LA MISIÓN DE COMPARTIR CON LOS DEMÁS

Las anécdotas de Germán

Un hombre que llegó a una comunidad apartada por un requisito formativo, siente ahora el compromiso de ayudar a los más necesitados.

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Germán Alberto Alonso tiene una apretada agenda por estos días de diciembre, con las citas de clientes de alto perfil y el acostumbrado ajetreo de fin de año. Germán Alberto Alonso tiene una apretada agenda por estos días de diciembre, con las citas de clientes de alto perfil y el acostumbrado ajetreo de fin de año.

Germán Alberto Alonso tiene una apretada agenda por estos días de diciembre, con las citas de clientes de alto perfil y el acostumbrado ajetreo de fin de año. Foto por: Ana Rentería

Decidió ser estilista desde que era un estudiante de bachiller. Decidió ser estilista desde que era un estudiante de bachiller.

Decidió ser estilista desde que era un estudiante de bachiller. Foto por: Ana Rentería

Es víspera de Navidad. El salón de belleza está lleno de clientas que desde temprano en la mañana están entrando y saliendo del local, afanadas por terminar de arreglarse para la cena familiar de Noche Buena.

Avanza la jornada y siguen llegando más usuarias que, sentadas, esperan su turno por un servicio de belleza que tiene la fama de ser muy bueno.

Y de pronto aparece Germán Alberto Alonso, el estilista de gafas y semblante afable que se ha ganado la paciencia de todas las damas que aguardan por la calidad de sus peinados.

Pero detrás de su faceta como estilista, Germán Alberto, como le llaman aquellos que lo conocen, tiene más de 15 años llevando regalos y algo de felicidad a la comunidad de Las Gaitas de Capira.

La iniciativa tiene lugar todos los años y empezó como una manda por la salud de su hija, pero se ha convertido en una forma de recibir el nuevo año junto a familias que tardan a veces hasta dos días en bajar de las montañas de la zona, ansiosas por las viandas y obsequios que Germán Alberto logra recolectar para ellos.

Las vueltas de la vida

Germán Alberto creció en el barrio de San Felipe. “Vivía en una casa de madera. Éramos seis hermanos, mi mamá y mi papá”, comparte.

Junto a ellos estaban los demás vecinos de las casas de tablas, personas con las que creció llamándoles “primos hermanos”. Es gente a la que hasta el día de hoy aprecia como tal.

Cuando tenía ocho años, se mudaron a Las Acacias, en Juan Díaz, para “ hacer vida nueva”, dice.

Terminó los estudios de bachiller en ciencias en 1990 en el Colegio José Antonio Remón Cantera, pero desde entonces sabía que lo que quería era ser estilista. Su padre no estaba de acuerdo con la idea.

Recuerda que tenía vecinas mucho mayores que él que le pedían que les arreglara el cabello para ir a los quinceaños. Y él atendía los pedidos de inmediato. Era su momento de brillar.

“Era fanático del Miss Venezuela y recuerdo un peinado que había salido que era un ‘recogido’. Hacía lo que sea, con lo que sea que tenía, pero lo hacía [el peinado] y una vez hasta usé un alambre para hacer el mismo peinado”, rememora.

Mientras Germán Alberto comparte sus anécdotas, entran al salón en varias ocasiones otros estilistas solicitando su ayuda, sus consejos. Él, con una sonrisa, les dice que pronto los ayudará, pero que está ocupado en este preciso momento.

Estudió hotelería y turismo en lo que hoy se conoce como Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh) y se graduó en 1992.

Durante su último año de clases, una profesora llevó a toda la promoción a hacer servicio social a Las Gaitas de Capira, una comunidad que se encuentra entrando por El Espino de La Chorrera.

“Eran comunidades de difícil acceso, donde se entraba con ‘carro de gallinero’, que es como le decían a los vehículos 4x4”, cuenta.

De esa primera experiencia con Las Gaitas, Germán Alberto mantiene en su memoria el camino de cuatro horas hacia adentro, en una carretera malísima donde se les dañó el carro y tuvieron que caminar por hora y media cuesta arriba.

Cuando llegaron a la comunidad, notaron de inmediato la realidad de lugar. No había luz ni agua potable. Tenían una capilla o un solar que imitaba una iglesia.

Y él conectó tanto con las familias del lugar que decidió volver el siguiente año, esta vez, convocando a su familia y amigos para que apoyaran en lo que fuera necesario.

