IDIOMA. COMPENDIOS DEL HABLAR PANAMEÑO.

Palabras versátiles y más...

El uso del español en Panamá resalta por el empleo de palabras con acepciones muy diversas, que son de uso común en diferentes estratos.
Periódicamente, instituciones e investigadores particulares del uso del lenguaje actualizan los diccionarios y demás obras de referencia. LA PRENSA/David Mesa. Periódicamente, instituciones e investigadores particulares del uso del lenguaje actualizan los diccionarios y demás obras de referencia. LA PRENSA/David Mesa.
Periódicamente, instituciones e investigadores particulares del uso del lenguaje actualizan los diccionarios y demás obras de referencia. LA PRENSA/David Mesa.

En Panamá, la palabra “bate” se refiere al instrumento con el que se golpea la pelota de béisbol, pero también puede tratarse de una mentira de grandes proporciones.

En esa línea, “concolón” es el arroz que queda pegado a la olla o puede ser el meollo de un asunto o problema; “botella” es un recipiente o un empleado bien pagado y con poco trabajo; y borriguero es la lagartija terrestre o la persona que hace una labor que nadie quiere hacer por considerarla inferior.

En el idioma español, las palabras son especialmente versátiles.

Y cada país le pone su sazón al lenguaje que comparten unos 300 millones de personas y queda plasmado en cada uno de los diccionarios y obras de referencia idiomática desde que la Real Academia Española empezó a poner orden en la llamada lengua de Cervantes años después de su fundación en 1713, hace 300 años.

REGISTRO LOCAL

En el caso específico de Panamá, se han hecho varios intentos por inventariar, sin juicios ni pretensiones, el hablar popular.

Se han publicado dos diccionarios de panameñismos (1968 y 1976) y en 1999 se editó el Diccionario de términos panameños.

Un manual de referencia del Registro Civil del Tribunal Electoral de Panamá, elaborado por el historiador Omar Jaén, se va mucho más atrás en el uso del idioma en Panamá, hasta los siglos XVIII y XIX.

El documento, empleado para interpretar y digitalizar las vetustas actas parroquiales de aquellos siglos, hace énfasis en desórdenes ortográficos y uso excesivo de abreviaturas.

El estudio más reciente es el Diccionario del español en Panamá (2011) de la académica Margarita Vásquez, que en 334 páginas recoge términos 100% de origen panameño y otros polivalentes al extremo, entre ellos “trono” (sanitario), “tío” (persona de edad), “tamal” (enredo), “tamborito” (lío), “bagre” (muy feo/a), “violinista” (acompañante de una pareja de enamorados), “visita” (menstruación), “truñuño” (tacaño), “trepaquesube” (confusión, alboroto), “torta” (echar a perder algo), “tinaquero” (perro sin raza definida) o “ahuevarse” (dejar que alguien se adelante).

También están “happy” (pasado de tragos), “inchipinchi” (amigo íntimo), “batería” (material para copiarse en un examen), “bicho” (para denotar admiración: ¡eres un bicho!), “buco” (mucho), “cabezón” (falto de talento), “cepillo” (adulador), “guate” (usar mucho), “paquete” (fraude), “fregar” (dañar o ser exigente), “fuchi” (asco), “guachimán” (vigilante), “bichareco” (alguien cuyo nombre se escapa en el momento), “bienmandao” (obediente), “chotear” (saludarse), “chimbilín” (dinero) o “loro” (persona que habla mucho).

Resaltan también aquellas frases compuestas que se han ganado un lugar en el diario hablar: “Golpe de ala” (mal olor axilar), “meter la yuca” (a la fuerza, sin consideraciones), “estar acabando” (tener éxito), “vuelto leña” (muy cansado), “de a vainilla” (a duras penas), “venteconmigo” (perfume penetrante), “hacer la cama” (traicionar), “baila la vara” (aprovechador), “no parar bola” (desentenderse), “en Bosnia” (despistado), “pedir cacao” (rendirse), “sacarse los trapos” (discutir públicamente), “de apellido” (de clase alta), “viernes cultural” (salida de los viernes para divertirse después del trabajo), “allá onde uno” (del interior), “caer la teja” (responsabilidad que no se puede evitar), “hacer japái” (ganar el premio) y el muy popular “juega vivo” (estar alerta).

Juntas, estas palabras son una muestra de las vueltas del uso del español en el país. Y como toda lengua viva, seguirá girando al ritmo de sus hablantes.

Las reglas antes de la RAE

la Real Academia Española (RAE) nació en Madrid, España, en 1713; el 6 de julio de ese año se celebró la primera sesión y el 3 de octubre de 1714 fue aprobada oficialmente por una real cédula del rey Felipe V, reseña el portal rae.es.

No obstante, las normas gramaticales y ortográficas no nacieron con la RAE. “Autores anteriores, de forma individual, venían describiendo los modos de funcionamiento gramatical y ortográfico, y entendiendo las regularidades de las que se fueron derivando las que luego se entenderían ´normas´ de la lengua”, apunta Francisco Javier Pérez, director de la Academia venezolana de la Lengua. “La fundación de la RAE lo que supuso fue la ´estandarización´ de esas regularidades en las normas”, añade.

A propósito de reglas, la próxima obra de la RAE en agenda para publicación es su diccionario o DRAE que verá la luz en 2014.

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