ELECCIONES PRESIDENCIALES EN NICARAGUA

Ortega busca su tercer mandato

‘Ortega va a darle diputados a varios partidos para que no haya dictadura. Lo mismo que hacía Somoza’, dijo Óscar Vargas, un exaliado y consejero.

Entre Venezuela y Estados Unidos

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Jóvenes que llaman a no votar protestan contra lo que consideran una farsa electoral, en medio de denuncias de funcionarios que dicen que los amenazaron con despidos si no votan por el oficialismo. Jóvenes que llaman a no votar protestan contra lo que consideran una farsa electoral, en medio de denuncias de funcionarios que dicen que los amenazaron con despidos si no votan por el oficialismo.
Jóvenes que llaman a no votar protestan contra lo que consideran una farsa electoral, en medio de denuncias de funcionarios que dicen que los amenazaron con despidos si no votan por el oficialismo. Esteba Félix

Nicaragua acude hoy a unas votaciones atípicas que muy probablemente significarán la tercera reelección consecutiva de Daniel Ortega.

Dos sondeos recientes dan la victoria al actual presidente, con más del 50% de los votos, casi sin que haya movido un dedo. A diferencia de otras campañas, Ortega prácticamente no salió a la calle a buscar votos, ni mostró músculo político con esos mítines de antaño que convocaban a centenares de miles de seguidores tras su Mercedes Benz.

Ortega, quien cumplirá 71 años el 11 de noviembre, busca la reelección junto a Rosario Murillo, su compañera en la vida y en la política y la cara más popular de su gobierno, ahora reconvertida en candidata a la vicepresidencia.

Cinco candidatos más se presentan como candidatos a la presidencia, pero las encuestas no les dan ninguna opción y los críticos consideran que no son parte de la oposición real, la cual ha sido diezmada en los últimos meses mediante fallos de la autoridad electoral y de la Suprema Corte, organismos que la disidencia califica como afines a Ortega.

“¿Quiénes son esos candidatos? En la boleta electoral, el rostro del comandante Ortega está acompañado de otros cinco señores que se han puesto saco y corbata para la foto, pero a quienes nadie conoce”, escribió esta semana el exvicepresidente sandinista Sergio Ramírez en un artículo de opinión en el diario La Prensa.

Ortega, un excomandante guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional, llegó por primera vez a la presidencia en 1979 tras una cruenta guerra civil que acabó derrotando la dictadura de Anastasio Somoza. Gobernó hasta 1990, cuando perdió las elecciones, pero regresó al poder en 2007. Desde entonces ha sido reelegido en dos ocasiones y ahora se acerca a su tercer mandato de cinco años, muy cuestionado porque los opositores consideran que está utilizando las instituciones para afianzarse en el poder mediante argucias que pueden ser legales, pero no democráticas.

“No vale la pena perder tiempo y votar. Todo está ya arreglado”, opinó Glenda Bendana, una vendedora de un centro comercial de Managua. “Aquí no nos han quitado el derecho a votar, sino el derecho a decidir. Ortega se quiere morir en el poder y dejar a su esposa en su lugar”, aseguró.

Para el analista político nicaragüense Cairo Amador, esta ha sido la campaña “más deslucida y menos brillante de los últimos años”. Los movimientos del Gobierno para debilitar a la posición, aunque legales, “han hecho que estas votaciones estén en cuestión”, agregó.

Además de elegir mandatario para los próximos cinco años, se renovará el Parlamento Nacional (90 diputados) y se elegirán los diputados para el Parlamento Centroamericano (20).

Las críticas a la forma de gobernar de Ortega comenzaron a partir de 2010, cuando logró que la Corte Suprema de Justicia, dominada por magistrados afines al sandinismo, declarara inconstitucional el artículo que impedía que un presidente pudiera ser reelegido de forma consecutiva. Para sus detractores, fue el primer paso para intentar perpetuarse en el poder.

Sin embargo, sus seguidores destacan la relativa estabilidad económica del país y los bajos niveles de violencia, comparados con los de sus vecinos, Honduras y El Salvador. Además, muchos nicaragüenses alaban los programas sociales puestos en marcha por los sandinistas, de la mano de Rosario Murillo.

En julio pasado, la autoridad electoral tomó una decisión que prácticamente diezmó a la oposición: destituyó al principal líder opositor, Eduardo Montealegre, y a 28 legisladores, entre activos y suplentes, por no reconocer al sucesor de Montealegre, Pedro Reyes, a quien los destituidos consideraron un títere de Ortega.

