teatro amador

Una apuesta por la cultura

Tres DJ se arriesgaron a rescatar un inmueble deteriorado del Casco Antiguo, para convertirlo en el espacio cultural e innovador que es hoy.
Una de las actividades organizadas por Teatro Amador es Tedx, una noche dedicada a charlas sobre variados temas, entre ellos tecnología, entretenimiento y diseño. CORTESÍA/Teatro Amador. Una de las actividades organizadas por Teatro Amador es Tedx, una noche dedicada a charlas sobre variados temas, entre ellos tecnología, entretenimiento y diseño. CORTESÍA/Teatro Amador.
Una de las actividades organizadas por Teatro Amador es Tedx, una noche dedicada a charlas sobre variados temas, entre ellos tecnología, entretenimiento y diseño. CORTESÍA/Teatro Amador.

Desde que tenía 14 años, Omar Ynzenga era DJ de música electrónica. Empezó a organizar festivales musicales: primero nacionales, luego internacionales.

De pronto, comenzó a soñar con crear una “plataforma” en Panamá para artistas de todo tipo. En 2012 se asoció con los hermanos Kevin y Lloyd Keene, ambos también DJ, quienes operaban un bar con música en vivo, llamado Villa Agustina, en el Casco Antiguo.

La familia Ynzenga era propietaria de un viejo e histórico inmueble. Omar y sus amigos decidieron entonces que esa era la estructura adecuada para unir a los artistas y cambiar la vida nocturna y cultural del barrio.

etapas de teatro amador

El inmueble no era otro que Teatro Amador. En mayo cumplió un año operando bajo la guía de los tres DJ.

“Económicamente funciona. Aunque no nos haremos ricos, podemos hacer eventos en los que creemos profundamente y con los que podemos educar, mientras nos aseguramos de mantenernos vibrando y con ilusión”, dice Ynzenga.

Restaurar el Teatro Amador, acomodarlo a las exigencias del grupo, era una apuesta arriesgada. El inmueble, que solía ser un cine, estaba en condiciones lamentables. Su ubicación era en una calle peligrosa.

El antiguo Teatro Amador abrió sus puertas en 1912 como un cine mudo, con violinistas y otros músicos que alegraban el lugar. La sala pasó por diferentes etapas.

Con la llegada del cine sonoro se fueron los músicos. En la entrada se podía comprar raspado y empanadas de carne.

Los jueves eran los días de mayor afluencia de público, por el “banco noche”: al finalizar la película se realizaba una lotería y se premiaba –con dinero en efectivo– a tres ganadores.

Con los años, terminó presentando películas pornográficas. Por último, fue abandonado a su suerte.

su restauración

La fachada de Teatro Amador también cambió con el paso del tiempo, hasta adoptar una propia de los años 50 de Nueva York, con paredes de calicanto y acero.

En uno de los apartamentos superiores vivió el expresidente Arnulfo Arias Madrid.

El edificio fue vendido hace siete años por Conservatorio, S.A. a la familia Ynzenga. El precio pactado fue “razonable”, con la condición de convertir lo que quedaba de Teatro Amador en un espacio cultural y dedicado a las artes.

KC Harding, cofundador y presidente de Conservatorio, S.A., estaba consciente que convertir el inmueble en un edificio de apartamentos o un hotel hubiese sido más rentable. Cree que un museo o algo cultural agrega valor a todo lo que lo rodea, lo que beneficiaría el futuro de todo el Casco.

En 2012 inició el proceso para restaurar y recuperar el dilapidado inmueble.

Se comenzó a ver movimiento: estacionamientos siempre ocupados por grandes camiones y construcciones andando. El arquitecto responsable de la restauración es Octavio Cuellar.

Los vecinos comentaban que el viejo cine reabriría sus puertas, esta vez con un propósito diferente.

Ni uno de los socios sabía en qué se estaban metiendo, pero con ilusión y fe apostaron por lo que los apasionaba. Artistas innovadores y espectadores podrían compartir, bajo un solo techo, sentimientos, ideas y creaciones, nunca antes expresadas en Panamá. Jazz, rock en vivo, danza, fotografía, electrónica y cuenta cuentos.

teatro recobra vida

Cualquier viernes por la noche es usual encontrar a amigos que se reúnen para escuchar música electrónica.

A medianoche, la fila es usualmente extensa. La calle no se siente peligrosa. Al frente de teatro alguien escribió un grafiti. “Bórrame a besos”, dice. Los foquitos de luz que guidan de un edificio a otro alegran la calle. La taquilla recuerda a películas y musicales de los años 40 y 50. Es de caoba con ventanales y una cúpula de cobre.

Por dentro, Teatro Amador es un espacio digno de las grandes ciudades. Es bastante espacioso y cuenta con una pantalla inmensa, un techo alto y un bar iluminado a la derecha.

En el segundo piso hay un bar y balcones para observar casi todo lo que ocurre en la planta baja.

“Era imposible hacer de Teatro Amador algo más [que no fuese cultural], porque era una injusticia hacia el país”, contó Ynzenga. Tiene razón.

La idea que originalmente parecía riesgosa, es hoy un éxito.

Teatro Amador sin duda es una expresión viva de lo que ocurre alrededor del Casco Antiguo.

Nuevas generaciones están llegando, atraídas por el nacionalismo. Se escucha música de artistas locales, se toma cervezas artesanales y se cocina con productos puramente panameños.

Antes, como cuenta Omar, se miraba mucho hacia fuera como referente para conocer lo que era la buena música y el verdadero talento.

Hoy eso ha cambiado. Teatro Amador invita a la unión y al sentimiento de ser panameño, a través del arte y la cultura.

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