ENTREVISTA

´Vi llorar a Pinochet en mi casa´

En esta entrevista, Moy de Tohá narra los capítulos de la vida de su esposo, José Tohá, el día del golpe militar y lo que ocurrió después.
Victoria Eugenia Morales Etchevers, Moy de Tohá, junto al expresidente de Chile Ricardo Lagos. AP/Luis Hidalgo. Victoria Eugenia Morales Etchevers, Moy de Tohá, junto al expresidente de Chile Ricardo Lagos. AP/Luis Hidalgo.
Victoria Eugenia Morales Etchevers, Moy de Tohá, junto al expresidente de Chile Ricardo Lagos. AP/Luis Hidalgo.

Victoria Eugenia Morales Etchevers, mejor conocida como Moy de Tohá, vivió momentos intensos de la política chilena junto a su marido, José Tohá. Estrecho colaborador de Salvador Allende, Tohá fue su jefe de campaña, secretario privado, ministro del Interior, de Defensa y asesor.

Nacida en Concepción en 1936, Moy creció en Chillán, en una familia de propietarios rurales. El golpe de 1973 le arrebató a José, quien fue capturado, torturado y asesinado por la dictadura. Exiliada con su hija e hijo en México entre 1974 y 1979, de vuelta a Chile contribuyó a la unificación de los grupos opuestos a la dictadura, que eventualmente formaron la Concertación de Partidos por la Democracia. Tras la derrota del régimen castrense en las urnas (1988) y el restablecimiento de la democracia (1990), Moy fue embajadora en Honduras (1990-1994), agregada cultural en México (1994-2001) y embajadora en El Salvador (2001-2006).

Cuarenta años después del golpe de 1973, los traumas de la asonada castrense y la dictadura militar (1973-1990) aún influyen en la política chilena. En las elecciones de hoy, la Alianza, agrupación oficialista de partidos de derecha, allegada al régimen militar, se enfrenta a la Nueva Mayoría, coalición opositora de partidos opuestos a la dictadura. Frente a los vaticinios de triunfo para la oposición, Moy de Tohá reflexiona sobre la historia reciente de su país, las vicisitudes de su familia y las perspectivas de cambio político en Chile.

11 de septiembre de 1973: tracemos los pasos de José Tohá antes de salir hacia La Moneda.

Todo fue muy atolondrado con muchos llamados telefónicos. El Presidente empezó a llamar alrededor de las 6:00 de la mañana. José se vistió rápidamente, ni siquiera fue a la ducha porque parecía que era urgente lo que estaba pasando. Llamó a su hermano Jaime (ministro de Agricultura) y le dijo: “pásame a buscar porque hay problemas en La Moneda, posiblemente un levantamiento de parte del ejército”. Jaime llegó como a un cuarto para las 7:00 lo recogió y se llevaron a los niños a la casa de mi suegra.

¿Cuándo volvió a tener noticias de su esposo?

La primera llamada de José fue como a las 11:00 de la mañana, antes del bombardeo. En el intertanto me llamó Salvador Allende y me pidió que fuera a sacar a la Tencha (Hortensia Bussi, esposa de Allende) de Tomás Moro (residencia presidencial). Ahí empecé a darme cuenta de que la situación era complicada. Antes de que pudiera llegar, la Tencha logró salir de Tomás Moro.

¿En qué momento se enteró del desenlace?

A través de la televisión supimos bastante rápido sobre la muerte del presidente Allende. Como los golpistas querían aplastar el movimiento, pensaron que la noticia tranquilizaría el ambiente. Pero yo no me atreví a decírselo a José.

¿Cuál fue la suerte de José Tohá?

Previo al bombardeo de La Moneda se refugió con otros ministros en la parte posterior del edificio, donde estaba la Cancillería. Fue apresado. Meses después, en diciembre, cuando la Cruz Roja Internacional hizo el primer reporte de los campos de concentración, supe que estaba en el hospital de Punta Arenas con un diagnóstico severo de desnutrición. Pedí autorización para ir a verlo.