Desde entonces, los sectores opositores más duros quedaron fuera del juego político y se agruparon en el llamado Frente Amplio por la Democracia y Ciudadanos por la Libertad, que ha pedido a los nicaragüenses que se abstengan de votar, porque consideran que los contrincantes de Ortega son en el fondo sus “colaboradores”. Han dicho que las elecciones del domingo son una “farsa electoral”.

“Además de que no hay por quién votar, no hay por qué votar. Por eso llamamos a la población a que manifieste su rechazo al proceso sin participar”, dijo Irving Dávila, militar retirado que forma parte del Frente Amplio.

El presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas, afirmó que los que llaman a la abstención son una minoría. “Se trata de un grupo minúsculo de personas que quiere hacer creer que aquí hay anomalías, pero el pueblo sabe que aquí ha habido un proceso electoral en paz y tranquilidad y la mejor encuesta se verá el domingo”, dijo el pasado viernes en una entrevista con la cadena Telesur.

Algunos expertos no coinciden. “A simple vista se nota que existe total complicidad entre los cinco partidos que participan supuestamente contra Ortega. Todos saben que no son representativos, que lo único que buscan es hacerle el juego a Ortega y que este les permita pequeñas cuotas de poder en la Asamblea Nacional”, señaló el analista político Carlos Tünnmermann.

“Yo no colaboro con nadie más que con el pueblo de Nicaragua”, contestó por su parte Maximino Rodríguez, candidato a la presidencia por el Partido Liberal Constitucionalista, que maneja el expresidente Arnoldo Alemán, considerado “socio” del gobernante sandinista desde el pacto de 2000, cuando las instituciones del Estado fueron repartidas entre militantes y simpatizantes de ambos partidos.

La Organización de Estados Americanos (OEA) desde octubre hace gestiones diplomáticas con el gobierno de Ortega para promover el respeto al orden democrático y estará presente en Managua durante la votación.

Ortega “se enfrenta a un posible desconocimiento de los resultados” electorales por parte de la comunidad internacional y sanciones económicas de Estados Unidos que perjudicarían al país”, advirtió el exdiplomático nicaragüense Roger Guevara.

Mientras, La Prensa de Nicaragua reprodujo ayer, como editorial, la nota principal del sábado 31 de agosto de 1974, “en víspera de la farsa electoral del 1 de septiembre en la cual el dictador Anastasio Somoza Debayle impuso su única reelección presidencial”. La nota se titulaba Candidatos que ganaron la elección de mañana y según el periódico la publicó porque hoy, “42 años después, se repite aquella farsa con otros personajes”.

Asimismo, expresó que era importante recordar el editorial de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, publicado un día antes, en el que decía que había llegado “la hora de demostrar con algún hecho, aunque sea pequeño, que somos pueblo libre (...) que quiere (...) una patria limpia de corrupción y falsedad (...) Lo menos que podemos hacer es decir NO (...) porque NO hay por quién votar, ni hay para qué ir a votar”.

Entre Venezuela y Estados Unidos

Si Daniel Ortega es reelegido hoy, el panorama que enfrentará no será sencillo. Su principal socio económico, Venezuela, vive una crisis generalizada y Estados Unidos promueve una iniciativa –actualmente en manos del Senado– para que las instituciones internacionales no den préstamos a Nicaragua (el llamado Nica Act) a menos que el país tome “medidas efectivas para realizar elecciones libres, justas y transparentes”.

En los últimos 10 años, Ortega acumuló un enorme poder político y económico gracias al apoyo de Venezuela, la conducción de su partido y una alianza con el sector empresarial. Según datos oficiales, entre 2007 y el primer semestre de 2016, Nicaragua recibió casi $4 mil 800 millones en préstamos blandos e inversiones de Venezuela, que fueron manejados fuera del presupuesto y sin fiscalización.

Se afirma que la mayor parte del dinero fue invertido en proyectos de energía, desarrollo del comercio, grupos empresariales, agricultura, construcción de viviendas y programas sociales que permitieron al país reducir la pobreza de 42.5% a 29.6% entre 2009 y 2014.

Pero la crisis política y los bajos precios del petróleo golpearon los flujos de cooperación y el comercio con Venezuela, que hasta 2015 era el segundo socio en importancia de Nicaragua, después de Estados Unidos.

El analista Cirilo Otero, profesor de sociología de la Universidad Centroamericana, afirma que el Gobierno se ha preparado para sobrevivir sin Venezuela, buscando petróleo en otros mercados, como Estados Unidos.

El asesor económico del Gobierno Bayardo Arce ha dicho que el país no depende de Venezuela y ha minimizado los efectos de la Nica Act, que afectaría los préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Nicaragua ha recibido desde 2007 cerca de $3 mil millones en préstamos para proyectos públicos y privados de organismos multilaterales, de los cuales más de mil 400 son del BID, según datos oficiales

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