Población rural disminuye proporcionalmente

El campo es solo un recuerdo

Cuando Aracelis Chérigo de 26 años de edad decidió mudarse de su casa de barro en Tucué, provincia de Coclé, hacia la ciudad de Panamá, una de sus principales metas era lograr utilizar una computadora.

“Yo no quería terminar como mis amigas, que con 20 años ya tenían tres hijos. Allá todavía no hay electricidad en pleno 2013 y ni siquiera se puede ver televisión. Yo quería estudiar y allá no hay nada que hacer”, cuenta Chérigo mientras hace una pausa en la peluquería donde ahora labora.

Hace seis años en el país vivían 771 mil mayores de 15 años que como Aracelis habitaban en las áreas rurales, lo que representaba el 33% de los adultos panameños.

Hoy, según la última contabilización de la Contraloría General de la República, los habitantes de las regiones rurales solo representan el 30% de la población nacional, ya que suman 805 mil adultos de los 2.6 millones de mayores de 15 años que viven en Panamá.

Estas estadísticas son distintas a las que se registraban en 1980 cuando la mitad de la población vivía en áreas rurales, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (ver gráfica).

En estos años, cientos de campesinos, pescadores e indígenas han llegado a las áreas urbanas buscando un futuro mejor.

Dentro de esas zonas, de acuerdo con la clasificación actual, se encuentran localidades que tienen más de mil 500 habitantes y cuentan con electricidad, acueducto público, sistema de alcantarillado y calles pavimentadas. Por eso no solo hablamos de la ciudad capital sino también ciudades como Colón, David, Changuinola y Santiago.

Mientras la población rural se reducía en tres puntos porcentuales desde 2007, en la ciudad en cambio la situación es distinta.

Las estadísticas oficiales indican que entre esos años, la población de adultos en las áreas urbanas se incrementó en 313 mil personas, que juntos ahora suman un millón 853 mil mayores de 15 años.

Esta disparidad en el crecimiento se debe a que Panamá sigue siendo un país centralizado, explica la socióloga Rubiela Sánchez.

“Son muy escasos los programas y proyectos públicos para retener a las personas en sus pueblos natales. Los jóvenes emigran del campo porque en la ciudad es más fácil combinar trabajo con estudios y se consiguen mejores ofertas de empleo”, añade.

Bien lo sabe Juan Pérez Archibold, quien debió salir de la comarca Guna Yala para ir a El Salvador y así trabajar ahora como consultor especialista en desarrollo con identidad y emprendimiento indígena.

“Fundamentalmente el traslado de los guna a la ciudad se debe a una estrategia familiar. De mejorar las condiciones de vida y pagar las deudas que adquieren. Como muestra existen 10 empresas familiares que se dedican a la transferencia de dinero hacia la comunidad de Ustupu”, agrega.

Cifras oficiales indican que entre los años 2007 y 2012 en las áreas urbanas se crearon 237 mil nuevos empleos, mientras que en las rurales estos solo aumentaron en 27 mil nuevas plazas.

Este crecimiento se acentúa más en los hombres. Por cada uno que consiguió insertarse en el mercado laboral en el campo (6 mil 810), 19 lograron hacerlo en la ciudad (127 mil).

Esta disparidad entre el crecimiento entre las áreas rurales y urbanas también la experimentan las mujeres, ya que por cada nuevo empleo ocupado en el campo (20 mil), 6 de sus congéneres consiguieron en la ciudad (110 mil).

Adiós campo

Las causas de esta migración a la ciudad son multifactoriales. Por ejemplo, Josefina Martínez, junto a sus tres hijos decidió abandonar su natal pueblo de El Mosquitero, en Coclé, debido a que no tenía electricidad y la carretera se volvía intransitable en época de lluvia.

Ahora limpiando una oficina en Penonomé explica que sus hijos pueden ir al bachillerato y tienen agua potable cada vez que abren el grifo.

Martínez se puede considerar privilegiada por tener el líquido todos los días, sobre todo si se toma en cuenta que 290 mil panameños aún no tienen el servicio de agua potable, según el portal gubernamental NuestraAguaPanamá.com.

Esta misma fuente recuerda además que aún hoy a un millón de panameños el agua les llega solo de manera interrumpida.