¿Qué le dijo cuando se vieron?

Me abrazó. Hablaba poco. Yo trataba de estimularlo. Estaba muy delgado: el cinturón le daba dos vueltas. José siempre fue un hombre delgado y muy alto, de un metro 95 (centímetros) y en el estado en que yo lo vi no sé cómo podía caminar. Luego lo trajeron para interrogatorio al hospital militar de Santiago. Ahí podíamos hablar un poco más, aunque los guardias nos apuntaban con fusiles. La conversación era netamente familiar, no se podía hablar de otra cosa.

¿En algún momento habló con los militares para que le permitieran acceso a su esposo?

Como José había sido ministro de Defensa, yo conocía a los jefes militares. Hablé con algunos de ellos, incluyendo con Pinochet, a quien vi unas 2 o 3 veces. Él estaba muy a la defensiva y trataba de ponerme en mi lugar y yo trataba de ponerlo en su lugar. Era una especie de juego maquiavélico en que él me trataba de “usted” y yo lo trataba de “tú”, como lo había tratado cuando era segundo comandante en jefe.

¿Se preguntó por qué habían capturado a José?

Era la pregunta del millón de dólares. Los militares tenían una especial deferencia con José. Yo vi llorar a Augusto Pinochet en mi casa cuando José dejó de ser ministro de Defensa, con motivo del levantamiento parcial del ejército en junio de 1973 (el “tancazo”). Pinochet, que no era ni siquiera comandante en jefe, le pidió al presidente Allende que no sacara a José, pues José era tan caballeroso y le había dado, dentro de las posibilidades modestas de un gobierno de izquierda que no tenía recursos, bastantes ventajas al ejército. Entre otras, la isla de Dawson, en Punta Arenas, donde estuvo detenido.

¿Cómo se enteró de su fallecimiento?

A mediados de febrero, a José lo sacaron del hospital militar. Lo llevaron a la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea, que era un centro de tortura. Lo torturaron violentamente durante un mes hasta su fallecimiento el 15 de marzo de 1974.

¿Cuándo partieron usted y los niños al exilio?

15 días después. Quería recuperar la normalidad para los niños, que estaban muy chicos. Yo misma era muy joven: tenía 36 años, con cero experiencia en este tipo de cosas. Me llamó María Esther Echeverría, esposa del presidente de México (Luis Echeverría Álvarez) y me dijo “te vienes con tus hijos”. Compré los pasajes y nos fuimos a México. El régimen militar no nos dio problemas para salir. Era José quien importaba y ya lo habían liquidado.

¿Cómo hizo para enfrentar el impacto del asesinato de su esposo y el exilio?

Trataba permanentemente de pensar qué haría José en mi caso. Lo cierto es que partí como una pajarita con mis dos críos a México sin saber de qué iba a vivir. Sentía que me tenía que arrimar a algo que me diera sensación de familia y amistad. Me ayudaba saber que la Tencha estaba allá. Ella y sus hijas estaban permanentemente en contacto porque José había sido como un hijo para Salvador. México fue un lugar muy especial para los exiliados.

¿Cuándo regresó a Chile?

En 1979. Los niños empezaron a entrar en la adolescencia. Pensé, “si me quedo en México mis niños van a ser mexicanos”. No correspondía que los hijos de José fueran mexicanos. No que la cosa estuviera maravillosa en Chile: los asesinatos estaban a la orden del día. Pero al menos yo tenía la cabeza más fría. Sabía a qué venía, sabía que era muy importante para el país que la gente volviera.

¿Por qué era importante?

Porque la única manera de recuperar la democracia era que la gente se reuniera. Pensé que podía aportar algo, primero porque conocía a medio mundo y, luego, porque tenía muy buenas relaciones con la Iglesia católica, los partidos políticos y las embajadas. Podía ofrecer mi casa para que la gente se reuniera. En ese esfuerzo jugaron un papel muy importante diplomáticos franceses, holandeses, suecos e italianos.

