Pelícano a la vista

El ave planea, lenta, sobre la costa. Con las alas casi quietas, parece que se detiene en el aire. De pronto se lanza en picado. Vuelve a aparecer más tarde, remontando hacia las nubes. Otras, revolotean cerca. Se acercan. Son enormes. A ratos semejan criaturas prehistóricas. Reptiles voladores, dinosaurios con alas. Son los pelícanos del antiguo terraplén.

La valla enorme cubre toda la vista al mar del tramo de la cinta costera que corre hacia el Mercado del Marisco. Allí, ahora más que antes, suelen verse los pelícanos planear, aterrizar, disputarse el botín.

Los pelícanos siempre han sido parte del paisaje portuario y pesquero. En Panamá, la mayoría pertenece a la subespecie del pelícano pardo del Pacífico.

Un hombre empuja una carretilla con desperdicios. Se dirige al basurero que queda justo al lado de la calzada peatonal de la cinta que pasa detrás del Mercado de Marisco. Trigueño, de unos 60 años, el pelo apretado y algo canoso.

“Siempre están aquí”, dice cuando le inquiero sobre los pelícanos que aguardan parapetados sobre el basurero, expectantes.

Los pelícanos se pelean los desperdicios con los gallotes. Sin embargo, los primeros tienen una ventaja sobre las aves negras: también pueden pescar.

En la rampa del lado oeste del muelle, los tripulantes del Talibán I revisan la nave antes de salir de nuevo a faenar. Es una embarcación pequeña, con tres compartimientos para almacenar el producto que consiguen adentro, en la bahía. Es poco después del mediodía y el movimiento es lento. “Venga temprano”, me dice uno de los pescadores, invitándome a presenciar los contrastes y la actividad del muelle a la hora de más trasiego.

Algunos pelícanos se arremolinan sobre un bote que parece estar a la deriva, un poco más allá. Los tripulantes visibles son ellos.

Otros vuelan en círculos más arriba, así como algunas gaviotas. También se ve de vez en cuando una que otra garza.

La valla de la cinta costera ha hecho más visibles a las aves que rebuscan en las cercanías del mercado y del muelle. Parte de la línea de costa donde solían pescar y descansar ha sido modificada con un relleno.

Detrás de la valla se termina de construir el llamado “rompeolas turístico”, un proyecto de 37 millones de dólares que es parte, como complemento, de la cuestionada tercera fase de la cinta costera.

Se trata de un relleno de 6.86 hectáreas con mirador y jardines. “Hará posible, además, la visibilidad panorámica del histórico barrio de San Felipe desde una nueva perspectiva marina”, señala el sitio web del proyecto.

Según el Ministerio de Obras Públicas (MOP), el rompeolas fue parte de una petición de los propios pescadores que atracan en el muelle multipropósito Panamá, ubicado detrás del Mercado del Marisco, y que vino a reemplazar al famoso muelle fiscal, que funcionaba por los lados del antiguo mercado público, donde hoy está la segunda fase de la cinta.

Así las cosas, los pelícanos parecen ser los primeros desplazados de la cinta costera.

Para los que trotan, para los que andan en bicicleta, para los turistas, las aves han empezado a ser notorias.

“Las había visto, pero no tantas ni tan cerca”, dice Luis, un trabajador del Municipio que suele pasar por el área.

Un hombre rubio, de barba y coleta larga, con aspecto de turista, le hace fotos a un pelícano que ha decidido descansar sobre una luminaria.

Uno grande planea sobre mí. Sus alas casi rozan mi cabeza. Unos niños más adelante se asustan. Luego ríen.

Mansos, sociables sensibles, en peligro

El pelícano pardo es descrito como un ave marina grande de color marrón grisáceo, de cabeza y cuello blancos, ojos amarillos y patas negras. En Panamá, los ejemplares de esta especie se encuentran en algunos puntos precisos, entre estos, la bahía de Panamá y las cercanías del archipiélago de las Perlas. En las proximidades de la ciudad, esas aves se concentran en el Refugio de Vida Silvestre de Taboga, Otoque y Urabá.

“Estos pelícanos son muy sociables. Los turistas los adoran, pues en realidad son muy mansos y dóciles”, ha escrito Arlene Fábrega en un informe sobre peligro aviario y fauna para la Dirección de Aeronáutica Civil. “Esta especie es muy susceptible al deterioro del medio ambiente. Actualmente se encuentra en la lista de especies amenazadas, en peligro de extinción, para lograr protegerlos de las capturas y de la destrucción de sus áreas de anidaje. También se conoce de muertes de pelícanos por intoxicación con pesticidas en el agua y por enredarse en las redes de pesca”, agrega.

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