la toma del palacio de justicia de bogotá

Treinta años de una masacre

Aún no se conoce toda la verdad de lo ocurrido tras el asalto al máximo tribunal colombiano y la violenta retoma por parte del Ejército.

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Una foto de la toma del Palacio de Justicia aparece superpuesta sobre la imagen actual del edificio de la alta corporación de justicia colombiana. Xinhua Una foto de la toma del Palacio de Justicia aparece superpuesta sobre la imagen actual del edificio de la alta corporación de justicia colombiana. Xinhua

Una foto de la toma del Palacio de Justicia aparece superpuesta sobre la imagen actual del edificio de la alta corporación de justicia colombiana. Xinhua

Familiares de las víctimas y desaparecidos no han cesado de pedir justicia. Xinhua Familiares de las víctimas y desaparecidos no han cesado de pedir justicia. Xinhua

Familiares de las víctimas y desaparecidos no han cesado de pedir justicia. Xinhua

El entonces presidente colombiano Belisario Betancur dijo esta semana: “si errores cometí, pido perdón”.EFE El entonces presidente colombiano Belisario Betancur dijo esta semana: “si errores cometí, pido perdón”.EFE

El entonces presidente colombiano Belisario Betancur dijo esta semana: “si errores cometí, pido perdón”.EFE

Entre el 6 y 7 de noviembre de 1985 la extinta guerrilla Movimiento 19 de Abril (M-19) ocupó el Palacio de Justicia, en el centro de Bogotá, y tomó decenas de rehenes para presionar al entonces presidente colombiano Belisario Betancur, con quien sostenía negociaciones de paz.

El asalto lo llevó a cabo un comando de 35 guerrilleros, 25 hombres y 10 mujeres, liderados por Andrés Almarales, Alfonso Jacquin y Luis Otero.

La acción rebelde motivó el ingreso del Ejército con tanques de guerra en una operación de retoma devenida en masacre.

La incursión dejó un centenar de muertos y 11 desaparecidos, cifra que se redujo a 10 el mes pasado tras otras identificaciones.

Tan solo una guerrillera del comando de asalto, Clara Helena Enciso, sobrevivió.

Muchos de los desaparecidos, entre ellos trabajadores civiles del edificio y presuntos guerrilleros salieron con vida, según varios testimonios.

Hoy, cuando se conmemora el aniversario 30 del llamado “holocausto” del Palacio de Justicia, las autoridades han anunciado la realización de cuatro nuevas exhumaciones con el fin de encontrar restos de desaparecidos tras la sangrienta recuperación militar del Palacio de Justicia, según informó la Fiscalía colombiana.

“Estamos programando cuatro nuevas exhumaciones”, dijo a periodistas el fiscal general, Eduardo Montealegre, sobre la búsqueda de las 10 personas presentes en el edificio y que 30 años después siguen con paradero desconocido.

Según Montealegre, el Instituto Forense de Medicina Legal cuenta además con restos de 89 personas exhumadas de una fosa común en un cementerio de la capital colombiana en 1998, que los investigadores suponen “son en gran parte de personas que murieron en el Palacio de Justicia”.

Las labores de identificación avanzan gracias a la construcción de un “banco de perfiles genéticos” de quienes fallecieron entonces y de los familiares de los desaparecidos, señaló.

“Continuamos con la labor de identificación de personas que murieron en el Palacio de Justicia, el fundamento son los restos de personas que tenemos en Medicina Legal y el banco genético”, insistió Montealegre, quien afirmó que antes de dar a conocer las posibles identidades de las víctimas se informará a sus familias y se avanzará en “otras diligencias que se requieren”.

El año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) responsabilizó al Estado colombiano por la desaparición de ciudadanos tras la operación, sospechosos de colaborar con la guerrilla, y lo instó a realizar un “acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional”.

Montealegre dijo además que la Fiscalía llamó a declarar, en calidad de testigos, a ministros del entonces presidente Betancur, en el proceso que adelanta por lo ocurrido en el Palacio de Justicia.

Los convocados son Jaime Castro, Enrique Parejo y Noemí Sanín, exministros de las carteras de Gobierno, Justicia y Comunicaciones, respectivamente.

DESAPARECIDOS

“Han sido 30 años de más mentiras que verdades”, ha dicho Rosa Milena Portela, hermana de Luz Mary Portela, quien durante tres décadas figuró como desaparecida y cuyos restos óseos fueron exhumados recientemente de una fosa común en un cementerio de Bogotá. “Por eso es que no hemos podido sanar las heridas”, agregó la mujer de 36 años en entrevista con The Associated Press.

Esta semana, y por primera vez, Betancur, de 92 años, dijo: “si errores cometí, pido perdón a mis compatriotas”. Pero Portela no está preparada para perdonar hasta que su familia reciba los restos de su hermana y “nos digan la verdad, porque Luz Mary salió viva del Palacio”.

Durante 20 años el proceso por los hechos del Palacio permaneció estancado en los despachos judiciales hasta que en 2005, la entonces fiscal Ángela María Buitrago se dio a la tarea de reconstruir la historia de los desaparecidos para llevar al banquillo a los responsables.