¿Por qué se perdió la democracia en Chile?

Por varias razones. La derecha chilena empezó a conspirar mucho antes de que Allende subiera. En octubre de 1970 asesinaron al comandante en jefe del ejército (René Schneider). Mataron a mucha gente porque el horror al comunismo era una especie de epidemia. La derecha no podía permitir que Allende asumiera el gobierno en una elección libre y limpia. Trataron de que el Congreso eligiera presidente a Jorge Alessandri en vez de Allende, pero fracasaron. Entonces se dedicaron a conspirar contra el gobierno.

¿Qué errores cometió Allende?

No tuvo mano dura con los movimientos ultraizquierdistas que se armaron para enfrentar a la derecha. Estos movimientos no tomaron en consideración los riesgos que se corrían con sus actitudes provocadoras. Entorpecían el diálogo. Frente a ellos, Allende fue blando.

¿A qué atribuye la intensidad de la represión durante la época militar?

Primero, a que un 40 y tanto por ciento de la población chilena estaba con Allende, lo que para ellos era una debilidad. Había que corregirla y fueron sanguinarios. Segundo, la debilidad de Pinochet, porque Pinochet era bastante ignorante, y débil. Tuvo con sus acciones que demostrarle a la junta que él era bravo y capaz de ser el jefe supremo del país, como se hizo nombrar.

¿Cómo ha evolucionado Chile desde el retorno de la democracia?

Ha tenido una evolución saludable, no ha herido demasiados intereses, ha crecido, se absorbió la pobreza que heredamos de la época de Pinochet. Tenemos una Constitución neoliberal que es como un zapato chino. Hubo varias reformas bien diseñadas en la época de Ricardo Lagos (2000-2006) que realmente nos han ayudado a convivir, pero seguimos con problemas cuya solución la gente pide a gritos. El año pasado y antepasado tuvimos más de 100 mil gentes en la calle gritando “educación para todos y gratuita”.

¿Cree que las heridas de la dictadura se han podido superar?

Hemos logrado una convivencia saludable. Los desaparecidos, los atropellos a los derechos humanos, la falta de justicia en muchos casos no se pueden superar de la noche a la mañana. Me da tranquilidad saber que por lo menos hay una pequeña reflexión de todo lo ocurrido, pero eso no me repone lo que yo viví. A las mujeres y hombres que tienen familiares desaparecidos y que no saben dónde están, no se les puede pedir que olviden; eso no se puede olvidar.

¿Cómo ha actuado el sistema judicial para contribuir a superar los problemas que generó la dictadura?

Ha hecho un gran esfuerzo. Tiene más de 70 altos jerarcas presos, pero se perdió muchísimo tiempo. No hace ni 10 años que comenzó a moverse el Poder Judicial en torno a los detenidos de la dictadura. Antes había un Poder Judicial arcaico al servicio de la dictadura. A medida en que se ha ido renovando con jueces nuevos, también se van abriendo más posibilidades

¿En qué punto está el caso de José Tohá?

El juzgado pidió informes al Instituto Médico Legal de la Universidad de Chile y la Universidad de Concepción para verificar si su muerte fue por homicidio o suicidio, como adujo la dictadura. La conclusión fue de homicidio por estrangulamiento. Queda pendiente determinar quiénes lo estrangularon. Se sabe quiénes lo torturaron, pero no se sabe quiénes lo mataron.

¿Qué perspectivas hay para Chile a partir de las elecciones de hoy?

Me gustaría contestar esto el 18 de noviembre, porque sabemos que Michelle Bachelet será elegida presidente, aunque no queda claro si lo será en la primera o la segunda vuelta. Un programa tan ambicioso como el que tiene Michelle Bachelet requiere respaldo en el Poder Legislativo.

Las reformas constitucionales que ella patrocina dependerán de la correlación de fuerzas en el Congreso. Pero ella va a arrasar. Siete de cada 10 personas están con la Michelle.

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