RECURSOS FORESTALes DE PANAMÁ

Negociado arrasa el cocobolo

El metro cúbico de la especie de árbol cocobolo ha alcanzado un valor de $4 mil. Sin embargo, en el mercado oriental esa cifra puede cuadruplicarse.

El negocio y tala ilegal que se registra en Panamá contra la especie protegida del árbol conocido como cocobolo se ha convertido en un problema internacional.

Solo entre diciembre de 2012 y en lo que va de 2013 se han retenido siete contenedores llenos de tucas de esa especie en el puerto de Manzanillo, en Colón, mientras que en el puerto de Balboa también se retuvo uno. Todos los vagones tenían un solo destino: China.

Incluso en mayo de este año un contenedor con cocobolo desapareció en el puerto de Manzanillo, a pesar de que ya había sido incautado por la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam). Resulta que en un hecho confuso con la Autoridad Nacional de Aduanas el vagón desapareció y las autoridades presumen que ya está en el Oriente.

Por este caso se presentó una denuncia en la sede del Ministerio Público en Colón. En Panamá también se han presentado denuncias, específicamente en la Fiscalía Quinta de Circuito, en las que se implica a funcionarios de Anam, ciudadanos de origen oriental y hasta políticos.

Además, la Oficina Central Nacional de Interpol en Panamá también participa de las investigaciones, pues ya desde China le están informando a las autoridades panameñas que a ese país en los últimos tres años han ingresando contenedores sin los respectivos protocolos de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites, por sus siglas en inglés).

Tal es la gravedad del asunto, que dirigentes indígenas en Darién señalan que entidades como Anam, la Autoridad Nacional de Aduanas y el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) no han podido controlar esa actividad ilegal.

Bethanio Chiquidama, excacique general de la comarca Emberá Wounnan, sostiene que el negocio con esa especie se han convertido en un problema similar al tráfico de drogas.

Por ejemplo, plantea Chiquidama, que en los últimos tres años ha pasado de una especie sin demanda y valor en el mercado nacional a ser la especie más codiciada, y por ello ha alcanzado un valor por metro cúbico de $4 mil. Sin embargo, una vez sale de Panamá y llega a China el costo de esa madera se cuadruplica.

“Esto es una cadena de corrupción”, señala el dirigente para referirse a los inspectores de Anam en Darién, los madereros que extraen y compran la madera, y los empresarios que la envían fuera de Panamá. Además, lamentó que el gobierno no quiera establecer mecanismos para contrarrestar este asunto.

En el pueblo Emberá Wounnan consideran que todos los árboles tienen espíritu y el cocobolo no escapa de esa premisa. De allí que antes de utilizar esa planta para confeccionar artesanías rezan y emiten plegarias a manera de indulgencia.

“Nosotros le damos un uso artesanal y de forma sostenible”, dijo Chiquidama.

Un poco más al norte de Darién está la población de Madugandí. Allí Héctor Pérez, subsecretario del Congreso General Guna de Madugandí, señala que están acabando con los árboles que quedan de ese tipo.

“Los mismos señores de Anam están siendo cómplices, pues les dan unos cuantos dólares y ellos dejan pasar los vehículos”, añadió.

Cuenta Pérez que a raíz de ello decidieron formar una comisión técnica integrada por las máximas autoridades de esa región indígena, para hacer frente a la tala en sus tierras. “Están arrasando con el cocobolo en Darién y no se ha podido controlar este problema”, concluyó el representante del pueblo Madugandí.

En Darién laboran unos 25 inspectores de Anam.

MADEREROS MOLESTOS

Otros de los actores principales en esta historia son los madereros. Los últimos decomisos que se han reportado en el área de Darién no son de su agrado.

Bernardo Ramos, presidente de la Asociación de Madereros, manifiesta que se les está estigmatizando como los “malos de la película”, cuando no es así.

Actualmente, Senafront mantiene retenidos aproximadamente 10 camiones que no contaban con los permisos en regla para transportar esa especie. Datos de esa entidad dan cuenta de que entre 2012 y 2013 se han decomisado 511 tucas de cocobolo a madereros que no tenían documentos para desarrollar esa actividad.

No obstante, Ramos comenta que se han reunido con Senafront, Anam, Defensoría del Pueblo, indígenas y autoridades locales con el fin de buscar una solución a este tema, pues muchos de sus compañeros están a punto de perder sus vehículos porque todavía se los mantienen retenidos y no tienen cómo pagar a los bancos.

Tenemos muchos gastos y hay gente que está perdiendo sus camiones. Pedimos que se respete la seguridad comercial y además que se mejore la regulación para el aprovechamiento del cocobolo, porque ahora mismo la ley es muy amplia y nos impide trabajar”, añadió.

