CIFRAS DEL MINISTERIO PÚBLICO indican DISMINUCIÓN En CASOS DE ´CLONACIÓN´

Nacionales facilitan sus cuentas para depósitos

Por sumas que no pasan de 50 dólares, cada vez son más los ciudadanos locales que de manera voluntaria, o incauta, se prestan para operaciones fraudulentas.

Como víctimas, victimarios o cómplices, cada vez son más los panameños implicados en delitos financieros, incluyendo entre estos la duplicación o “clonación” de tarjetas de crédito.

Así lo confirman cifras manejadas por las fiscalías Tercera, Decimotercera y Decimocuarta de Circuito de Panamá, dedicadas a la investigación de este tipo de delitos.

Los números dan cuenta de 378 expedientes abiertos en lo que va de este año, 224 de ellos relacionados con el uso indebido de tarjetas de crédito, entre estos la “clonación”.

De acuerdo con el fiscal decimotercero de circuito, Julio Lafaurie, si bien las estadísticas oficiales reflejan una disminución de casos, ya que en 2010 se reportaron 872, en el fondo de los expedientes se advierte la tendencia según la cual cada vez son más los panameños involucrados en delitos financieros. Antes eran ciudadanos de otras nacionalidades, en especial colombianos y venezolanos.

Dicha tendencia refleja, sobre todo, que una importante cantidad de panameños ha quedado involucrada en la comisión de los ilícitos, luego de prestar voluntariamente sus cuentas bancarias a grupos del crimen organizado, que los captan de diferentes formas.

Según Lafaurie, la mayoría de estas personas “cae” sin saber que detrás de las operaciones hay bandas organizadas de delincuentes, y lo hace a cambio de recibir ínfimas cantidades de dinero.

Por lo general, los panameños son abordados en las mismas inmediaciones de los bancos o en sitios concurridos. Les pagan 50 dólares o menos por permitir depósitos procedentes de otros bancos locales, y en algunos casos del extranjero.

Al consensuar la operación con el receptor del dinero, es decir, con el panameño, los delincuentes contactan a las personas que depositarán el dinero y luego ambos proceden a retirarlo, con el consecuente pago de la comisión referida.

Lo que no sabe el panameño que presta su cuenta es que los mismos bancos se percatan de ese tipo de operaciones inusuales y, tras denunciar los casos e iniciarse las investigaciones penales, el que es responsable ante la ley es el titular de la cuenta.

“En ocasiones hemos detenido a taxistas, quienes han realizado este tipo de transacciones con supuestos turistas, sin saber que ellos deberán responder”, explicó el fiscal.

“Los dueños de las cuentas no pueden explicar cómo se produjo el movimiento de fuertes sumas de dinero y ni siquiera saben describir a las personas que los contactaron”, agregó.

Víctimas reales

En la otra cara de la moneda, según el fiscal, se hallan los ciudadanos que sin saberlo se convierten en víctimas de las más tradicionales formas de “clonación” o duplicación de tarjetas de crédito.

Como Juana, quien a pesar de que estaba consciente del riesgo de este tipo de ilícito y siempre mantenía sus tarjetas dentro de su billetera, fue víctima de un fraude que le costó $5 mil.

La joven de 25 años, cuya verdadera identidad se mantiene en reserva para efectos de este reportaje, fue víctima de una banda de duplicadores de tarjetas que ni siquiera requiere del plástico de aquellas para perpetrar el delito.

Juana se enteró de que le habían “clonado” su tarjeta tres meses después de cometido el hecho, y solo porque pidió en el banco su estado de cuenta para hacer unos trámites.

Con el documento en lamano se percató de que en su cuenta había varios débitos de un dólar cada uno, por el retiro de dinero en efectivo desde cajeros automáticos diferentes a su entidad bancaria.

La mujer denunció el caso ante la División de Fe Pública de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), que al verificar la información suministrada descubrió que cada dos días se hicieron retiros de su cuenta personal de 500 dólares cada uno.

Después de recibir la información, Juana llegó a la conclusión de que la “clonación” solo pudo concretarse en dos escenarios: en el salón de belleza al que acude regularmente, donde siempre deja la cartera antes de ir a lavarse el cabello; o en su propia casa, donde tenía como empleada doméstica a una ciudadana extranjera, que renunció poco antes de que descubriera el ilícito.

Aunque los investigadores revisaron ambos escenarios, todavía no se ha logrado determinar exactamente dónde y cómo se dio la duplicación de la tarjeta.

