Pocas medidas de salubridad

Recolectores de basura ponen en riesgo su salud

La oscuridad de las 5:00 a.m. aún dibuja las sombras de los hombres, ubicados en grupos o solos, próximos a la entrada de un hangar en el área revertida de Curundú.

Sentados en círculo, otras almas vestidas con camisetas verde percudidas sostienen vasos de cartón con café.

Verde, amarillo, azul, no hay uniformidad en la ropa que viste el personal operativo de la base Pacífico de la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD).

En la parte posterior del hangar hay una mesa liderada por dos hombres que anotan las rutas de los camiones.

El volquete compactador 11224 debe empezar su labor a las 6:00 a.m. Su misión es recoger la basura de Villa de las Fuentes y Santa María, en el corregimiento de Betania.

De pie y agarrados de la carrocería del camión van dos recolectores. Adelante, en la cabina del vehículo, están el conductor, otro recolector y alguien que pidió un aventón.

Rodando sobre la Tumba Muerto (vía Ricardo J. Alfaro), el camión compactador 11224 se detiene frente a un restaurante chino, con comensales, y se baja del camión un obrero –vestido con overol amarillo–, quien ha terminado su jornada de trabajo y entra al local.

Esta práctica fue reprochada por el director general de Salud, Eduardo Lucas Mora, quien explica que no se debe dar porque “la ropa va a estar contaminada con algún tipo de bacteria y puede transmitir alguna enfermedad a [otras] personas, mientras viaja en el transporte público o al llegar a su casa”.

Enfermedades infecciosas como la diarrea o cutáneas son las más comunes, apunta Mora. Por ello “forzosamente la empresa tiene que decirle al trabajador que debe llegar con ropa que no sea la de trabajo. Y al finalizar la labor, al momento de regresar a su casa debe hacerlo con ropa común y corriente”, explica.

Trayecto dificultoso

El recorrido continúa, y de la Tumba Muerto el camión gira a la derecha hasta llegar a Villa de las Fuentes, donde empieza la jornada de recolección. En el área de viviendas y dúplex solo hay minúsculas jaulas donde bolsas de supermercados guardan la basura de los residentes.

Una señora aprovecha para quejarse con el director de Operaciones, Virgilio Solís, por tres asuntos: uno, que se dé a conocer el horario de recolección de la basura; dos, dice que no entiende el criterio de recolección de los empleados; y tres, que un recolector va a su casa a tocar el timbre para decir “basura”.

A medida que el 11224 asciende, el conductor Virgilio Walter tiene que maniobrar el paso del compactador entre los coches aparcados a ambos lados de la calle.

Al llegar al punto más alto de este sector, dos vehículos estacionados en medio de la entrada del edificio Royal Hil II vuelven a poner a prueba a Walter, quien debe girar el volquete compactador y llevar su cola hasta el área del basurero de la torre.

“Es bastante dificultoso por el tráfico y por donde están ubicados los tanques”, dice.

Para hacer el proceso de recolección más ágil, uno de los tres recolectores se adelanta a sacar los desechos del tinaco colectivo de los edificios. Del cerro de basura, son pocas las bolsas grandes y bien cerradas; pululan los cartuchos de supermercados o abarroterías, repletos de basura que sobresale del plástico o que hace que este se estire al máximo.

“La gente no compra bolsas de basura”, señala el director de Operaciones, quien presume que ese es un factor cultural del panameño, que entorpece el trabajo del personal.

“Usted piensa que el cartucho está ´amarradito´ y no. La idea es que estén bien ´amarraítos´ para uno pa, pa, pa [hace el gesto con sus brazos de estar tirando las bolsas al camión]”, cuenta Santiago Herrera, quien desde que salió de la base no se ha quitado sus guantes.

“Andamos con bacterias [y] tengo las uñas largas, por eso andamos con guantes para que no se nos contaminen las manos”, expresa Herrera.

Asimismo Meneleo Londoño, con 18 años de trabajar en esta institución, dice que acostumbra a trabajar con guantes y botas.

No así el tercer recolector, quien agarraba la basura a mano desnuda y luego, avanzada la jornada, pelaba y se engullía un guineo. “Yo no uso guantes porque trabajo en barriadas”, dijo.

Al llegar al área de Santa María, Meneleo Londoño dice: “De milagro hoy no hay carro aquí, porque a veces hay que esperar como media hora y cuando baja el dueño del auto nos dice: ´coñ... ustedes me llaman pa eso, estaba durmiendo”.

Londoño es el único de los tres recolectores que está completamente uniformado. El trabajador viste gorra, suéter, pantalón jean, guantes y botas.

Higiene

Luego de pasar ocho horas o más recogiendo basura, el personal operativo de la base Pacífico de la AAUD cuenta con dos regaderas con piso mohoso y una tina de lavar para asearse. Allí laboran 80 personas.

Herrera usa jabón y alcohol para su aseo personal antes de salir de la base. Igualmente Londoño, quien en casa lo espera la “señora y mis tres hijos”.

Según el director de Operativos, la AAUD dota de jabón el área de aseo, pero no proporciona artículos como alcohol.

Son 800 recolectores distribuidos en las cinco bases que tiene la autoridad.

Solís agrega que el cuarto de lavandería, conformado por una lavadora y dos máquinas secadoras, es un servicio gratuito únicamente para los recolectores de desechos hospitalarios.

El funcionario asegura que el próximo mes debe llegar el nuevo uniforme, botas, guantes y capote para los trabajadores.

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