Tras meses de investigación, Buitrago consiguió que se condenara al general en retiro Jesús Armando Arias y al coronel en retiro Luis Alfonso Plazas a 35 y 30 años de prisión, respectivamente.

Los uniformados, presos en guarniciones militares, han alegado su inocencia y están a la espera de que la Corte Suprema revise sus casos.

“Nos acabaron la vida con todo esto”, dijo a la agencia AP la congresista Thania Vega, esposa de Plazas, preso desde 2008.

EL FIN DEL M-19

La ocupación del Palacio de Justicia marcó el comienzo del fin de la guerrilla del M-19 que cinco años después dejó las armas y se convirtió en partido político.

“Profanó el M-19 violentamente el templo de la justicia, tomó como rehenes a magistrados del más alto nivel y a otros servidores judiciales, al igual que a civiles que se hallaban en el palacio, el cual se convirtió en un campo de batalla”, señaló en su informe la Comisión de la Verdad que años después investigó los hechos.

La operación, a juicio del senador por la Alianza Verde y exguerrillero del M-19 Antonio Navarro Wolff, fue “un gran error” y marcó“con claridad el fin del prestigio del M-19”.

“Si con prestigio no se podía ganar la revolución armada, mucho menos sin prestigio”, insistió a la agencia Efe Navarro, quien aseguró que en el seno del M-19 se planteó el debate de “cuál era el camino” y “si valía la pena continuar con el alzamiento armado”.

El Movimiento 19 de Abril, que tomó su nombre de esa fecha en 1970, cuando un supuesto fraude puso como Presidente al conservador Misael Pastrana Borrero, había roto los moldes guerrilleros en Colombia, y quizá en América Latina, con un discurso que caló en las ciudades, distanciado del comunismo que abrazaron los grupos armados de entonces.

“No era una guerrilla marxista-leninista, era una guerrilla nacionalista (...). Cuando el M-19 nació mucha gente pensaba que éramos un grupo de derecha, pues estábamos reivindicando a Bolívar, reivindicando valores nacionales”, dijo Navarro.

Fueron distintos hasta en la forma de irrumpir en la escena política, pues el M-19 nació en medio de una campaña inédita, en enero de 1974, con mensajes en la prensa en los que alertaban de enfermedades o plagas a combatir.

El asalto al Palacio de Justicia, que Navarro describe como “una operación de propaganda armada para definir responsabilidades tras el fracaso del proceso de paz” con el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), los sentenció.

Golpeado desde el punto de vista militar y acogido a una amnistía, el M-19 firmó la paz con el Gobierno y depuso las armas en marzo de 1990, convirtiéndose en el partido Alianza Democrática M-19, que años después desapareció y sus integrantes recalaron en otras fuerzas.

ECLIPSE DEL DERECHO

La Comisión de la Verdad que investigó los hechos concluyó en su informe de 2009 que “todo indica que hubo conexión del M-19 con el cartel de Medellín para el asalto al Palacio de Justicia” como parte de su guerra contra la extradición.

En el saldo trágico, además de los muertos y desaparecidos, se cuenta la pérdida para la justicia de una generación brillante de juristas que integraban la Corte Suprema.

El clamor “¡Que cese el fuego!”, hecho en entrevistas radiales por el presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía, está en la memoria colectiva del país como recuerdo del fatídico día en el que “Colombia renunció a la palabra y dejó que las armas reemplazaran el Estado de derecho y los valores ciudadanos esenciales”, según la Comisión de la Verdad.

Entre los desaparecidos está el magistrado auxiliar del Consejo de Estado Carlos Horacio Urán Rojas, víctima de “desaparición forzada y posterior ejecución extrajudicial”, aunque su cadáver fue entregado a su viuda al día siguiente.

La Comisión de la Verdad determinó que en un vídeo se pudo identificar a Carlos Horacio Urán, “cuando sale vivo del Palacio”, pero luego de forma inexplicable “su cadáver apareció en el patio del primer piso”.

La conclusión es que fue asesinado la noche del 7 de noviembre fuera del edificio y después se devolvió el cadáver.

El ministro de Justicia de Colombia, Yesid Reyes, cuyo padre Alfonso Reyes Echandía era presidente de la Corte Suprema y murió en el Palacio, consideró, sin embargo, que no ha habido tanta impunidad pues los hechos se han venido investigando durante estos años “con mayor o menor velocidad en algunos períodos”.

“Yo no diría que ha habido impunidad”, insistió Reyes en declaraciones a Efe, al reconocer que “lo que sí hay es lentitud en algunos casos especialmente complejos como los que tienen que ver con la desaparición de personas”.

El drama de los desaparecidos dio un giro el mes pasado cuando la Fiscalía identificó en dos cementerios de Bogotá los restos de tres mujeres desaparecidas en el Palacio de Justicia: Cristina del Pilar Guarín, Lucy Amparo Oviedo y Luz Mary Portela.

Portela yacía en una tumba con el nombre de Libia Rincón Mora, funcionaria fallecida durante la toma guerrillera, y Guarín en la de María Isabel Ferrer de Velásquez, visitante del Palacio aquel 6 de noviembre de 1985.

(Basado en servicios internacionales)

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