CRISIS POLÍTICA EN BRASIL

Rousseff propone diáologo

Varios analistas coinciden en que destituir a la mandataria le puede costar muy caro al país sudamericano.

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Según la firma Datafolha, el 85% de los manifestantes que protestaron el domingo contra el gobierno de Rousseff en Sao Paulo, considera que la mandataria debe renunciar. Según la firma Datafolha, el 85% de los manifestantes que protestaron el domingo contra el gobierno de Rousseff en Sao Paulo, considera que la mandataria debe renunciar.
Según la firma Datafolha, el 85% de los manifestantes que protestaron el domingo contra el gobierno de Rousseff en Sao Paulo, considera que la mandataria debe renunciar.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, está dispuesta a intensificar el diálogo para atender las reivindicaciones de los manifestantes que protestaron contra su gobierno el domingo, pero está preocupada por la intolerancia de algunos de sus críticos, dijo ayer uno de sus portavoces.

“El Gobierno quiere intensificar el diálogo porque reconoce que pasamos por un momento de dificultades, que queremos superar con diálogo, pero mientras se respeten las instituciones y sin ese ambiente de intolerancia”, afirmó el ministro de Comunicación Social, Edinho Silva, en una rueda de prensa.

Silva señaló que las protestas del domingo fueron el principal asunto abordado por la jefa de Estado en la reunión de dos horas que tuvo ayer con varios de sus ministros, con sus voceros en el Congreso y con los líderes de los partidos oficialistas.

Agregó que la mandataria considera que las manifestaciones fueron importantes y normales dentro de la democracia, y que está dispuesta a dialogar con quienes protestan contra su gobierno pese a que las protestas movilizaron menos personas que las dos marchas similares convocadas por organizaciones sociales este año.

Las protestas del domingo, con cerca de 900 mil participantes en 205 ciudades según la prensa, fueron convocadas por grupos opositores ajenos a la política formal, pero la movilización no repitió las de las otras dos realizadas este año, que llegaron a congregar a hasta 2.5 millones de personas en 250 ciudades.

Según Silva, la jefa de Estado quiere intensificar el diálogo que inició este mes con los partidos políticos, el Congreso, los empresarios y los movimientos sociales para atender también las reivindicaciones de quienes se manifestaron contra el Gobierno.

Añadió que, además de dialogar, el Gobierno seguirá trabajando con la agenda con la que intenta superar las dificultades económicas enfrentadas por el país, que incluye un ajuste fiscal y diferentes medidas sugeridas por el Congreso.

Por su parte, el expresidente Fernando Henrique Cardoso sugirió a la actual mandataria que “renuncie” o admita los errores, después de la multitudinaria protesta de la que fue blanco el domingo.

Cardoso, que presidió Brasil entre 1995 y 2002, recalcó que las protestas del domingo demuestran que el gobierno de Rousseff “aunque legal, es ilegítimo”. “Le falta la base moral, que fue corroída por las estafas del lulopetismo”, subrayó Cardoso, quien arremetió contra su sucesor, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), y contra el oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

Mientras, analistas sostienen que destituir a Rousseff puede costarle muy caro a Brasil. Cuidado con los deseos porque pueden hacerse realidad, advierten expertos: los llamados a la salida de la presidenta, pueden costarle caro a esta potencia democrática que conquistó con dificultad la estabilidad en los últimos 20 años.

Casi un millón de brasileños gritó el domingo: “¡Fuera Dilma!”, reclamando su renuncia, nuevas elecciones o el impeachment (juicio político) de la exguerrillera de 67 años que comenzó su segundo mandato hace menos de ocho meses.

Las razones del pedido son múltiples: la economía está de capa caída hace cuatro años —2015 cerraría con una contracción de 2%, y se prolongaría hasta 2016, según el último pronóstico de los analistas—, la inflación llega a casi 10%, el desempleo ha subido, los salarios han caído, el real ha perdido un cuarto de su valor frente al dólar.

Muchos brasileños sienten que Rousseff les mintió en la campaña electoral, prometiendo gastos sociales y criticando la agenda conservadora de sus rivales, para comenzar a implementar un duro ajuste inmediatamente después de ganar.

“Está muy bien que la gente salga y proteste y hasta que pida la salida de la presidenta, pero ¿para poner a quién? El presidente de la Cámara Baja [Eduardo Cunha] está siendo investigado por corrupción y la verdad es que por ahora no apareció nada concreto contra Dilma”, dijo André Perfeito, economista jefe de la consultora Gradual Investimentos en Sao Paulo.

Cunha es el enemigo más poderoso de Rousseff en el Congreso y, como presidente de la Cámara de Diputados, tiene la llave para dar luz verde a un eventual proceso de juicio político.

El ambiente político y social está también fuertemente contaminado por un gigantesco escándalo de corrupción en la estatal Petrobras —el mayor en la historia del país— que salpica al oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) y a varios de sus socios en la coalición de gobierno.

Y aunque Rousseff dirigió el consejo de administración de Petrobras entre 2003 y 2010, no ha sido acusada de ningún delito.

La Presidenta sí es acusada de manipular las cuentas públicas y de financiar su campaña electoral con fondos ilegales, dos asuntos que son investigados y que podrían conducir a un impeachment. Pero este debe ser aprobado por dos tercios de la Cámara de Diputados y requiere un proceso especial en el Senado.

La mandataria fue electa con un 52% de los votos, pero hoy su gestión es aprobada por solo un 8% de la población. Un 66% dice apoyar su juicio político, según la encuestadora Datafolha.

Pero cuidado, a veces el remedio puede ser peor que la enfermedad, advierten analistas. “El impeachment puede ser un remedio muy amargo, y los efectos colaterales muy penosos” y “traumáticos”, dijo Michael Mohallem, experto en política y derecho de la universidad privada Fundación Getulio Vargas.

“La clase media quiere sacarla del poder de cualquier forma, pero nuevamente, ¿para qué? ¿para llamar de nuevo a elecciones? En el empresariado y en la élite existe la idea de que su salida sería aún peor”, estimó el economista Perfeito.

La prensa brasileña parece tener ahora la misma opinión: después de haber publicado un fotomontaje con la cabeza de Rousseff en una bandeja, ahora defiende en editoriales que la mandataria termine su mandato.

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