ENTRETENIMIENTO. PERSONAJES QUE TRASCIENDEN ÉPOCAS.

Recordando a Lucy

En tiempos de Chelsea Handler, Ellen DeGeneres, Tina Fey, y otras actrices y comediantes, Lucille Ball permanece en el recuerdo de sus seguidores.

Hace 60 años, cuando no existían las Kardashian, Kendras y Snookies de los reality show, ni las series de TV con argumentos y personajes complejos, una pelirroja, atolondrada, expresiva, pero “buena gente”, llamada Lucy Ricardo, hacía reír a la audiencia en la serie I Love Lucy (Yo quiero a Lucy).

Lucille Ball, que el pasado 6 de agosto habría cumplido 100 años, encarnaba a Lucy, un ama de casa que constantemente se metía en líos por sus ocurrencias.

Lucy quería ser artista y cada vez que podía trataba de colarse en el espectáculo de su esposo, Ricky Ricardo, un músico cubano interpretado por Desi Arnaz, con quien Ball estuvo casada en la vida real.

Quienes han visto el programa –que se transmitió por primera vez en blanco y negro en 1951 por CBS y se retransmitió en Panamá en la década de 1980– quizá recuerden cómo las travesuras de Lucy la ponían en situaciones ridículas e hilarantes.

Ella audicionaba para ser bailarina en el show de Ricky, donde competía con chicas más jóvenes y estilizadas. Entre torpezas y payasadas, inventaba las coreografías, hacía muecas con los ojos y la boca, o tropezaba por el peso del tocado sobre su cabeza. Una vez rompió el vestido que, obviamente, no era de su talla. También probaba suerte como vendedora, pizzera, modelo, o envolviendo bombones manualmente en una fábrica.

Su cómplice solía ser la vecina y mejor amiga, Ethel Mertz (Vivian Vance), que estaba casada con Fred (William Frawley), amigo de Ricky.

Aún quieren a lucy

Lucille Ball trabajó en el cine, en películas como Stage Door, pero se convirtió en estrella gracias a la televisión y a su personaje de Lucy Ricardo. La serie continuó al aire hasta mayo de 1957 y después se lanzaron dos programas relacionados, que culminaron en 1960, año en el que la pareja Ball-Arnaz se divorció.

En 2007, I Love Lucy fue considerado como uno de los “100 mejores shows de TV de todos los tiempos” por la revista Time. Y, a pesar del tiempo transcurrido y de las nuevas figuras que han surgido en el mundo del espectáculo y la comedia, como Tina Fey, Chelsea Handler y Ellen DeGeneres, entre otras, Lucille Ball sigue siendo una de las más queridas en Estados Unidos.

En su memoria se celebraron diversas actividades y 915 mujeres, con pelucas rojas y lipstick del mismo color, vestidas con trajes al estilo de los años 50 del siglo pasado, fueron a la ciudad natal de la actriz, Jamestown, Nueva York, para tratar de establecer un nuevo récord Guinnes en su honor, por la mayor cantidad de personas vestidas como Lucy Ricardo.

Cuestión de épocas

En 1951, cuando I Love Lucy salió al aire, la televisión era una industria incipiente, la mujer no desempeñaba tantos roles como ahora y la sociedad experimentaba otras situaciones.

Era, además, la época del “Macartismo” en Estados Unidos y eso influyó en la TV, opina la promotora cultural Alexandra Schjelderup.

En ese período, impulsado por el senador Joseph Mc Carthy, se dio una “cacería de brujas”, ya que se enjuiciaba a personas por ser “sospechosas” de ser comunistas, aunque no hubiese pruebas.

I Love Lucy era una serie divertida, manifiesta Schejelderup, quien desde hace una década organiza el curso anual de apreciación de cine en Panamá. Pero, añade, la televisión estadounidense de esa época apelaba a una edad mental infantil, no se quería que la gente pensara, y las series eran light, muy básicas, si se comparan con las de ahora, que son mucho más complejas.

Honor a otro grande: Cantinflas

Hoy, 12 de agosto, se conmemora el centenario del natalicio de otro gran personaje del entretenimiento: Mario Moreno Cantinflas, el cómico más importante de México e ícono del cine latinoamericano.

En México se realizarán varias actividades en su honor; además, se ha lanzado el libro Mario Moreno ´Cantinflas´, el actor, el torero, el empresario, el hombre, que recopila anécdotas de artistas, familiares y de gente que vivió con él, así como cartas, fotos, detalles de su filmografía y obras filantrópicas, informó la agencia DPA, citando al sobrino del actor, Eduardo Moreno Laparade.

Para la promotora cultural Alexandra Schjelderup, Cantinflas es comparable a Chaplin, porque expresaba una temática en profundidad, con una mirada al entorno y a la política, y con crítica social.

Tal vez “ahí está el detalle” de su grandeza.

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