Volar bajo el agua

La tarde del domingo 18 de febrero de 2001, el helicóptero con matrícula HP-1430 volaba sobre el océano Pacífico, rumbo a la ciudad de Panamá.

La nave, un Bell 406, venía de Pedasí, al sur de la península de Azuero, donde la entonces presidenta de la República, Mireya Moscoso, tenía su casa de descanso.

A bordo del helicóptero viajaban dos primas de Moscoso: Carmen Muñoz y Gisela Moscoso de Palermo, que, además, era su secretaria. También iba allí Fabio Alvarado Barés, primo del entonces jefe de la Policía Nacional, Carlos Barés.

Poco antes de las 5:00 p.m. el piloto de la aeronave, el puertorriqueño José Reyes, se dio cuenta de que ya no tenían combustible. Entonces intentó un amerizaje de emergencia. La nave cayó a 20 millas al sur de Río Hato.

La mandataria, que viajaba en el helicóptero presidencial HP-1A1, se puso al frente del rescate. Fue así como desde la nave presidencial se contactó a un barco camaronero, a 30 millas del lugar, y se le pidió que rescatara a los náufragos.

Todos habían resultado ilesos. La nave quedó a la deriva, dañada, pero a flote.

Fue a partir de ese momento cuando empezaron los misterios.

HASTA EL FONDO

Funcionarios de la Dirección de Aeronáutica Civil (DAC) dijeron el día del accidente que la nave sería recuperada en las siguientes 24 horas. Pero el Servicio Marítimo Nacional (SMN) no permitió a la DAC acercarse a la aeronave.

De inmediato surgieron más versiones contradictorias. Se dijo que el helicóptero se había “hundido” mientras intentaban remolcarlo a tierra firme. Otros hablaban de que el hundimiento había sido intencional.

En otro informe del SMN se decía que el capitán José Reyes se había mostrado reacio a que la nave fuese inspeccionada.

Si bien la aeronave era propiedad de una empresa privada (Hanta Corporation), esta había sido contratada por la Presidencia. El combustible corría por cuenta del Estado. Un informe oficial señalaba que durante 90 días, la nave había tomado 200 galones de combustible estatal. Solo seis días antes del accidente había retirado 39 galones.

¿Entonces por qué se le había acabado en pleno vuelo?

Las investigaciones empezaron a finales de febrero de 2001. Siete meses después del accidente, varios marinos del SMN confesaron que la nave había sido ametrallada para hundirla. Que antes de ello se había ordenado requisarla y rescatar tres maletines que iban a bordo (ver recuadro).

El entonces jefe del SMN, Jorge Isaza, admitió el hecho pero dijo que el hundimiento se ordenó porque el helicóptero amenazaba la seguridad de la navegación. No lo dijo antes a la fiscalía porque “no se lo preguntaron”.

Intentos de reflotar la nave no funcionaron porque el SMN dio mal las coordenadas del sitio del hundimiento.

Seis meses después del accidente, José Reyes –que ya había reprobado un examen para pilotear el helicóptero presidencial– desapareció. Luego se supo que estaba como funcionario del Consulado de Panamá en Miami.

La entonces fiscal Anticorrupción Cecilia López tampoco pudo ubicar al presidente de Hanta Corporation, el colombiano Jorge Vásquez Garrido. Hanta Corporation cobró la póliza por siniestro dos meses después del accidente, con un cheque por 1.8 millón de dólares.

La fiscal gestionó una asistencia judicial a Estados Unidos para investigar las cuentas bancarias de Vásquez en Miami, pero esta le fue negada.

El Juzgado Décimo Penal se había negado a ampliar el término de la investigación, lo que fue apelado por la fiscalía, pero en noviembre de 2002, el Segundo Tribunal Superior de Justicia ordenó el archivo del expediente y confirmó el dictamen del Juzgado Décimo.

En marzo de 2005, tras intentos de reabrir el caso, el Ministerio de Gobierno y Justicia rechazó tramitar una nueva asistencia judicial ante EU. En agosto de 2005, la fiscalía remitió a la Sala de Negocios Generales de la Corte Suprema de Justicia una petición para otra asistencia judicial.

El 29 de diciembre, la Sala de Negocios Generales de la Corte rechazó la nueva asistencia judicial solicitada por la fiscalía.

Con esta decisión, la Corte parece haber sellado para siempre el caso del HP-1430. Sus secretos aún reposan en el fondo del mar.

Un extraño informe, un singular rescate

La tripulación de la patrullera 5 de Noviembre P-209 del desaparecido Servicio Marítimo Nacional (SMN) elaboró un informe con pormenores de la operación de “rescate y hundimiento” del HP-1430 en febrero de 2001. Esta se inició a las 10:00 a.m. del 19 de febrero y terminó a la 1:00 p.m. del 20 de febrero. A las 9:15 a.m. del 19 de febrero, el alférez de navío Carlos Herrera recibió una llamada del capitán de fragata de apellido Rengifo, en la que le ordenaba el rescate de tres bolsas de “suma importancia”.

Otra de las naves que participaron en la operación reportó informes sobre “maletines importantes” en el helicóptero accidentado. Un marino se sumergió para cumplir con la orden, pero a las 10:25 a.m. sufrió una herida con una de las antenas de la aeronave. Después de evacuarlo, retornaron al lugar del accidente y rescataron las tres bolsas.

A las 12:15 p.m., en una de las bolsas, según el informe del SMN, se hallaron 20 billetes de 100 dólares, y se describe el número de serie de cada uno. Casi una hora después, a la 1:14 p.m., el alférez de navío Carlos Herrera recibió una llamada, en la que le ordenaron que procediera con la instrucción que se dio a primera hora de la mañana: “hundir el objetivo”.

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