Por esos años nació su hija, Génesis Denise Alonso, que a los dos meses su madre se la dejó“encargada”, dice sonriendo.

Desde temprana edad, Génesis sufrió de asma, una situación difícil, pero que logró superar. Fue allí cuando Germán Alberto pidió por la salud de su pequeña prometiendo ayudar a los demás.

Su hija hoy tiene 19 años y está estudiando psicología en la universidad.

Ahora Germán Alberto tiene más de 15 años llevando ayuda a la comunidad de Las Gaitas.

Cuando fue por primera vez a aquella comunidad, había 75 niños repartidos entre 25 familias. En el presente son 450 niños de unas 85 a 90 familias que vienen todos los años a la fiesta.

Él reúne las propinas que recibe durante todo el año para poder correr con los gastos de la fiesta anual, que esta vez se realizará el 10 de enero próximo.

En esta actividad a la que acude gran parte de la comunidad, él procura llevar piñatas con golosinas, dulces, helado, arroz con pollo o sancocho, además de canastas con frutas.

“Cuando me preguntan qué pueden donar para la fiesta en Las Gaitas, siempre digo que las piñatas con pastillas incluidas, son un acierto para los niños”, acota.

Desde aquella primera vez que fue al sitio a principios de la década de 1990, el camino ha mejorado.

Dice que ahora el lugar cuenta con agua potable, luz eléctrica y hasta una granja sostenible en la que se produce pixbae, plátano, piña y culantro que venden en los supermercados, dice un Alberto orgulloso, que se siente parte del avance de la comunidad.

Agrega que Las Gaitas aún tiene una escuela multigrado, con una maestra que da clases de kínder hasta sexto grado y que el busito que entra y sale de la zona cobra seis dólares por viaje, haciendo difícil la movilización de muchas personas cuyos recursos siguen siendo escasos.

OTRAS Anécdotas

En 1999, Germán Alberto viajó a Nueva York, Estados Unidos, para especializarse como estilista con cursos y seminarios en el Hair Institute en la Quinta Avenida de Manhattan. Vivía en Sprinfield Boulevard, recuerda.

Tenía pasaje para volver el 13 de septiembre de 2001 a Panamá y aprovechó los días que le restaban en la ciudad para comprar recuerdos y ver de cerca lo que le hacía falta. Y entre esos destinos estaban las torres gemelas. Allí se tomó unas fotos el 10 de septiembre.

Se le rompe la voz mientras evoca lo sucedido.

Al día siguiente, 11 de septiembre de 2001, había madrugado para preparar un desayuno panameño y tenía pensado regresar cerca de las torres para recoger las fotos que se había tomado el día anterior.

De pronto recibió la noticia de que un avión se había estrellado con una de las torres. “Pensé que no era posible que el piloto no hubiera visto las torres, pero jamás se me cruzó por el pensamiento que se trataba de terrorismo”.

Y cuando escuchó que se había estrellado el segundo avión, entendió que no era un accidente, sino un atentado.

No tenía cómo comunicarse con su familia que lo esperaba dentro de un par de días en Panamá.

“Quería llamar a mi mamá pero estaba en shock. Las llamadas telefónicas no salían...”.

Mientras los policías indicaban a las personas dónde ir para alejarse del peligro, Alberto fue testigo de los cuerpos que caían de las alturas en llamas.

Finalmente encontró una cabina telefónica y pudo decir a su familia que se encontraba bien.

“Lo siento como si todavía fuera ayer. Ese día [cada 11 de septiembre] evito ver televisión”, dice mientras se limpia los anteojos.

Germán Alberto pudo viajar a finales de septiembre. Luego tuvo que volver a Nueva York, pero en ese ir y venir no dejó de organizar la fiesta en Las Gaitas de Capira para cumplir con su misión, con más fervor que nunca.

OTROS DATOS

EDUCACIÓN

Se graduó de bachiller en ciencias en el Colegio José Antonio Remón Cantera. En 1992 terminó una licenciatura de hotelería y turismo y en 2001 terminó unos cursos de belleza en Hair International en Nueva York, Estados Unidos.

Vida Laboral

Trabajó en la peluquería unisex Anabel en Calidonia por 10 años. Fue coordinador de los salones de belleza de El Machetazo y desde hace tres años y medio trabaja como estilista y maquillista para Lupe’s Gold.

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