sistema masivo de transporte

Zona paga de El Marañón, una estructura inconclusa

Los usuarios solicitan un techo que conecte el corredor con la parada. También elevadores y sillas para sentarse a esperar el Metro Bus.

En el primer día de operaciones de la zona paga de El Marañón, los usuarios del Metro Bus detectaron fallas dentro de la moderna terminal inaugurada el pasado lunes por el presidente, Ricardo Martinelli.

La falta de elevadores; la inexistencia de un techo que conecte el corredor interno con las paradas y el desnivel del piso que ocasiona que el agua lluvia se empoce, fueron los principales problemas que causaron la molestia de los usuarios.

Con respecto a la dinámica de uso de la terminal, a los clientes les inquieta el hecho de que se les prohíba el ingreso de cajetas (encomiendas). Esta nueva medida fue dada a conocer ayer mediante volantes que se distribuyeron entre los usuarios.

Mario Tenorio, que llevaba un bolso grande con mercancía para vender en Tocumen, se molestó por la prohibición.

Tenorio explicó al personal de seguridad que es buhonero y llevaba artículos para la venta. “De esto obtengo el sustento para la familia”, dijo.

Los que más sufrieron ayer fueron los adultos mayores, que solicitaron la instalación de bancas para esperar los autobuses, pues no pueden permanecer mucho tiempo de pie. Además, pidieron que las filas para abordar los buses de los corredores Norte y Sur sean individuales. Actualmente, hay filas donde se mezclan hasta tres rutas diferentes.

La Secretaría de Metas de la Presidencia, en conjunto con la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), había informado a los medios de comunicación –en un recorrido previo a la inauguración– que la zona paga de El Marañón contaría con tres elevadores para ayudar a las personas con movilidad reducida.

Sin embargo, una adulta mayor, que salió de su cita médica en la policlínica Manuel María Ferrer, debió ser asistida por personal de la empresa Mi Bus para subir y bajar más de 45 escalones.

Quienes también sufren las carencias son los trabajadores de la empresa Mi Bus, que orientan a los clientes. Varios de ellos señalaron que no tienen baños, por lo que deben usar los de los comercios cercanos al lugar.

Pero no todo fue malo. A pesar de las denuncias, los usuarios vieron con satisfacción la presencia de miembros de la Policía, la facilidad de recarga de tarjetas las 24 horas y que había personal para orientar a las personas.

La representante de los usuarios en la junta directiva de la ATTT, Lucía Perea, señaló que hace falta que Mi Bus invierta más recursos en campañas de divulgación sobre el sistema.

Para José Antonio Domínguez, exministro de Obras Públicas las quejas son evidencia “de las improvisaciones del Gobierno”.

Dijo que “le parece absurdo inaugurar algo incompleto”. Resaltó que se han invertido millones de dólares en construir las zonas pagas y estas no tienen las especificaciones básicas para personas con discapacidad, como las rampas.

El contrato de construcción de esta zona paga y cinco más, así como de 64 paradas típicas fue dado a la empresa Conalvías por un monto de $35 millones.

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