Vuelo demorado

Fue un avión de Air Panamá el que estrenó el aeropuerto Scarlett Martínez, en Río Hato, Coclé, en noviembre de 2013. La terminal internacional debe servir a comunidades de las provincias centrales y al turismo. LA PRENSA/Archivo. Fue un avión de Air Panamá el que estrenó el aeropuerto Scarlett Martínez, en Río Hato, Coclé, en noviembre de 2013. La terminal internacional debe servir a comunidades de las provincias centrales y al turismo. LA PRENSA/Archivo.
Fue un avión de Air Panamá el que estrenó el aeropuerto Scarlett Martínez, en Río Hato, Coclé, en noviembre de 2013. La terminal internacional debe servir a comunidades de las provincias centrales y al turismo. LA PRENSA/Archivo.

En febrero de 2011, el entonces presidente de la República, Ricardo Martinelli, sorprendió a todos al afirmar que el aeropuerto internacional de provincias centrales, un viejo anhelo de esas comunidades, se construiría en Río Hato, Coclé.

Un mes atrás, el administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), Salomón Shamah, había dicho que tras estudios técnicos el aeropuerto se establecería en Divisa, Herrera.

Las opciones como Santiago de Veraguas, Penonomé o Chitré, cuyos dirigentes y comunidades habían hecho durante años intensos lobbys para promover sus respectivas ciudades como lugares ideales para la terminal, se quedaron “en tierra”, aunque sus impulsores no se resignaron fácilmente.

La nueva terminal serviría así a la creciente industria del turismo de playa, que concentraba hoteles, resorts y urbanizaciones de descanso en esa zona del país.

Se aprovecharía para tal fin la antigua pista de la semiabandonada base aérea de Río Hato, construida por las fuerzas estadounidenses en la década de 1930 y que luego había pasado a control panameño, bajo la autoridad de la Guardia Nacional y las Fuerzas de Defensa hasta la invasión de 1989.

La pista también era usada como sitio para carreras de automóviles ante la falta de un autódromo en toda regla en el país, especialmente después de que graves accidentes en la antigua pista del aeródromo de Albrook obligaran a los corredores a dejar de utilizar el lugar para esos eventos.

Martinelli anunció que en 2011 se licitaría la construcción del túnel en la carretera Interamericana, que pasaría bajo la pista de aterrizaje de Río Hato, así como la rehabilitación de la propia pista.

Los trabajos, tanto de remodelación de la pista, del túnel y de la nueva terminal de pasajeros sumaban $52.5 millones. Y sería finalmente la empresa MECO, S.A. la que se ganaría la licitación para realizar las obras.

En septiembre de 2012, la Autoridad Aeronáutica Civil exigió que los nuevos proyectos inmobiliarios a realizarse en el área debían contar con un visto bueno de la entidad.

La razón era que, debido a las operaciones del nuevo aeródromo, se requería que los edificios conservaran una distancia y una altura segura para el tráfico aeronáutico.

En noviembre de ese año, se aseguraba que el manejo del nuevo aeropuerto sería concesionado por el Gobierno. Esto, pese a un anuncio previo en el sentido de que esta operación la efectuaría Tocumen, S.A.

Para mayo de 2013, las relaciones entre la empresa MECO, S.A. y el Municipio de Antón no eran las mejores.

El municipio aducía que la empresa constructora le adeudaba cerca de 275 mil dólares en concepto de impuestos municipales a las obras del aeropuerto.

Representantes de MECO, S.A. habrían sugerido pagar la deuda con trabajos y reparaciones para el municipio, pero esta propuesta había sido rechazada por los ediles.

Se sopesaba entonces en el municipio ejercer el cobro coactivo contra la empresa.

En mayo, finalmente el Gobierno decidió que sí sería Tocumen, S.A. la que manejaría la administración del aeropuerto de Río Hato, al igual que los de David y Colón.

El administrador de la AAC, Rafael Bárcenas, admitió entonces que el aeropuerto “no sería rentable” en sus primeros años.

El 14 de noviembre fue finalmente inaugurado el nuevo aeropuerto. Llevaría por nombre Scarlett Martínez, en memoria de la joven capitana de aviación que falleció con apenas 20 años de edad en un accidente aéreo en Guna Yala, en el año 2000.

Un mes antes de su inauguración, el túnel que pasa bajo la pista y da continuidad a la carretera Interamericana se inundó tras un fuerte aguacero, lo cual generó dudas sobre la calidad de las obras.

Para entonces, salvo por el interés de un operador canadiense, no había certeza de quién más podría querer usar el aeropuerto. El gobierno decía que había muchas empresas turísticas y aerolíneas interesadas, pero no había nada concreto.

Cinco meses más tarde, esos temores parecieron disiparse con el arribo de 175 turistas canadienses.

El 4 de abril de 2014 llegó hasta la pista del flamante nuevo aeropuerto un vuelo de la aerolínea Sunwing de Canadá, que debía ser el primero de una serie de vuelos chárter con ese destino.

Sin embargo, a mediados de año no se habían vuelto a registrar aterrizajes significativos en la pista. Para efectos prácticos, el aeropuerto continuaba ocioso.

En julio, mucho antes de que las relaciones bilaterales se tensaran por la declaratoria unilateral de paraíso fiscal a Panamá, el presidente Juan Carlos Varela sobrevoló junto con el mandatario colombiano Juan Manuel Santos, de visita en Panamá, el aeropuerto Scarlett Martínez.

Y ambos hablaron en aquella ocasión de aprovechar el aeródromo para promover vuelos directos desde Colombia.

“Se busca un modelo de gestión turística como en la isla de San Andrés (territorio colombiano en el Caribe) para desarrollar vuelos directos de Bogotá a Panamá”, expresó el gobernante panameño en aquella ocasión.

El viernes 1 de agosto, Sunwing volvió a aterrizar una de sus naves en Río Hato. Con ello reanudaban la operación que había sido recibida con bombos y platillos a comienzos de año.

Esta vez, 182 pasajeros arribaron a la terminal a bordo de un Boeing 737-800.

La aerolínea prometía que los vuelos a ese destino aumentarían.

Los empresarios hoteleros y la comunidad siguen esperando que muchos aviones más se asomen por el horizonte.

De base militar a aeropuerto civil

Algunas versiones de la historia dan cuenta de que el lugar donde hoy está el aeropuerto Scarlett Martínez, o de Río Hato, fue antiguamente la finca de un ciudadano de origen estadounidense.

Aviadores estadounidenses pensaron que sería un sitio ideal para establecer una pista aérea y alquilaron el terreno con esos fines.

En 1938, un general de las fuerzas armadas de Estados Unidos recomendó el lugar para convertirlo en un aeródromo militar. En 1940 empezó a funcionar bajo el control estadounidense, como aeropuerto auxiliar al de Albrook.

En 1948 fue cerrado, pero se utilizó como un campo de aterrizaje auxiliar.

En 1970 fue devuelto al control de Panamá. Fue base de la entonces Guardia Nacional y luego de las Fuerzas de Defensa hasta diciembre de 1989.

Desde la década de 1990 tuvo diversos usos, hasta que en 2013 fue reconvertido en aeropuerto civil internacional.

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