Un caso similar al de esta panameña le sucedió a Michael, un empleado de una agencia de viajes ubicada en Río Abajo, a quien le cargaron 4 mil dólares en su tarjeta de crédito gracias a los datos que él mismo aportó a una supuesta empleada bancaria.

En este caso, la mujer llegó directamente hasta el trabajo de Michael (cuyo nombre también fue cambiado) y como si se tratase de una operación legítima le ofreció a él y a uno de sus compañeros tarjetas de crédito prepago.

Michael y su compañero de trabajo se mostraron interesados en adquirir estas tarjetas, por lo que dieron sus datos personales a la joven e incluso le firmaron –como en la cédula– varios documentos que esta les proporcionó.

Después de obtener los datos que necesitaba, la mujer dijo a sus víctimas que pronto los llamaría para darles la fecha exacta en que recibirían las tarjetas. Además, les aseguró que los trámites serían más rápidos con ella que con la misma empresa de tarjetas de crédito.

Un par de semanas más tarde, sin embargo, Michael recibió una llamada de la verdadera empresa, en la que le advirtieron de un sobregiro. Cuando hizo el reclamo, descubrió que incluso le habían falsificado la firma.

Planificación previa

Para las autoridades, no cabe duda de que las bandas que se dedican a este tipo de delitos planifican meticulosamente sus operaciones.

Según el fiscal, los “clonadores” inclusive tienen horarios establecidos para cometer sus fechorías.

De hecho, en algunos de los casos investigados por Lafaurie ha quedado claro que los delincuentes escogen previamente algunos cajeros con poca seguridad para retirar dinero con las tarjetas “clonadas”, bajo el escudo cómplice de la madrugada.

En otros casos, los antisociales han llegado a montar supuestas operaciones de mercadeo, con el único propósito de acercarse a sus potenciales víctimas y sustraerles los datos que más tarde les permitirán “clonar” sus tarjetas.

Y aunque en algunos casos se sofistifican, en otros escenarios los delincuentes siguen usando los modos más tradicionales, como la colocación de máquinas “pescadoras” de datos en falsos frontales de los cajeros automáticos.

Cuando los usuarios van en busca de dinero, introducen la tarjeta y automáticamente el sistema instalado toma la información de la cinta magnética, proceso que se completa cuando la persona marca su clave.

Antes, para perpetrar este delito, los “clonadores” tenían que buscar la forma de llegar a la propia tarjeta mediante diferentes estrategias, entre ellas la colocación de objetos delgados en los cajeros para lograr que los propietarios buscaran ayuda, y allí estaban ellos para “socorrerlos”.

Sanciones

Según el artículo 239 del Código Penal, “quien, en beneficio propio o de un tercero, se apodere, ocasione la transferencia ilícita o haga uso indebido de dinero, valores u otros recursos financieros de una entidad bancaria, empresa financiera u otra que capte o intermedie con recursos financieros del público o que se le hayan confiado, o realicen esas conductas a través de manipulación informática, fraudulenta o de medios tecnológicos, será sancionado con prisión de cuatro a seis años”.

“La sanción será de seis a ocho años de prisión, cuando el hecho punible es cometido por un empleado, trabajador, directivo, dignatario, administrador o representante legal de la entidad”.

class="mce"> >> Tres maneras de ´clonarle´ su tarjeta

Son varios los modos de operar de los delincuentes dedicados a “clonar” tarjetas, pero en Panamá destacan tres, según las autoridades.

El primero ocurre cuando una persona lo sigue hasta la fila del cajero automático, lo tropiezay simula que se trató de un accidente.

La idea es que se le caiga su tarjeta, y cuando esto ocurre la persona la recoge como un acto de gentileza. El detalle es que en ese rápido movimiento le cambia su plástico por otro del mismo banco, y luego procede a copiar el suyo.

Otra forma se da en los cajeros automáticos. Usted introduce su tarjeta en la ranura y esta se queda atascada. Un extraño le dice “amablemente” que para poder resolver el problema debe ingresar su clave secreta. Ingenuamente usted le hace caso e introduce su clave, pero la tarjeta sigue atascada.

Ante la persistencia, el extraño le dice que lo mejor es que hable con el personal del banco, pero ya logró su cometido al “clonar” sus datos gracias a una máquina “pescadora” previamente instalada en el cajero y copiar la clave que usted mismo marcó.

Un tercer modo suele ocurrir en locales comerciales. Usted entrega su tarjeta de crédito para pagar la cuenta, y el mesero o dependiente duplica sus datos a través de una máquina captadora. Luego, esos datos serán fijados a una tarjeta “clon”.

Elio Núñez

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