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El casco antiguo en el pasar del tiempo

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El casco antiguo en el pasar del tiempo

El Casco Antiguo de Panamá es un hermoso y fiel recuerdo del tiempo.LA El Casco Antiguo de Panamá es un hermoso y fiel recuerdo del tiempo.LA

El Casco Antiguo de Panamá es un hermoso y fiel recuerdo del tiempo.LA Foto por: Alexander Arosemena

Ilustración del pirata inglés Henry Morgan.LA Ilustración del pirata inglés Henry Morgan.LA

Ilustración del pirata inglés Henry Morgan.LA Foto por: Archivo

Detalle de un dibujo de la ciudad de Panamá la Vieja en llamas, con vista de viviendas, un taller y las Casas Reales. Tomado del libro ‘La ciudad imaginada’ de Alfredo Castillero. Detalle de un dibujo de la ciudad de Panamá la Vieja en llamas, con vista de viviendas, un taller y las Casas Reales. Tomado del libro ‘La ciudad imaginada’ de Alfredo Castillero.

Detalle de un dibujo de la ciudad de Panamá la Vieja en llamas, con vista de viviendas, un taller y las Casas Reales. Tomado del libro ‘La ciudad imaginada’ de Alfredo Castillero.

Casas Reales de Panamá la Vieja en 1591. Casas Reales de Panamá la Vieja en 1591.

Casas Reales de Panamá la Vieja en 1591.

Trazado preliminar de la ciudad de Panamá en 1672. Trazado preliminar de la ciudad de Panamá en 1672.

Trazado preliminar de la ciudad de Panamá en 1672.

Hace 342 años se fundó la nueva ciudad de Panamá–hoy Casco Antiguo– después de que el pirata Henry Morgan atacara la anterior (Panamá La Vieja), como parte de los enfrentamientos entre españoles e ingleses. En 1673 se construyó una ciudad amurallada para evitar nuevos asaltos, pero fue víctima de varios incendios que la destruyeron parcialmente. Lo que hoy es el Casco Antiguo data esencialmente de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. De las intervenciones más fuertes que se han hecho en los últimos años destacan la plaza de Francia y su obelisco (en la foto), que se hizo entre 1921 y 1922 sobre la plaza de armas del Cuartel de Chiriquí y la cinta costera tres entre 2011 y 2014 con un viaducto marino, que puso en peligro el valor universal del sitio como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Los inicios de la nueva ciudad

Antes de que el Casco Antiguo de la ciudad fuera fundado en 1673, se tuvo que hacer una evaluación posterior a la destrucción de Panamá la Vieja por el pirata inglés Henry Morgan.

LA CONQUISTA

De acuerdo con los apuntes históricos, una vez se confirmó la existencia de Sudamérica y del istmo centroamericano, varias expediciones exploratorias y de conquista hacia ambas regiones partieron desde el istmo. En especial, la de Francisco Pizarro hacia Perú.

El rango de Panamá como el principal asentamiento europeo de la región quedó asegurado con la creación de una Real Audiencia en 1538, la cual subsistió hasta 1751, ya trasladada a la nueva ciudad.

Panamá también se convirtió en un importante centro eclesiástico, y las principales órdenes religiosas tenían sus sedes aquí. Esto explica los siete conventos que hubo tanto en Panamá la Vieja como en la nueva.

Como en otros centros del mundo colonial, estos conjuntos conventuales ocupaban una porción significativa del mejor suelo urbano.

Lo que más favoreció el desarrollo de Panamá fue la ruta comercial transístmica que se conformó en el siglo XVI cuando la ciudad se tornó pieza clave en el reglamentado sistema de flotas que vinculaba el Virreinato de Perú con la ciudad.

Desde nuestro territorio se podía viajar de dos maneras al puerto atlántico del istmo, que inicialmente fue Nombre de Dios y después, Portobelo.

Una de las rutas conducía por el Camino de Cruces hasta Gamboa, a unos 30 kilómetros de Panamá. Se bajaba por el río Chagres hasta el castillo de San Lorenzo, cuyos vestigios se pueden visitar hoy.

Una vez allí se navegaba bordeando la costa hasta Nombre de Dios o Portobelo. La otra ruta era el camino Real, vía terrestre.

LAS FERIAS

En el puerto atlántico, en especial en Portobelo, se celebraban grandes ferias comerciales, cuyo máximo auge se dio en el siglo XVII.

Estas ferias favorecían la economía de la ciudad de Panamá. Sin embargo, cuando la ciudad quedó devastada ya no estaba en condiciones para recibir a los comerciantes y sus mercancías.

LA MUDANZA

No se conoce con exactitud la distribución original de los solares de la nueva Panamá, pero es muy probable que se adjudicaran según las condiciones que existían en Panamá Viejo.

Hay testimonios que afirman que se dibujó un plano que sirvió de base para el lote. Algunos estudiosos piensan que el mapa de 1688 es un reflejo exacto de la situación original, aunque otros señalan que esta imagen es más bien genérica.

Por esta razón fue imperativo mudar la ciudad, adonde se encuentra en la actualidad, no solo por el fuego y el nivel de destrucción por los piratas, sino porque estaba construida en un sitio vulnerable a cualquier otro ataque.

LA MURALLA

En el recinto amurallado, un gran solar tenía tres lumbres de frente, situación que aparentemente también era similar en Panamá la Vieja. Igualmente había solares más anchos: en San Felipe existen casas coloniales de siete lumbres de frente, que en su tiempo eran consideradas enormes y ostentosas.

Por las dimensiones de las manzanas, las profundidades de los solares oscilaban entre los 20 y 40 metros. En este sentido, un solar de tres lumbres de frente en San Felipe tenía en promedio unos 350 m2. Estas dimensiones eran modestas si se comparan con los solares de la élite en Cartagena o La Habana.

MUERTE Y POBREZA

Unas 4 mil personas murieron tras la destrucción de la antigua ciudad a causa del ataque, y luego la peste y la hambruna, un panorama descrito como una “mortandad sin precedentes en la historia de la ciudad”.

Los inmuebles de las congregaciones religiosas e iglesias quedaron reducidos a chozas.

El panorama fue descrito a la Corona Española por Miguel Francisco de Marichalar, alcalde de Lima.

España tenía la firme idea de la reconstrucción de la ciudad y, sobre todo, convertirla en un bastión militar. Para contribuir con la causa del rescate, se procedió a la realización de la feria en Portobelo, con la flota de Diego de Ibarra en 1672.

El propósito era ofrecer un halo de esperanza a las víctimas con la posibilidad de una recuperación económica de la mano del transporte y el comercio. Y así fue, la feria constituyó un respiro y se recobró la ilusión.

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