirma que Martinelli estuvo en la casa donde Lavítola permanecía en arresto domiciliario, merendando o cenando en la parte posterior del segundo piso, la que da al jardín comunitario del edificio, a última hora de la tarde.

¿Hay pruebas de ello?

Están en manos de la policía encargada de la vigilancia penitenciaria y de los fiscales que ordenan el seguimiento por audio y video de todos los que cumplen cárcel por casa con brazalete electrónico. Martinelli ayudaría mucho si desmintiera a estos testigos y explicara qué hizo en Roma la tarde-noche del domingo 16 de junio tras el acto de la FAO. ¿Por qué fue solo a recoger un reconocimiento y no estuvo presente en la apertura oficial de la Asamblea de la 38 Conferencia Internacional de esta agencia de la ONU al día siguiente?

Usted informó que la FAO no había confirmado la presencia de Martinelli. Y yo, hace unos días, que la Secretaría de Estado del Vaticano no tenía en agenda la audiencia con el Papa. ¿Nos equivocamos?

Sí. Pero no creo que usted pretendiera injuriar al Presidente. Yo tampoco. Los periodistas no siempre podemos contactar directamente con el director general de la FAO o el secretario de Estado para que nos confirme los anuncios un jefe de Estado por falta de transparencia informativa. Si te aseguran que no está en la agenda, no puedes publicar lo contrario. Ahí hay un juego perverso de muchos políticos con los periodistas. Por ejemplo, volviendo a la visita del Presidente a Cerdeña. Berlusconi decidió darle calabaza [no hacerle caso] y se quedó en su casa de Milán. No es cierto que él estuviera enfermo. Pero la Presidencia de Panamá remitió a los medios de comunicación fotos de Martinelli en la Villa Certosa de Berlusconi y añadió que ambos presidentes habían mantenido un coloquio, dando a entender que era un encuentro de Estado. Lo que no decía es que fue un coloquio “te-le-fó-ni-co... sobre la belleza del lugar y la excelencia del jardín botánico”.

¿Por qué dice que le dio calabaza [que no le hizo caso]?

Porque Berlusconi seguramente estaba harto y muy cabreado. Unos días después, dijo a Lavítola que él no sabía qué se estaba tramando a sus espaldas en Panamá. El ex primer ministro italiano tenía información privilegiada y la revista Panorama, de su propiedad, la publicó inmediatamente. Martinelli estaba en Alemania, viendo tuneladoras. Lavítola en Bulgaria, creando empresa. Y Berlusconi, en Italia, esperando acontecimientos. Ahora sabemos que se sobornaron con plata a funcionarios del Tribunal para obtener aquella información judicial. Por ello, el director de Panorama, Giorgio Mulé, fue procesado. Como ve, el embrollo es monumental.

¿Y no podría desenmarañarlo en pocas palabras?

Hubo una serie de acuerdos y promesas entre dirigentes italianos y panameños que no se cumplieron. Por ejemplo, la entrada en vigor en Italia del tratado de doble imposición con Panamá o el famoso hospital de Veraguas. Y empezó la greña. Mientras, se negociaban los contratos de helicópteros, radares, cartografía y módulos carcelarios con empresarios italianos –algunos absolutamente insolventes– que aceptaban de buen grado o a regañadientes la interposición de firmas instrumentales, con titulares de paja. A modo de muñecas rusas, una dentro de otra, en diversos países, Argentina, Bulgaria... para desviar hasta unos 60 millones de dólares. Quizás algo más, quizás menos. A partir de ahí ya fue el todo contra todos.

¿Pero se pagaron?

No, solo las primeras cantidades. La revista Panorama –por no decir directamente Berlusconi– hizo estallar el escándalo y todos sacaron las manos de la masa. Da lo mismo. Para la justicia italiana el presunto delito estaba ya perfeccionado, aunque no hubiera concluido, por ello entraron en escena los magistrados. Es como si usted hubiera planificado un atraco a un banco y la policía le detiene cuando toca los primeros billetes. Nadie le creería si dijera que todo es mentira o es una campaña para desacreditarle.

¿El banco sería Panamá? ¿Entonces, por qué actuaron los magistrados de Nápoles?

Porque el delito se planificó en Italia. El trabajo de los fiscales y jueces de Nápoles fue impecable y los investigadores de la policía ejecutaron sus órdenes con una gran profesionalidad. Están acostumbrados a hacerlo contra la mafia. Pero cometieron un error.

¿Qué error?

No repararon en el lugar donde se planificó todo: Roma, en sedes de empresas en la capital italiana. Y el juez se vio obligado a trasladar allí la investigación por cuestión de competencia. En su Twitter, Martinelli interpretó que los jueces habían “exonerado” a Lavítola, ja, ja...

Según su investigación periodística, ¿Martinelli personalmente ha obtenido dinero de las adjudicaciones a empresas italianas?

