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NARCOTRÁFICO. PERFIL DE UN CRIMINAL.

Popeye es Marino

En junio de 2013 recuperará la libertad John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye. Es el único sicario vivo del cartel de Pablo Escobar.

CONTRASTE. En la serie, Marino es silencioso. En la realidad, Popeye es fuente informativa de libros sobre el capo. AP CONTRASTE. En la serie, Marino es silencioso. En la realidad, Popeye es fuente informativa de libros sobre el capo. AP
CONTRASTE. En la serie, Marino es silencioso. En la realidad, Popeye es fuente informativa de libros sobre el capo. AP

Un puñado de niños rodea al condenado para escuchar en su lenguaje de sicario arrepentido que el más difícil de los caminos es la ilegalidad.

Los pequeños están sentados con las piernas cruzadas, tienen las manitas en disposición de rezo y fijan la mirada en los ojos marrón de su interlocutor. Están expectantes, pero sin miedo.

Cualquiera entendido en las Santas Escrituras puede hacer un símil con la petición del Señor: Dejad que los niños vengan a mí.

La escena ocurrió en Colombia, en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel de Cómbita, departamento de Boyacá, bajo el programa preventivo “Delinquir no paga ni vale la pena”.

El programa se canceló apenas los padres de los pequeños se enteraron de quién era el condenado que les aconsejaba a los chiquillos que “Si les gustan las armas y la sangre, métanse a la Armada o a la Policía, y no hagan lo que yo hice”.

Su nombre es John Jairo Velásquez Vásquez. Su sobrenombre es Popeye. Y su jefe fue Pablo Escobar.

Responsable de 3 mil muertes e imputado del asesinato directo de 250 personas, Popeye vuelve a la libertad en julio de 2013.

Entonces cumplirá 21 años tras las rejas por un prontuario criminal que incluye a las 110 víctimas de la explosión del avión de Avianca, y por la participación de magnicidios como el del candidato a la Presidencia de Colombia Luis Carlos Galán Sarmiento.

Es el único sicario vivo del cartel de Medellín. Es el testigo todavía en pie de las reuniones siniestras de Pablo Escobar con los hermanos Ochoa, Gonzalo Rodríguez alias El Mexicano y Carlos Lehder, y también uno de los partícipes que puede recordar los nombres y los cuerpos presentes en las bacanales del capo.

“Por su cama gatearon desnudas reinas de belleza, modelos, presentadoras de televisión, deportistas y colegialas”, dijo para la revista Don Juan del país vecino.

Si Pinina (Chillín en la serie de televisión El patrón del mal) se encargaba de desaparecer toda forma de vida capaz de detener la máquina fatal del cartel de Medellín –él por sí mismo mató a 4 mil personas–, Popeye (Marino) tuvo el mérito de acompañar a su jefe las 24 horas del día, los 7 días de la semana, delante de sus amigos y al lado suyo cuando estaba en familia. Era el escudo humano del más inhumano de los colombianos.

¿CÓMO LO HIZO?

“Fue ver a dios”, dice sobre su primer encuentro con Escobar, en un documental transmitido por TVN.

Sucedió en la Hacienda Nápoles, un zoológico privado construido por el capo en la periferia del departamento de Antioquía. Popeye sabía de electricidad y se había levantado el “camarón” de reparar un toro mecánico en Nápoles.

Pasaron los años. El electricista ahora trabajaba para la reina nacional de la ganadería, “la novia del patrón”. Una noche ambos fueron en auto al edificio más lujoso de Medellín.

Al detenerse en la entrada, ella se bajó con prisa del vehículo y subió al último piso. A los pocos minutos salió del lobby el “dios” de la cocaína, se asomó por la ventanilla del vehículo y preguntó: “¿Usted quién es?”.

-Yo soy Popeye, el chofer de la señorita que acaba de entrar.

Desde ese momento y con la misma insistencia invisible de un gotero, el chofer se fue acercando a Escobar hasta ganarse su confianza, hasta poderle preparar en las madrugadas su plato favorito de arroz revuelto con cuatro huevos fritos y acompañado de dos arepas de maíz. De sobremesa una taza espumosa de café licuado.

El capo estaba seguro de la lealtad de su lugarteniente; sabía que él jamás iba a envenenarlo.

Alguna vez se fijaron en la misma mujer, primero el capo y después el sicario. Pero ella era informante de los enemigos del cartel. “Usted tiene que matarla”. Incapaz de hacerse cargo, Popeye la amaba. La orden la ejecutaron otros dos matones del cartel.

El último sicario del cartel de Medellín decidió entregarse a la justicia en 1991. Se había vuelto a enamorar. Escobar le advirtió: “En la cárcel lo matan más fácilmente que conmigo”.

Sigue vivo, tiene 50 años y afuera lo esperan los hermanos Ochoa, un hijo y un país que todavía le teme y que no sabe si condenarlo al olvido.

Pinina, El Chopo y los demás

Pinina (El Chili) murió abatido el 14 de junio de 1990. Tenía la voz afectada, era delgado y de gestos infantiles. Nada que ver con su frialdad para accionar carros bomba en los supermercados. El arete (Candonga) ingresó al cartel a finales de la década de 1980. Se entregó a las autoridades el 17 de febrero de 1993. El Chopo (Topo) terminó siendo el puente entre Escobar y el ala militar de la organización. Fue abatido por las autoridades el 19 de marzo de 1993.

Fundadores del cartel en 1975, los hermanos Ochoa (Motoa) siguen vivos. Tras haber estado en la cárcel por actividades ilícitas, Jorge (Pedro) y Juan David (Germán) recuperaron la libertad. Fabio (Julio) fue extraditado a Estados Unidos en 2003.

Popeye asegura tener cuentas pendientes con ellos.

Marcos Hérber (Carlos Lehder) está recluido en una cárcel de Estados Unidos.

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Cortesía/Sinaproc

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