administración de martinelli y de berlusconi

Panamá, con sabor a Italia

Berlusconi y Martinelli no solo tienen en común la ascendencia italiana. Hay quienes piensan que los une el estilo de gobernar y los escándalos.

La caída del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, antecedida y precedida por una cadena de escándalos de corrupción e inmoralidad, tiene (según abogados y políticos) más de una similitud con la tensa situación que empieza a generarse en Panamá con el gobierno de Ricardo Martinelli.

En primer lugar, sostiene el abogado Ebrahim Asvat, Berlusconi y Martinelli (ambos de ascendencia italiana) comparten el mismo perfil de empresario multimillonario en proporción al tamaño de la economía de los países donde han hecho su fortuna.

Ambos, piensa el diputado panameñista José Blandón, son “empresarios exitosos, hechos a base de prácticas no ortodoxas”.

En efecto, complementa el primer subsecretario del opositor Partido Revolucionario Democrático Pedro Miguel González, “no solo se trata de empresarios acaudalados que en base a un gran despliegue mediático y una gran inversión económica llegaron a hacerse del poder en sus respectivos países, sino que ambos lograron convencer a la mayoría de sus conciudadanos de que, precisamente por su condición económica y su éxito en los negocios, habrían de adecentar la gestión pública y hacer gobiernos más eficientes con mayor inversión y menor gasto en planilla estatal. A la postre, en ambos casos ha resultado todo lo contrario”.

Para Asvat, la explicación del punto anterior radica en que ambos magnates aspiraron a ejercer el poder político para cambiar el estilo de hacer política, “pero nadie visualizó, frente al desgaste de los partidos tradicionales, que por falta de experiencia política sus gestiones no fueron más que un triste espectáculo de excentricidades”.

Berlusconi, detalló, “hizo gala de ser una imitación de Cassanova, un dandy capaz de atraer a las más hermosas mujeres por sus encantos [poder y dinero]. En el camino perdió a su esposa. Martinelli hizo gala de tener un gran partido, aunque no sea más que una aglomeración de los más disímiles políticos. En el camino perdió a su verdadero aliado, el Partido Panameñista”.

Otra similitud entre ambos gobiernos, argumenta Blandón, es la búsqueda, en ambos casos, “del control de los medios de comunicación, convirtiéndose en propietario de algunos y tratando de intimidar a los otros”.

En eso concuerda Asvat: “ambos están convencidos de que la propiedad y el control de medios de comunicación les permite vender su imagen, aunque escondiendo sus más espurios intereses: Berlusconi antes de entrar a la política y Martinelli después de llegar al poder”. Jamás, asegura, “entendieron el necesario rol de una prensa libre y vigilante. Creen que oscuros intereses económicos o de partidos se esconden detrás de cada noticia negativa”.

Por ello, piensa González, “utilizan la presión institucional del gobierno para conseguir mitigar los ataques contra su gestión”.

Berlusconi y Martinelli también se parecen, piensa Asvat, en que “ambos son más voluntad que acción y de pensamiento protofascista”, y en que “ninguno tiene una clara idea de las diferencias entre la gestión pública y la privada, ni el tratamiento que se les debe dar a los bienes públicos a diferencia de los bienes privados”.

En ambos casos, complementa Blandón, “se manejó la hacienda del Estado como si fuera la propia y los amigos del Presidente actuaron indistintamente como consejeros personales o representantes del Estado”.

Berlusconi, sigue, “se creyó por encima de la ley y actuó con total desfachatez, sin ocultar nada, lo que ha traído como consecuencia que la más leve investigación deje al descubierto todo el entramado de corrupción que lo rodeaba”.

Precisamente a ese entramado de corrupción se refiere González cuando aduce que las similitudes entre Berlusconi y Martinelli no son pocas y van más allá de su condición económica y su estilo de gobierno. “La visita de Estado del entonces mandatario italiano a Panamá en 2010, y su secuela, es lo que quizá genera el enlace entre inversiones mutuas y escándalos compartidos para ambos personajes. La administración de Berlusconi termina en medio de un escándalo de corrupción de servidores públicos y tráfico de influencias relacionado con Finmeccanica, empresa en la que el Estado italiano tiene una participación accionaria importante, pero al mismo tiempo, la misma empresa responsable de hacer efectiva, mediante empresas subsidiarias, los acuerdos firmados por ambos países para dotar a Panamá de equipos y herramientas necesarias para su política de seguridad [radares, helicópteros y sistema cartográfico], los cuales según publicaciones fueron vendidos a Panamá con sobreprecios realmente escandalosos”.

Lo que sí no representa una similitud entre la realidad italiana y la panameña en cuanto al perfil, estilo y desenlace de sus gobernantes, concluye González, “es que mientras en Italia el sistema judicial hace lo necesario para esclarecer lo que el complicado entramado de relaciones comerciales y políticas que Finmeccanica esconde, en Panamá, a pesar de las múltiples publicaciones que demuestran el despilfarro de los recursos del Estado con este tema, el Ministerio Público guarda un silencio cómplice y no investiga nada. En Italia, el sistema político que sacó a Berlusconi y el aparato judicial parecen funcionar. En Panamá la realidad es totalmente diferente”.

ENFOQUE

Las incongruencias de un contrato

Jorge Alberto Rosas*

panorama@prensa.com

OPINIÓN. La adquisición directa y con fundamento en un acuerdo de cooperación con el Gobierno de Italia –de seis helicópteros marca Agusta AW 139, 19 radares marca selex lyra 50 y un mapa digital de Panamá– por 180 millones de euros es una compra que en dólares americanos representa 252 millones: la mayor adquisición de las últimas administraciones.

Se fundamenta en la necesidad de combatir el narcotráfico. Sin embargo, los radares, como señala la empresa, son para un sistema VTMS (Vessel Traffic Management System) y como se ha determinado, representa una diferencia significativa con la venta que hizo la misma empresa a Turquía, que adquirió 24 radares selex lyra 50 para un sistema VTMS por 25 millones de euros.

El sistema de radares en Panamá cuesta poco más de 90 millones de euros. La administración ha señalado que la razón de la diferencia de costos se fundamenta en que el contrato de Panamá es llave en mano; contiene el financiamiento con el Citibank de Londres, y la empresa Selex, suplidora de los radares, realiza todas las obras civiles.

Esas aseveraciones contrastan con el contrato, que señala un abono inicial del 15%, modalidad no permitida en proyectos llave en mano; el contrato con Citibank es un contrato en el que Panamá no es parte, por ser un contrato de factoring que obtiene Selex; según el contrato el Estado debe realizar las obras de suministro de agua potable, tendido eléctrico, teléfono y carreteras.

El grueso de las obras civiles corre por cuenta del Estado y no están incluido en el precio. Finalmente, el contrato tiene una provisión para el pago de comisiones que presente el contratista 30 días después de haber dado la orden de proceder, situación que ha negado el Ministerio de Seguridad.

*El autor es diputado del Molirena

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