BRASIL. CONTINÚAN LAS MANIFESTACIONES

Protesta en Copacabana

Las protestas siguen, aunque con más preguntas que respuestas. Los brasileños piden más presupuesto para salud, educación y seguridad.

Nadie sabe lo que está pasando en Brasil. La frase puede sonar a cliché, pero es una de las más –o la más– escuchadas por estos lares. “Anoche estábamos hablando varios amigos –cuenta una colega del diario O Globo– y nuestros argumentos solo daban vueltas y vueltas... no pudimos dar en el clavo con lo que está sucediendo”.

Las protestas, ya se sabe, comenzaron por el aumento del precio del transporte público. Pero su última expresión fue ayer, en Río de Janeiro, cuando miles de personas se reunieron en el puesto 4 de la playa de Copacabana para protestar contra la llamada PEC 37 (Propuesta de enmienda constitucional), que deja el poder de investigación criminal en manos de la Policía. El cielo nublado hacía presagiar una lluvia que nunca terminó de llegar y, al mismo tiempo, pero bien lejos de allí, el grupo B de la Copa Confederaciones –España, Uruguay, Nigeria y Tahití– resolvía sus equipos semifinalistas en las ciudades nordestinas de Recife y Fortaleza. A nadie parecía importarle.

La Copa catalizadora

El tema del fútbol es central para intentar comprender lo que está ocurriendo aquí. En los próximos tres años, Brasil estará acogiendo los dos eventos deportivos más importantes del orbe: el Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016). El gasto ha sido masivo: se habla de unos 31 mil 300 millones de dólares en total. Gran parte de ese dinero, encima, se ha gastado en proyectos absurdos.

La excusa gubernamental, por supuesto, ha sido la de acondicionar la infraestructura del país a los “estándares FIFA”. “Pues bien, decía un manifestante, queremos estándares FIFA en salud y transporte”.

La Copa Confederaciones, entonces, ha sido mucho más que un simple ensayo de cara al Mundial. Para una gran parte del pueblo brasileño, ha sido una especia de ahora o nunca. Una cosa es tener un gobierno corrupto e ineficiente, y otra muy distinta que ese gobierno haga al mundo pensar que su país es un modelo a seguir. Y así, la gente ha salido a las calles. Ha salido con rabia, cada uno a protestar por algo distinto, pero ha salido.

hartazgo general

Mientras los manifestantes avanzaban en dirección Ipanema, muchas personas miraban desde los balcones de los edificios adyacentes. Los manifestantes les gritaban “¡vem pra rua!” (ven para la calle).

El PEC 37 es solo una pequeña parte del hartazgo general que se está exhibiendo en Brasil por la clase política. Al llegar al límite de Ipanema, los manifestantes decidieron seguir toda la playa y unirse con un pequeño grupo de personas que desde el sábado acampaba afuera de la casa del gobernador estatal, Sergio Cabral, en el exclusivo barrio de Leblon.

Al llegar allá, sobre las 6:30 p.m., los manifestantes se encontraron con su calle completamente cerrada y guardada por unos 50 policías. Un hombre empezó a gritar que los policías no tenían derecho de estar ahí, y casi inmediatamente dos personas –un muchacho y una muchacha– con altavoces comenzaron a pedir que no hubiera violencia.

Los jóvenes de los altavoces podrían hacerse llamar “líderes”, pero esa es una palabra muy peligrosa en el contexto actual. Porque la otra gran incógnita, la que tiene a cada vez más brasileños más y más preocupados, es la falta de líderes visibles.

Las protestas, dicen algunos, son completamente horizontales. La verdad es que se organizan primariamente por Facebook. Y en esa red social, el grupo Anonymous está surgiendo como el único agente “visible”.

El panorama, entonces, es de creciente incertidumbre. La naturaleza heterogénea y descentralizada de las protestas sugiere que lo normal es que vayan disminuyendo en intensidad. “Protestar por todo es protestar por nada”, dijo el empresario brasileño Silvio Santos anoche, y algo de razón llevaba.

Y sin embargo, la Copa no termina hasta el domingo. Se esperan grandes manifestaciones durante las semifinales, especialmente la que el miércoles enfrentará a Brasil y a Uruguay en Belo Horizonte. Para la final, el domingo en Maracaná, circulan toda clase de planes.

¿Qué sucederá? Mañana empezaremos a ver: la gran concentración que estaba planeada para comenzar en la iglesia de la Candelaria, en el centro de la ciudad, fue “cancelada” por el grupo Anonymous. “Ustedes podrán decir lo que quieran, pero las calles son nuestras”, les espetó un joven en su página de Facebook, a lo que siguieron decenas de comentarios similares. Y en Leblon, aún quedaban 150 personas esperando a un gobernador que nunca salió.

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