Por ello la directora del Consejo Nacional de Desarrollo Sostenible, Danna Harrick, explica que en la actualidad esa institución invierte conjuntamente con el Ministerio de Salud $48 millones en mejorar mil 470 acueductos rurales.

Además, durante el último Censo Nacional de Población del año 2010 se reveló que el 9% de las viviendas del país (81 mil) tenía piso de tierra, lo que incrementa la posibilidad de contraer enfermedades respiratorias, parásitos, anemias y diarrea.

Para disminuir este índice, el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial ha invertido cerca de $17 millones, para colocarle piso de cemento y techo a 3 mil viviendas en todo el país.

Sin embargo, el problema se agrava al tomar en cuenta que todavía en 49 mil hogares no hay servicios sanitarios, por lo que sus habitantes destinan sus excretas fisiológicas en el monte, las quebradas o el mar.

Precisión

Una de las consecuencias que trae la continuación de la migración hacia las ciudades es la presión en los recursos naturales como el agua el aire y el suelo.

“Existen los asentamientos ilegales en áreas de riesgo de deslizamientos e inundaciones. En esos sitios no existen normalmente servicios básicos y se acumula la contaminación por desechos sólidos y líquidos que afectan cuerpos de agua y el entorno donde viven las personas”, indica Alida Spadafora, directora ejecutiva de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza.

La migración a la ciudad, también implica el traslado de la pobreza hacia las áreas urbanas.

En esta materia, la economista Aracelly De León señala que en muchos casos las personas que se han criado en un ambiente rural buscan en la ciudad “un espejismo donde todo parece mejor” y terminan viviendo en iguales condiciones, pero en áreas urbanas.

Una de estas comunidades es Guna Nega, ubicada a menos de 100 metros del relleno sanitario de Cerro Patacón, en donde niños y adultos presentan cuantiosos casos de dermatitis y enfermedades respiratorias por vivir y trabajar cerca de la basura.

De continuar la reducción de la población rural, indica José Luis Ford, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, el país podría tener una desventaja competitiva en cuanto al tratado de promoción comercial (TPC) con Estados Unidos.

Esto tomando en cuenta que dentro de los productos de exportación nacionales está principalmente los agrícolas.

Las soluciones

Para mejorar los índices de empleo en las áreas rurales, la asesora regional de ONU Mujeres para el Empoderamiento Económico de las Mujeres, Elizabeth Villagómez, señala que el Estado debe promover la diversificación “típicamente rurales” para frenar el éxodo hacia las ciudades.

Villagómez cita como ejemplo el desarrollo de la agricultura ecológica o la generación de energía a través de tecnologías renovables además del desarrollo de industrias alrededor de los productos rurales como el envasado de frutas o la manufactura de alimentos procesados.

También un estudio del Banco Mundial, llamado Sector Turístico en Panamá, realizado por los investigadores Irina Klytchnikova y Paul Dorosh, recomienda el desarrollo del turismo en áreas rurales para incrementar los ingresos de estas zonas.

“Esto puede ser una nueva fuente para obtener ingresos y reducir significativamente la pobreza en esas zonas. Un 8% de los habitantes de Panamá vive en zonas indígenas, pero el 90% de los habitantes de esas áreas vive en extrema pobreza”, agrega el documento.

ENFOQUE

Empleo local es urbano y no inclusivo

René Quevedo*

panorama@prensa.com

OPINión. El crecimiento en el empleo nacional es un proceso urbano no inclusivo, focalizado en una población madura con niveles de escolaridad superiores a 11 años. Este muestra síntomas de agotamiento y alienación social, evidenciados en la explosión del pandillerismo en las ciudades y el aumento de la población penitenciaria.

Paralelo, la tasa de generación de empleo juvenil ha disminuido. Muchos jóvenes dejan los campos buscando mejores perspectivas laborales. Esto plantea un reto para el éxito de iniciativas estratégicas comerciales como el TPC y las identificadas en un Informe del Banco Mundial sobre el futuro de la empleomanía panameña como agroindustria, turismo y logística. Esta disminución de oportunidades a nivel rural hace a los jóvenes vulnerables a la marginalidad e incursión en actividades delictivas. Es preciso reversar los patrones de inserción laboral hacia un modelo más balanceado, creando condiciones para que los jóvenes se queden en los campos y desarrollen sus comunidades, a través del fomento de la educación, la autogestión y acceso a financiamiento.

*Consultor de reinserción y autogestión sostenible

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