MANEJO DE DESECHOS EN EL PAÍS

´La basura es como el oleaje del mar´

En una galera del relleno sanitario de cerro Patacón 300 personas escarban en la basura para buscar el sustento con qué alimentar a mil 500 hijos.
Hurgando en la basura, en la galera de Urbalia S.A. trabajan a diario 300 personas. En promedio, cada una de ellas debe alimentar a cinco hijos. LA PRENSA/David Mesa. Hurgando en la basura, en la galera de Urbalia S.A. trabajan a diario 300 personas. En promedio, cada una de ellas debe alimentar a cinco hijos. LA PRENSA/David Mesa.
Hurgando en la basura, en la galera de Urbalia S.A. trabajan a diario 300 personas. En promedio, cada una de ellas debe alimentar a cinco hijos. LA PRENSA/David Mesa.

Como cuando los niños esperan las pastillas de una piñata, un grupo de siete hombres rodea un inmenso camión de basura en la galera de segregación de Urbalia S.A., la empresa administradora del relleno sanitario de cerro Patacón.

Diariamente, bajo esta estructura de mil 800 metros cuadrados, ubicada a cinco minutos del estadio Rod Carew, 50 mujeres y 250 hombres se sumergen en los despojos de una ciudad que genera cada 24 horas 800 toneladas de basura, equivalentes al peso de 10 mil hombres de 176 libras.

El lugar produce un olor fétido. Y pese a semejante ambiente, la mayoría de las personas que trabaja en este sitio luce de buen humor o concentrada en lo suyo.

Anastacio Mosquera es uno de los veteranos del oficio de recoger, separar y clasificar desechos.

“Trabajaba en los Scouts, pero desde 1981 me he dedicado a esto de los dumps (basureros). Comencé buscando papel en la antigua Canal Zone (Zona del Canal) y así fue como pude levantar a mi familia”, cuenta este hombre que lleva chaqueta militar y con un inglés que sería apreciado en alguno de los call centers de la ciudad.

A su lado está Luis Carlos Orobio, padre de seis hijos y quien a diario viaja 25 minutos en autobús desde su casa en Torrijos-Carter, San Miguelito, para poder llegar a la galera.

Con un leve aliento a alcohol, este hombre de 42 años pide a las empresas privadas y al Gobierno que los ayuden a conformar un equipo de fútbol con los trabajadores de la galera.

“Aquí hay buenos pelaos que pueden triunfar”, argumenta Orobio mientras observa cómo un perro flaco y lleno de pulgas lucha para alejar moscas de su hocico.

Son las 9:45 a.m. y por las fosas nasales ahora entra un olor dulzón fermentado. Por el flanco izquierdo hay restos de comida para animales. Por el derecho, montañas de papel que los trabajadores han apilado en los dos turnos en los que funciona esta galera: de 7:00 a.m. a 3:00 p.m. y de 11:00 p.m. a 7:00 a.m.

La trabajadora social de Urbalia, Vielka de Pérez, cuenta que de noche es cuando llegan más camiones a la galera.

“Las personas que trabajan aquí lo hacen de manera independiente sin seguro social. Entre todos hemos contabilizado que tienen mil 500 hijos”, explica.

Diariamente son 50 los camiones que descargan basura en esta galera provenientes de diferentes puntos de esta ciudad habitada por un millón y medio de almas. El resto de los vehículos, unos 450 cada 34 horas, va a descargar directamente al relleno sanitario de Patacón.

En medio del olor que a veces distrae el pensamiento, la representante de Urbalia pide la colaboración del Gobierno para mejorar la calidad de vida de estos pepenadores.

Cinco años atrás, cuando la empresa Urbaser Plotosa administraba este relleno sanitario, sobre una montaña de basura acumulada durante los últimos 28 años, vivían, comían, soñaban y trabajaban mil recicladores entre los que había 187 niños.

Esta compañía comenzó en 2008 a alejar a estas personas del relleno sanitario y confinarlas a la galera. Esta labor fue continuada por Urbalia, que administra Patacón desde 2011 cuando Urbaser Plotosa confrontó problemas financieros.

Pese al cambio de administración, de Pérez se mantuvo en su cargo e impulsó la construcción de un pequeño quiosco a unos 10 metros de la galera donde los pepenadores desayunan, almuerzan y cenan.

LO QUE SE BUSCA

Alternándose los turnos de trabajo con su hijo, Amalfi Blandón tiene un lugar asignado bajo esta galera para comprar lo que los recicladores encuentran. Ella se especializa en adquirir botellas de politereftalato de etileno (PET), como el que se utiliza en botellas de agua y soda.

En un mes bueno cuenta que puede hacer unos $1,200. En cambio, en los meses malos la cifra baja a unos $800, pues compra la libra de este material en $0.05 y la vende en $0.08.

“La basura es como el oleaje del mar que a veces trae tesoros. Pero también te puedes quedar sin nada”, metaforiza esta mujer de 40 años.

Su esposo, Francisco, también trabaja a pocos metros de distancia en otro puesto. El hombre compra la libra de aluminio en $0.35 y la vende en $0.50. La de cobre la adquiere en $2 y la expende en $2.65, la de bronce la paga a $0.75 y la vende a $1.85.

El negocio resulta rentable. De hecho, según cifras de la Contraloría General de la República, solo el año pasado las diferentes empresas que operan exportando desechos en el país sacaron de Panamá mercancía valorada en $100 millones.

En la parte más baja de esta industria del reciclaje nacional está Magdaleno Rentería con un par de billetes en la mano y calzando dos chancletas de distinto tamaño.

Una gruesa capa de mugre recubre su cuerpo. Su voz se escucha maltrecha luego de pasar 30 de sus 55 años recolectando y separando basura en las inmediaciones de cerro Patacón.

Aunque dice que casi no se enferma, varias ronchas en su piel indican lo contrario. Sus manos están llenas de callos y al estrecharlas se sienten igual a las de un pescador.

Varios de sus compañeros sufren también de enfermedades respiratorias, fiebre y dermatitis, según cuenta Leonardo Labrador, médico del Ministerio de Salud que dos veces al año realiza vacunaciones en este lugar.

Mientras tanto, Militza Padilla, una fornida mujer madre de tres hijos y quien cría a dos niños de una hermana fallecida, es la persona a cargo de la seguridad de la galera.

“Aquí todos somos como hermanos. Una gran familia, pues. Aunque a veces peleamos por las cosas que encontramos, al final nosotros y nuestros hijos vivimos de los tesoros que encontramos en la basura”, agrega con la voz de una directora de escuela.

AAUD esquiva reciclar

Mientras  el sábado  pasado  los pepenadores que trabajan en la galera de Urbalia S.A.  conformaban el Movimiento Nacional de Recicladores de Panamá,  para mejorar la calidad de vida de sus agremiados, en  la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD)   aún no tienen como prioridad el tema del reciclaje. Pese a que en Panamá esta industria produce $100 millones al año y que la institución pública desde 2011 ha manejado un total de $155 millones, Enrique Ho, director de la AAUD, opina que  esa entidad no puede pensar en fomentar el reciclaje.

“Nuestro enfoque en estos  momentos es estabilizar el tema de la frecuencia de la recolección de los desechos.  Cuando se hagan  cosas básicas como desechar la basura en bolsas especiales y no en cartuchos de supermercados, entonces podemos empezar a clasificarla.  De este punto a reciclar estamos bastantes lejos”, aseguró.

ÁNGEL LÓPEZ GUÍA

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