DARIÉN. COSTUMBRES QUE AFECTAN LA SALUD.

Yaviza, un pueblo ruidoso

El colmo del ruido al que se ven sometidos los yavizanos surge de las cuadras de gallos finos, que se alternan noche y madrugada para cantar.
GALLEROS. Las cuadras de gallos finos, que se multiplican por doquier en Yaviza, son parte de la cultura de esta población integrada por indígenas, negros coloniales y colombianos desplazados. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Isabel Castro GALLEROS. Las cuadras de gallos finos, que se multiplican por doquier en Yaviza, son parte de la cultura de esta población integrada por indígenas, negros coloniales y colombianos desplazados. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Isabel Castro
GALLEROS. Las cuadras de gallos finos, que se multiplican por doquier en Yaviza, son parte de la cultura de esta población integrada por indígenas, negros coloniales y colombianos desplazados. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Isabel Castro

Yaviza está ubicada a 350 kilómetros de la capital y a 97 de la frontera colombiana. En Yaviza se acaba la cinta de asfalto de la carretera Panamericana. Poblada por negros coloniales, colombianos desplazados e indígenas emberás wounnán, es una comunidad caprichosa, bulliciosa y despreocupada.

Despreocupados en que otra inundación como la de diciembre de 2010 los pondrá a correr nuevamente, los yavizanos aman el ruido, la música y un tanto el desorden.

Después de las crecidas del Chucunaque y del río Chico, Yaviza ha florecido y así han surgido fábricas de bloques, discotecas, bares, minisuper, fondas, gimnasios y otros negocios pequeños.

Rito Rudas, un viejo morador del área, cuenta que todas las mañanas temprano sus oídos sufren con el arranque del motor de una planta de bloques pegada a su casa.

El infernal ruido es tal, que las paredes tiemblan y sus oídos quieren reventar.

Ana María N. también es vecina del pueblo y reside en la calle principal. Su queja es que no hay tranquilidad en el caserío. Las cantinas, discotecas, centros de grabación de música y de películas no apagan sus parlantes las 24 horas. “Siempre estamos alterados, porque no dormimos bien y el organismo pide reposo y descanso”, dijo.

Por si fuera poco, a las 11:00 p.m., a la 1:00 y 4:00 de la madrugada medio centenar de gallos finos canta escalonadamente, lo que contribuye al insomnio colectivo que sufren los yavizanos.

Frente a las reclamaciones de vecinos acosados por el escándalo generalizado, el alcalde de Pinogana, Sixto Sanjur, se excusó aduciendo que cuando él asumió el cargo, la fábrica de bloques ya operaba. Admitió desconocer si cuenta con un estudio de impacto ambiental, un permiso de operación municipal o de salud.

Él critica a quienes cuestionan su inacción y advierte de que los anteriores alcaldes dejaron muchas cosas pendientes por las cuales quejarse.

En cuanto a las cantinas y discotecas, agregó que estos comercios tienen horario de cierre y deben cumplirlo para permitir a las familias descansar. Y aunque asegura que los corregidores deben sancionar a sus dueños, no se mueve un dedo pues todos en el pueblo se conocen y nadie quiere ganarse la enemistad de un vecino.

Pero la “tapa del coco”, como dice el refrán, son los gallos finos que cantan durante las mejores horas de sueño. Sobre este asunto el alcalde se declaró francamente impotente. “Esos gallos son parte de la cultura de los pueblos y su canto es inevitable, por lo que la alcaldía es poco lo que puede hacer”.

Un médico de la comunidad, que pidió reserva de su nombre para no ser criticado, advierte de que está comprobado que el ruido no solo provoca molestias y pérdida de la audición, también incide en otras funciones del organismo y genera hipertensión, problemas cardiacos, estrés, dolor de cabeza e impotencia, derivados del insomnio forzoso.

Un río que convive con ellos

Según registros históricos, Yaviza data de 1760 cuando reemplazó a El Real de Santa María como capital de la provincia de Darién, por su mejor ubicación ante las irrupciones de los belicosos indígenas.

Según el censo de 2010, Yaviza tenía mil 437 viviendas habitadas por 4 mil 441 personas. Registro que supuso un crecimiento en 456 nuevas casas y mil 324 almas desde el anterior recuento de 2000. Esto signi- fica que lejos de huir de las inundaciones periódicas del Chucunaque, los yavizanos vuelven a su antigua residencia emulando al antiguo Egipto, donde las ríadas del padre Nilo traían a sus pobladores prosperidad. “El río nos castiga de vez en cuando, pero nos quiere”, sugirió con franqueza Aleyda, una vieja yavizana, que aseguró que puede ir a pasear a la capital, pero por nada dejaría su tierra, sus largas piraguas y sus frondosos y coposos árboles.

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