Según el maderero, esa es una especie que se puede renovar y que se puede explotar comercialmente de muchas maneras, por lo que piden a las autoridades ser más flexibles. Aunque aclara que hay 25 especies de madera comercial en el país y que muchos de ellos no transportan el famoso cocobolo.

“En mi caso, yo me dedico a procesar y aserrar otro tipo de madera, aunque sí hay que reconocer que el cocobolo tiene un gran valor en el mercado”, puntualiza.

En medio de este escenario, recientemente el Ejecutivo publicó en Gaceta Oficial una nueva norma que permite la explotación de la mencionada especie.

De acuerdo con la Resolución AG No. 0696-2013 de Anam se podrá aprovechar esa especie siempre y cuando sean “árboles, tocones y raíces secos caídos de forma natural y previamente verificados mediante inspección técnica”.

Igualmente, aquellas plantaciones forestales de cocobolo inscritas en el Registro Forestal de Anam, especies de cocobolo que estén sumergidas en el agua, madera obtenida de subasta pública y la obtenida de permisos comunitarios de aprovechamiento forestal en las comarcas y reservas.

Para ambientalistas y defensores de esta especie, la normativa de la entidad encargada de proteger el ambiente es muy flexible aún.

Es más, la madera decomisada por las autoridades y que es vendida por Anam en las subastas termina siendo un gran negocio para quien gane en el acto público.

Esto porque la legislación de esa entidad establece que la madera más apreciada durante una subasta no puede superar el precio de $150 por metro cúbico. Eso es casi nada con el valor que tiene el metro cúbico de cocobolo en el mercado internacional.

INVESTIGACIONES

La directora regional de Anam en Colón, Noris Karina Toribio, informó de que la mayoría de la madera que fue talada de forma ilegal en Darién siempre pasa por puerto Manzanillo, debido a que es más rentable su venta en los países asiáticos.

“Hacemos coordinaciones con la Autoridad Nacional de Aduanas, ya que para exportar cocobolo se necesita un permiso Cites. Hay una orden para que se abran todos los contenedores que digan madera y que se dirigen a China”, enfatizó.

Sobre el bajo costo en que Anam vende la madera de cocobolo, argumentó que se trata de una resolución vieja y que hay un equipo que trata de mejorar ese documento para que el Estado obtenga mayores ingresos durante esas subastas públicas.

“La resolución nos amarra, pero coordinamos con el Ministerio de Economía y Finanzas para que el precio sea más elevado. Esto surgió solo hace tres años y este problema es reciente, y sobre la marcha se están haciendo las correcciones”, manifestó.

Sobre el contenedor que desapareció en Colón dijo que presentaron la respectiva denuncia contra la empresa responsable de la madera. Se trataba de un grupo comercial chino y que también está siendo investigado por la Fiscalía Ambiental.

“Todo indica que el contenedor salió del puerto”, indicó la funcionaria.

En ese sentido, la Fiscalía Quinta de Circuito lleva a cabo pesquisas contra funcionarios de Anam responsables de emitir permisos de explotación de cocobolo, madereros que talan ilegalmente en Darién y Los Santos, así como empresarios que están exportando esa madera que vale oro.

´Hay que aumentar los controles forestales´

Organizaciones ambientales cuestionan los pocos controles que ejecuta la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) en provincias como Los Santos y Darién para evitar que se acabe con la especie cocobolo. Alida Spadafora, directora de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), afirmó que se otorga permiso a todo el que lo solicite sin verificar dónde estén plantados los árboles.

En Ancon se ha denunciado constantemente la deforestación en Darién, una de las reservas consideradas Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés). “Hay que aumentar los controles forestales, ya que son evidentes los focos de deforestación en la zona este del país, sobre todo en la provincia de Darién”, manifestó la activista.

Mientras que el ambientalista Félix Wing consideró que se debe hacer una investigación exhaustiva y encontrar responsables de esa tala y tráfico ilegal, ya que se está devastando una reserva mundial. Ambos defensores del ambiente reconocen que esta especie se emplea para la confección de mangos de cubiertos, cuchillos, instrumentos musicales, torneado artístico y acabado de muebles, además de artesanías y esculturas, lo que la hace muy valiosa, en especial, fuera de las fronteras del continente americano.

Datos de las organizaciones revelan que entre las cuencas que están siendo deforestadas se encuentran las del río Chiatí, Membrillo, Ucurgantí, en Darién, y Majé y Chimán en la provincia de Panamá. Además de Tonosí, en Los Santos.

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