No, en absoluto. Ni falta que le hacía, para él eso son migajas. Pero su responsabilidad política es gravísima, porque consintió que sus aduladores recogieran estas migajas. Berlusconi hacía lo mismo en Italia.

¿A qué o a quién iba destinado el dinero de estas coimas?

Trabajé sobre una hipótesis que poco a poco ganaba credibilidad. Aparte, aquellos a los que se tapaba la boca con poco dinero, había al menos un recaudador central en Panamá. En este punto tuve que interrumpir la búsqueda.

¿Quién es ese recaudador central en Panamá?

Uf, no puedo desvelar esta hipótesis porque no llegué a confirmarla. Pero alguien recaudaba dólares por centenares de miles. según mi fuente, que no pudo precisarme si Martinelli lo sabía o se lo escondían.

¿Algunos magistrados le han pedido detalles?

En una ocasión, sí, es cierto.

¿Desde Italia ha seguido también el proceso a Balbina Herrera?

Sí, con preocupación. Mire, no me importa si el Presidente, esta señora, un político u otro, este diario o el de más allá son de izquierda o derecha, de la oposición o no. Me interesan los hechos. La cuestión es la siguiente: Martinelli protegió a su amigo Lavítola y le dijo cuándo debía huir para evitar la cárcel. Pero arremetió contra un adversario político que terminó con pena de cárcel. Es para estar preocupado ¿no le parece?

Martinelli estará en Roma el sábado 26 de octubre. ¿Qué le dirá el Papa?

No sé, pero Bergoglio tiene las ideas bastante claras. El Presidente de los panameños puede entrar en el Palacio Apostólico, claro. Pero es más difícil –¿recuerda?– que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en aquel reino.

El presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, recibirá a su homólogo de Panamá en el Palacio del Quirinale, como es habitual con los jefes de Estado?

En las circunstancias actuales no lo creo. Si llamo al Quirinale para confirmarlo y me dice que no está previsto, quizás mañana Martinelli sacará una invitación confirmada y cursada por no se sabe qué conductos diplomáticos.

¿Cómo queda el prestigio de Panamá con este escándalo?

Una parte del mundo no sabe nada, a otra le importa un pepino y el resto no consigue entender qué pasó. Ya es bastante difícil para los magistrados italianos, figúrese para el lector. Pero en las cancillerías de todo el mundo esto no pasa desapercibido. Al contrario, toman nota. Italia y Panamá tardarán en recuperar la confianza, que solo será posible si hay cambios. En Italia han cambiado el gobierno, la dirección de Finmeccanica, ya no hay tolerancia con las coimas, se toman distancia con los gobiernos problemáticos... En Panamá quizás sea necesario terminar de una vez con el presidencialismo e introducir cambios constitucionales con un jefe de Estado garante, sin Poder Ejecutivo, y un Ejecutivo sin poder de jefatura de Estado, que se complementen, controlen y reequilibren... No lo sé, es asunto de los panameños y ellos decidirán.

¿Por qué no ha seguido informando desde Roma tras 14 meses de reportes en Radio Panamá?

Devolví el encargo a mis directores, presenté la renuncia a seguir investigando e informando. Desde entonces solo trabajo para España.

¿Por qué?

Todo tiene un límite. Verá, en verano me llegaron amenazas de muerte. Lo digo en plural. Es difícil determinar de quién procedía. El mensajero dejó claro que mis informaciones perjudicaban intereses tan fuertes que no podía ni imaginarlos, que por ello podían matarme y no sé qué referencias más a camorristas napolitanos. Paralelamente, me ofrecieron una cantidad astronómica [de dinero] para encaminar mi información en un sentido muy preciso. Me negué. Dije que yo no toco otra plata que no sea resultado de mi trabajo. Entonces me ofrecieron un contrato periodístico con un salario equivalente ¡al de la canciller alemana Merkel! ¡Una locura! Respondí que estaba muy a gusto como corresponsal en Italia de la primera red de radio de España. Los oyentes de la radio y los lectores me merecen gran respeto, son la razón de mi vida profesional. Antes que defraudarles, desaparezco.

¿Y dimitió?

Mi mujer me advirtió seriamente que ponía en peligro la familia y principalmente a nuestro hijito, que está superando un cáncer infantil brutal. Entre amenazas y sobornos decidí abandonar. Y nos fuimos de vacaciones.

¿Acaso los fiscales italianos no podrían llamarlo a usted en calidad de testigo para que atestigüe de dónde provenían las amenazas y quién intentó sobornarlo?

Bueno, los fiscales no son enemigos. Aquí cuento hasta donde puedo contar, claro. Es un problema decirlo en público, pero no lo será contarlo a los fiscales.

¿Y abandonó al profesor Cabrera a su suerte?

Edwin me dio una lección magistral. Lo más fácil era que él dimitiera también. Pero tomó una decisión muy valiente, difícil de reconocérsela: seguir defendiendo los pilares de la democracia, cada día, ante los micrófonos de la radio.

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